Durante los primeros meses de vida, el intestino de un bebé está formando una comunidad de bacterias que puede influir en su desarrollo. En ese proceso también aparecen genes que permiten a algunas bacterias resistir los antibióticos, incluso cuando el pequeño no ha tomado estos medicamentos. ¿Qué papel puede tener la leche materna en este proceso?
Una investigación liderada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) encontró que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna presentan una menor abundancia y diversidad de genes de resistencia a los antibióticos en su intestino. El hallazgo apunta a determinados componentes de la leche humana como posibles participantes en este proceso.
¿Qué tiene la leche materna que podría influir?
La respuesta está en los oligosacáridos de la leche humana (HMO), un grupo de moléculas complejas que el bebé no digiere directamente. En lugar de funcionar como un nutriente convencional, actúan como alimento para determinadas bacterias intestinales, favoreciendo el crecimiento de microorganismos beneficiosos.
Los HMO son el tercer componente más abundante de la leche materna y su cantidad y composición pueden cambiar durante la lactancia y variar entre madres.
El estudio, publicado en Cell Reports Medicine, identificó una relación entre estos compuestos bioactivos y la composición del llamado resistoma intestinal, es decir, el conjunto de genes de resistencia antimicrobiana presentes en las bacterias del intestino.
¿Qué encontraron en los bebés?
Para investigar esta relación, el equipo analizó muestras fecales de 57 bebés de un mes de edad, pertenecientes a una cohorte española en la que madres y bebés son seguidos hasta los seis años. También estudiaron muestras de leche de las madres.
Los resultados fueron posteriormente validados con información de una cohorte de Países Bajos que incluyó a 199 lactantes.
El análisis mostró que tanto el tipo de parto como la alimentación estaban relacionados con diferencias en el resistoma. Los bebés nacidos por cesárea presentaron diferencias en la diversidad de genes de resistencia frente a los nacidos por parto vaginal.
Por otro lado, la lactancia materna exclusiva se relacionó con una menor abundancia y diversidad de estos genes.
¿Qué relación tienen las bacterias intestinales?
La investigación también encontró diferencias relacionadas con el llamado estado secretor de las madres, una característica genética vinculada con el gen FUT2 que influye en la composición de los HMO de la leche.
Los bebés alimentados con leche de madres secretoras presentaron una mayor presencia de bacterias beneficiosas del género Bifidobacterium. Estos microorganismos pueden utilizar los HMO como fuente de energía y están asociados con un desarrollo saludable de la microbiota intestinal.
De acuerdo con los investigadores, los HMO pueden actuar como moduladores de la microbiota al favorecer determinadas bacterias y limitar la expansión de otras que portan ciertos genes de resistencia.
¿Esto significa que la leche materna evita la resistencia a antibióticos?
No. El estudio no demuestra que la leche materna elimine la resistencia a los antibióticos ni que prevenga infecciones resistentes.
Lo que identifica es una asociación entre la lactancia materna exclusiva, determinados componentes de la leche y la composición del resistoma intestinal.
Los investigadores señalan que todavía hacen falta estudios longitudinales más amplios para comprender mejor estos mecanismos y determinar hasta qué punto se puede intervenir sobre ellos.
El hallazgo aporta una nueva pieza para entender cómo la alimentación durante los primeros meses de vida puede influir en la microbiota intestinal y en la aparición temprana de genes relacionados con la resistencia antimicrobiana.
Con información de EFE / JCM