M+.- En una de las zonas más altas de Toluca sobrevive un gigante de más de 300 años. Sus ramas han comenzado a tocar el suelo, ha padecido plagas y durante generaciones una familia se ha encargado de cuidarlo. Pero el viejo árbol sigue creciendo.
Hace apenas unas semanas, una tomografía permitió detectar nuevos crecimientos en sus ramas. Para los especialistas que llevan seis años estudiándolo, la conclusión es alentadora: el árbol de las manitas todavía tiene vida por delante.
Pero no es el único.
Entre el concreto, el tráfico y el cambiante clima de esta ciudad sobreviven alrededor de 30 ejemplares del _Chiranthodendron pentadactylon_, mejor conocido como árbol de las manitas, una especie amenazada que ha encontrado en la capital del Estado de México un refugio excepcional.
No es un árbol cualquiera. Tiene enorme valor científico, histórico y cultural y su flor roja tiene la extraordinaria forma de una mano abierta.
Hay árboles en parques, jardines, camellones, glorietas y planteles educativos. En entrevista para MILENIO, Miguel Ángel González Colín, delegado en el Estado de México de la Asociación Mexicana de Arboricultura, señala que ninguna otra ciudad concentra tantos ejemplares de esta especie dentro de una zona urbana.
“Toluca es la ciudad con mayor número de árboles de las manitas en zonas urbanas en el mundo. Podemos considerar que el árbol se adaptó ya a este clima; viene de uno un poco más caliente, pero con el cambio climático que ahora tenemos, Toluca ya no está tan fría como hace 40 o 50 años”, explicó.
Una flor que parece una mano
Su nombre científico es _Chiranthodendron pentadactylon_, aunque desde tiempos antiguos también es conocido como macpalxóchitl, palabra de origen náhuatl asociada con la forma de su flor.
Basta observarla para entender por qué. La flor, de intenso color rojo y sin pétalos aparentes, posee cinco estambres alargados cuya disposición recuerda una pequeña mano abierta con cinco dedos.
De ahí surgió el nombre con el que generaciones de toluqueños la conocen: árbol de las manitas.
Su presencia se ha integrado de tal manera a la identidad de la capital mexiquense que incluso existen calles que llevan su nombre.
Pero detrás de su apariencia singular también existe una tradición medicinal.
Desde tiempos prehispánicos se han atribuido a la flor de la manita propiedades para tratar distintos padecimientos, entre ellos afecciones de los ojos y hemorroides. Uno de sus usos tradicionales más conocidos está relacionado con malestares cardiacos.
De los jardines de los gobernantes mexicas a Toluca
La historia del árbol se remonta mucho más atrás. González Colín refiere que la especie es originaria de los bosques mesófilos de montaña de Oaxaca y Guerrero y que llegó al centro del actual territorio mexicano durante los gobiernos de los emperadores mexicas Nezahualcóyotl y Moctezuma.
Su traslado habría estado relacionado con los grandes jardines de los gobernantes prehispánicos, a los que llegaban plantas y animales procedentes de diferentes regiones.
“En 1460, mandaron a traer estas especies, no únicamente el árbol de las manitas, sino las magnolias y otras especies preciosas, además de animales con hermosos plumajes que adornaban los jardines y las casas de los reyes”, relató.
De acuerdo con el investigador, a Toluca habría llegado hace más de 300 años transportado por tamemes, cargadores que recorrían grandes distancias llevando mercancías, materiales y ofrendas.
Siglos después, aquel árbol terminaría llamando la atención de algunos de los naturalistas más importantes de su época.
El árbol que atrajo a los científicos
Para el siglo XVIII, el ejemplar de Toluca ya despertaba curiosidad.
“Se decía que era el único árbol que había en el mundo, y fue tanta la fama que hubo expediciones de Martín Sessé y José Mariano Mociño, que fueron los primeros en conocerlo por allá de 1787, y entonces se volvió famoso”, explicó González Colín.
En 1795 se realizó una de las primeras descripciones botánicas de la especie.
Años después, en 1803, el naturalista y explorador Alexander von Humboldt conoció el ejemplar durante su paso por México. Su historia quedó desde entonces vinculada a las expediciones científicas que buscaban documentar la riqueza natural del territorio.
“Por esa razón, el árbol ubicado en Toluca es un árbol notable por su valor científico y patrimonial y por sus visitantes”, señaló el especialista.
Científicos lograron multiplicarlo
La supervivencia del árbol de las manitas en Toluca no ha dependido únicamente de la naturaleza.
