Hay olores que no cambian en el corazón de Guadalajara. El de las hierbas que prometen sanar el cuerpo, el de las flores amontonadas junto a los puestos de comida, el del incienso que sube por los corredores angostos. En el Mercado Corona, a una cuadra de la Presidencia Municipal, las estampas de la Santa Muerte y las escaleras eléctricas comparten piso sin prejuicios.
Con más tiempo operando que el mercado San Juan de Dios
El mercado es viejo, más viejo que casi todo lo que lo rodea. Como recuerda el cronista y tapatiólogo, Juan José Doñán, fue el primer mercado que se estableció en Guadalajara, más antiguo incluso que el de San Juan de Dios. Se alzó sobre las ruinas de un antiguo hospital que el ayuntamiento compró en 1800, cuando la ciudad necesitaba abastecerse mejor de productos, en especial agrícolas.
El recorrido histórico del comercio, las prácticas sociales y la identidad que se tejieron alrededor del inmueble, lo reconstruye la investigadora Laura Adriana Rueda Ruvalcaba en el libro que la Universidad de Guadalajara (UdeG) y la Secretaría de Cultura dedicaron al Corona. El volumen se titula Mercado Corona y el abasto de la ciudad de Guadalajara. Una historia del comercio, de las prácticas sociales y la identidad social.
En 1888, el gobernador Ramón Corona lo mandó construir para dar orden al comercio del centro. No alcanzó a verlo. Lo asesinaron antes de la inauguración, ocurrida el 15 de septiembre de 1891 y, en su honor, el ayuntamiento le puso su apellido. Aquel primer edificio fue una joya neoclásica, coronada por una cúpula que encendían vitrales italianos. Su esplendor duró poco.
El datoLos incendios en el Mercado Corona
El Corona ha ardido una y otra vez, en 1910, en 1919, en 1929, en 1953 y, ya en este siglo, en 2014.
El mercado que muchos recuerdan y que el fuego se llevó
La versión que muchos tapatíos guardan en la memoria fue la de los años sesenta, de arcos y pasillos anchos, obra del arquitecto Julio de la Peña. Ahí cabían las florerías, las fondas, los puestos de semillas y de antojitos que le dieron alma al centro. Sobre la avenida Hidalgo, entre Santa Mónica y Zaragoza, en poco más de mil 600 metros cuadrados, se apretaban también las frutas de temporada, las artesanías, los artículos para fiestas.
Tanta gente venía que las calles de alrededor terminaron por llenarse de comercios. Esa memoria también ardió. El último fuego, en 2014, consumió cerca del 90 por ciento del inmueble y obligó a demolerlo para levantarlo de nuevo.
El Corona que hoy se recorre reabrió entre 2015 y 2016, primero de forma parcial y luego por completo, tras un concurso de reconstrucción en el que participaron 39 despachos locales. El edificio actual tiene cinco niveles y cerca de 580 locales. A su estructura se suman elevadores, escaleras eléctricas, estacionamiento, paneles solares, un área gastronómica, la terraza Alma Jalisco e incluso un Registro Civil. Quedó conectado con la Plaza Guadalajara y con la Línea 3 del Tren Ligero.
Bajo su techo hay puestos de alimentos, carnicerías, flores, ropa, hierbas y artículos esotéricos, los giros que han acompañado al mercado durante generaciones. Con más de 130 años de historia, este recinto sigue siendo uno de los puntos de abasto tradicionales más concurridos del Centro Histórico de Guadalajara. Esa permanencia, sin embargo, no borra el desgaste.
El inmueble arrastra un historial de deterioros acumulados y reconstrucciones tras los incendios de 2001 y 2022. En el estacionamiento y zonas inferiores, las filtraciones de agua han carcomido techos y abierto grietas de forma recurrente, mientras que varios elevadores y escaleras eléctricas han presentado fallas o periodos prolongados fuera de servicio. A la par del deterioro físico, diversos locatarios sostienen que las remodelaciones no terminaron de adaptarse a las necesidades reales de sus comercios.
SRN