Las primeras señales aparecieron en los hospitales públicos en 2017. En el IMSS comenzaron a nacer menos bebés. En el ISSSTE, también. Y las cifras no descendieron poco a poco. Cayeron en picada.
En el ISSSTE, los nacimientos pasaron de 36 mil 52 en 2017 a 18 mil 691 en 2025. Son 17 mil 361 bebés menos en ocho años: una caída de 48.2 por ciento.
En el IMSS, la historia no es distinta. Los nacimientos pasaron de 425 mil 516 a 271 mil 955. Más de 153 mil nacimientos menos: una reducción superior a 36 por ciento en ocho años, de acuerdo con una investigación de datos realizada por MILENIO y Martín Szyszlican, de Abrimos.info.
Después aparecieron otras señales. En las estancias infantiles del ISSSTE también hay menos niñas y niños: la atención cayó 27 por ciento.
Y entonces apareció un dato que obliga a mirar el fenómeno más allá de las salas de parto.
La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi muestra que la tasa de fecundidad en México pasó de 1.9 a 1.2 hijos por mujer en apenas cinco años. Una caída de 36.8 por ciento.
La velocidad del descenso comienza a inquietar a quienes llevan años estudiando la demografía mexicana.
Porque México no solamente está teniendo menos hijos. Los está dejando de tener más rápido.
La Ciudad de México registra la fecundidad más baja del país, según la Encuesta Intercensal, con apenas 0.8 hijos por mujer.
Y frente a esta velocidad aparece una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva, pero que los demógrafos comienzan a plantearse: ¿La pandemia de covid-19 pudo ser un punto de inflexión y acelerar esta baja?
No se trata de afirmar que el covid provocó la caída de la natalidad, porque esa responde a múltiples factores que se han ido documentando: precarización de la economía, el no acceso a la vivienda, mayor educación en las mujeres, deseo de la autorrealización, la postergación de la maternidad, la falta de corresponsabilidad en los cuidados por parte de la pareja y las propias decisiones de las mujeres sobre si quieren —o no— tener hijos.
Pero hay una hipótesis que comienza a cobrar relevancia y que merece ser investigada: la pandemia pudo haber dejado una huella en la manera en que una generación entiende el riesgo, la enfermedad, la muerte y el futuro.
Víctor Manuel García Guerrero, demógrafo e investigador de El Colegio de México, lo planteaba con cautela antes de conocer los resultados de la Encuesta Intercensal: “No sé si sea un efecto post-covid”.
La red de cuidadores, la red familiar también se vio trastocada en la pandemia que creó un estrés en la población.
Y justamente ahí está la pregunta. Porque la pandemia no solamente dejó millones de personas enfermas y una crisis sanitaria sin precedentes. También alteró la vida cotidiana.
Cambió la manera de trabajar, de relacionarnos y, sobre todo, de cuidar.
Para Nathaly Llanes, investigadora de El Colegio de México, el covid pudo haber marcado un punto de inflexión. Durante la pandemia, explica, las mujeres cargaron de manera abrumadora con las tareas de cuidado.
Pero pudo haber ocurrido algo más profundo: un cambio en la manera de entender la vida y el riesgo.
Hubo encierro y duelo. Incertidumbre económica y jornadas interminables de cuidados no remunerados.
“Desde un cierto punto de vista –esta baja de natalidad– también es un logro, en el cual, si la población se siente incierta ante el futuro próximo, tiene la capacidad de decidir”, concluye Víctor García, en entrevista con MILENIO.
Pero, sobre todo, hubo una generación que chocó de frente contra la fragilidad de la vida.
José Antonio Pérez Islas, investigador y coordinador del estudio Jóvenes en México 2026, encontró precisamente esas dos preocupaciones entre los jóvenes. La enfermedad. La muerte.
Preocupaciones que, de acuerdo con su experiencia al comparar distintas generaciones, no aparecían anteriormente.
“Son fundamentalmente hijos de la pandemia”, explica.
Covid los enfrentó demasiado pronto con la fragilidad de la vida. Pero no fue el único miedo que expresaron los jóvenes. También está la inseguridad.
El temor de caminar por la calle. De salir de casa. De no sentirse seguros fuera del hogar. Y, para algunos, tampoco dentro de él.
Una generación que creció viendo la enfermedad, la muerte y la violencia de cerca también está construyendo su idea de futuro.
Será hasta 2028 que los demógrafos logren cruzar los datos y con certeza puedan explicar si la pandemia por covid aceleró la baja de la natalidad en México.
LG