Un hombre de 21 años mantuvo el VIH en remisión durante 14 meses después de suspender de manera supervisada el tratamiento antirretroviral, tras recibir un trasplante de células madre para tratar una leucemia mieloide aguda indiferenciada.
Durante ese periodo no presentó rebote viral: la carga del VIH permaneció por debajo del límite de detección de 20 copias por mililitro y tampoco se identificaron ADN proviral intacto ni virus capaz de replicarse en las muestras de sangre analizadas, de acuerdo con el estudio 12533 que será presentado en la Conferencia Internacional sobre el Sida, AIDS 2026.
Caso no clasifica como una curación definitiva
El caso fue denominado “paciente de Kansas City” y representa una remisión sostenida, pero los investigadores todavía no lo clasifican como una curación definitiva.
El seguimiento continuará para determinar si persiste algún reservorio del VIH que no haya sido detectado mediante las pruebas realizadas.
“Es emocionante ver a otra persona sumarse al grupo de quienes han logrado una remisión sostenida del VIH sin tratamiento antirretroviral”, destacó Beatriz Grinsztejn, presidenta de la Sociedad Internacional de Sida y copresidenta internacional de AIDS 2026, durante una conferencia informativa para medios.
Grinsztejn advirtió que estos trasplantes “son procedimientos de alto riesgo para tratar cánceres potencialmente mortales, no curas del VIH aplicables a gran escala”. Sin embargo, señaló que estos casos aportan información relevante para avanzar hacia estrategias de curación más seguras y accesibles.
El paciente recibió en octubre de 2020 un trasplante alogénico de células madre hematopoyéticas procedentes de una mujer no emparentada, compatible en los 10 marcadores analizados del sistema HLA y portadora de dos copias de la mutación CCR5 delta 32.
Esta alteración genética evita la expresión funcional del correceptor CCR5, una de las principales puertas que utiliza el VIH para ingresar en las células del sistema inmunitario.
Las pruebas realizadas antes del trasplante indicaron que el virus del paciente utilizaba precisamente esa vía de entrada, conocida como tropismo R5.
Antes de iniciar el tratamiento antirretroviral, en 2018, presentaba una carga viral de 2 millones 30 mil copias por mililitro y había alcanzado un nivel mínimo de 23 células T CD4 por microlitro, equivalente a 4 por ciento.
El trasplante se efectuó después de un acondicionamiento mieloablativo con busulfán y ciclofosfamida, un procedimiento destinado a destruir las células de la médula ósea antes de introducir las células de la donante.
Posteriormente alcanzó un quimerismo completo, es decir, sus células sanguíneas fueron sustituidas por las procedentes de la donante, y la leucemia entró en remisión.
Las dificultades del procedimiento
El procedimiento tuvo complicaciones. El paciente presentó funcionamiento deficiente del injerto, por lo que recibió un refuerzo de células madre CD34 positivas, así como enfermedad aguda de injerto contra huésped de grado uno en el aparato gastrointestinal, tratada con esteroides.
Después del trasplante, los investigadores dejaron de detectar la expresión del correceptor CCR5 en las células sanguíneas. En febrero de 2025, el paciente inició una interrupción analítica del tratamiento, realizada bajo supervisión médica y con mediciones de la carga viral y de las células T CD4 cada dos semanas.
“Cuando se presentó este estudio de última hora, llevaba 14 meses sin tratamiento antirretroviral, sin rebote viral y sin VIH intacto detectable en la sangre”, explicó Grinsztejn.
Las pruebas para medir posibles reservorios virales se realizaron cuatro veces después del trasplante, incluidas dos ocasiones posteriores a la suspensión del tratamiento.
No se detectaron ADN proviral intacto ni virus competente para la replicación en células mononucleares de sangre periférica obtenidas mediante leucaféresis.
Los análisis tampoco detectaron medicamentos antirretrovirales durante los 14 meses de seguimiento, aunque el protocolo permitió el uso ocasional de profilaxis preexposición oral y el participante la utilizó una vez.
A pesar de la ausencia de rebote viral, continuaron siendo detectables los anticuerpos específicos contra el VIH y las respuestas de las células T frente a las proteínas virales Gag y Env, tanto antes como después de la interrupción del tratamiento.
Este hallazgo indica que el sistema inmunitario conserva señales de exposición al virus, pero no demuestra por sí mismo que el VIH continúe activo o reproduciéndose.
“Reportamos una remisión del VIH-1 sostenida durante 14 meses después de la interrupción analítica del tratamiento”, concluyeron los autores, encabezados por Waleed El Atrouni, del Centro Médico de la Universidad de Kansas.
El estudio fue desarrollado por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Kansas, KCCare Health Center, Mayo Clinic y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
Los especialistas subrayaron que el trasplante no representa una opción para la mayoría de las personas con VIH debido a su toxicidad, sus posibles complicaciones graves y el riesgo de muerte.
En este caso, se llevó a cabo para tratar una leucemia potencialmente mortal y no como terapia ordinaria contra el VIH.
AH