Durante la década de los noventa, investigadores de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) estudiaron sus semillas y recurrieron a técnicas de propagación para contribuir a la conservación de la especie.
Algunos de aquellos árboles tienen actualmente más de 30 años y ya alcanzaron la madurez suficiente para florecer.
“Este árbol fue propagado por la técnica de cultivo de tejido en los años 90 y ahora tiene más de 30 años. Algunos tienen ya una madurez muy importante porque producen flores; están ubicados en el plantel Adolfo López Mateos y también en el plantel Nezahualcóyotl (de la UAEMéx), en el Museo Leopoldo Flores y otro en la Facultad de Turismo”, detalló.
El esfuerzo ayudó a extender una especie cuya presencia continúa siendo reducida.
En todo el Estado de México, de acuerdo con González Colín, se tiene registro de por lo menos 75 árboles de las manitas, distribuidos tanto en espacios públicos como en propiedades privadas, incluida la región de Texcoco.
Quince años para ver una mano
Cultivar uno no es un ejercicio para impacientes. Los especialistas explican que pueden pasar alrededor de 15 años antes de que aparezcan sus primeras flores.
Solo entonces surgen esas pequeñas manos rojas que distinguen a la especie.
Uno de los ejemplares más importantes permanece en Lomas Altas, Toluca. Durante varias generaciones ha sido cuidado por la familia Colín Santos y actualmente está reconocido por su valor notable y patrimonial.
Se calcula que tiene más de tres siglos de vida. Durante los últimos seis años ha sido sometido a distintos cuidados y estudios para conocer el estado de sus raíces, combatir plagas y determinar su capacidad de supervivencia.
“Nosotros llevamos seis años trabajando, le hemos dado un manejo adecuado, hemos buscado la forma de controlar la plaga que tiene, hemos estudiado las raíces del árbol a través de una espada de aire o programas de fumigaciones”, explicó González Colín.
La revisión más reciente llevó los estudios todavía más lejos.
“Hace apenas dos semanas tuvimos la oportunidad de realizar un estudio que se llama tomografía. Esto nos revela datos interesantes. Algunas de las ramas del árbol ya llegaron al suelo; sin embargo, hay crecimientos que nos permiten informar que el árbol está nuevamente reaccionando a las condiciones climáticas, lo que quiere decir que este árbol va a vivir”, aseguró.
Tres siglos mirando pasar Toluca
Desde el 5 de junio de 2024, el ejemplar está reconocido como árbol notable y patrimonial de Toluca, una declaratoria que busca protegerlo y reconoce tanto su importancia científica como su peso histórico y cultural.
“Fue declarado como árbol notable por su valor científico, por su majestuosidad y longevidad, y patrimonial por sus visitantes distinguidos”, explicó González Colín.
Por su historia han pasado científicos, naturalistas y artistas. Entre los personajes vinculados con el ejemplar se encuentran Alexander von Humboldt y el botánico mexicano Maximino Martínez.
Sus características también llamaron la atención del arte. José María Velasco, uno de los grandes paisajistas mexicanos, plasmó esta especie en su obra, incorporándola al imaginario natural del país.
Así, mientras Toluca creció a su alrededor, aquel árbol permaneció en pie.
Una reliquia que todavía tiene futuro
Ahora el reto consiste en impedir que esa historia termine con esta generación.
El próximo 5 de octubre se realizará el Segundo Foro del Árbol de las Manitas, donde serán presentadas investigaciones sobre la especie y, particularmente, sobre el ejemplar notable y patrimonial de Toluca.
También se contempla entregar la primera colecta científica de la especie al Herbario Nacional y reconocer a investigadores que han dedicado parte de su trabajo a estudiarla y reproducirla.
Para González Colín, la concentración de estos árboles representa también una responsabilidad para Toluca.
“Ahora nos toca a esta generación conservarlos, darles un manejo adecuado; además, hay que difundir que es un árbol notable, tiene un alto valor científico y está amenazado de extinción. Que la gente lo conozca, que pueda conocer la belleza de sus flores y también la majestuosidad de su copa”.
Después de más de tres siglos, el ejemplar más antiguo continúa ahí.
Ha sobrevivido al crecimiento de Toluca, a sus inviernos, a las plagas y a la transformación de la ciudad. Y ahora, entre ramas que ya alcanzan el suelo, los científicos encontraron nuevos brotes.
El viejo árbol de las manitas todavía no termina su historia.
kr
