Ciencia y Salud
  • Hacia 2028: El reloj volcánico de Colima avanza mientras el cambio climático borra las nevadas

El Sur de Jalisco vive entre dos polos opuestos que mantienen alerta a la población (Foto: Cortesía)

El Volcán de Fuego y el Nevado de Colima, a menudo confundidos como una sola entidad, representan las dos caras de un mismo sistema geológico

El Volcán de Fuego y el Nevado de Colima se levantan como dos gigantes naturales en el sur de Jalisco, imponentes, silenciosos y aparentemente inmóviles. Sin embargo, bajo su apariencia serena existe una intensa actividad científica, ambiental y de protección civil que busca comprender, vigilar y mitigar los riesgos naturales propios de una de las regiones geológicamente más activas del occidente del país.

El Volcán de Fuego de Colima, considerado uno de los más activos de México, atraviesa actualmente un periodo de calma que especialistas definen como “dormido”, pero no inactivo.

“No hay actividad que nos lleve a pensar en un aumento de alerta. Es un volcán que está muy monitoreado las 24 horas del día, los siete días de la semana, durante todo el año”, indicó Carlos Suárez Plascencia, del Área de Investigación Científica de la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos Jalisco.

Sin embargo, los ciclos de alta actividad volcánica se repiten cada 100 años. Con base en su último episodio mayor, la ciencia estima que el despertar podría iniciarse hacia 2028.

“Estadísticamente se habla de una posible reactivación en los próximos años, pero eso no significa que vaya a ocurrir de manera inmediata. Hoy contamos con tecnología y vigilancia que no existían hace más de un siglo”, puntualizó.

Mientras que el Nevado de Colima recibió este enero su primera nevada del año, un fenómeno cada vez menos frecuente y menos abundante que contrasta con los inviernos de décadas pasadas.

El Volcán de Fuego y el Nevado de Colima, a menudo confundidos como una sola entidad, representan las dos caras de un mismo sistema geológico: una, la fuerza activa y vigilada; la otra, el testigo antiguo de un clima que cambia. Mientras el primero guarda un silencio precario que precede a su ciclo eruptivo cada siglo, el segundo ve desaparecer su manto blanco, víctima de un invierno menos frío.

Ambos escenarios colocan a la región en un punto de reflexión: la naturaleza sigue hablando, pero lo hace de manera distinta.

¿Por qué son dos? La explicación en las capas de la tierra

La coexistencia de un volcán activo y uno extinto tan cerca es un ejemplo práctico y claro de la evolución volcánica.

Hace cientos de miles de años, la actividad eruptiva se localizó donde hoy está el Nevado. Tras construir un cono masivo, la actividad cesó por completo y el volcán se declaró extinto.

Posteriormente, el centro de actividad migró unos kilómetros al sur, naciendo así el Volcán de Fuego, que se convirtió en el conducto activo actual del sistema. Geológicamente, es un volcán joven y dinámico.

Volcán de fuego: un silencio que no es eterno

Aunque hasta ahora no presenta exhalaciones, explosiones ni emisiones significativas, el Volcán de Fuego se mantiene bajo monitoreo permanente. Para los especialistas, su aparente tranquilidad forma parte de un ciclo natural que, lejos de tranquilizar por completo, obliga a reforzar la vigilancia.

Director


Carlos Suárez Plascencia, del Área de Investigación Científica de la Unidad Estatal de Protección Civil Jalisco, explicó que el sistema volcánico Nevado–Volcán de Fuego funciona por etapas.

“Este volcán no está apagado. Está en un periodo de reposo relativo. Históricamente, los ciclos de actividad fuerte ocurren aproximadamente cada 100 años, y si tomamos como referencia su última gran etapa eruptiva, los modelos apuntan a que alrededor del año 2028 podría iniciar un nuevo proceso de reactivación”, señaló.

El especialista aclaró que hablar de un “despertar” no significa una erupción inmediata, sino un incremento gradual en la actividad, que puede manifestarse primero con sismos volcánicos, emisión de gases o deformación del edificio volcánico.

“Hoy tenemos la ventaja de contar con tecnología que nos permite ver lo que antes era invisible. Cualquier cambio, por mínimo que sea, se detecta”, subrayó.

El Plan Operativo Volcán de Colima se encuentra activo y en constante actualización, contemplando rutas de evacuación, zonas de riesgo y protocolos de comunicación con la población de Jalisco y Colima.

El sur de Jalisco vive así entre dos fuerzas opuestas: el hielo que ya no es como antes y el fuego que, tarde o temprano, volverá a manifestarse
Las nevadas no son tan frecuentes como antes debido al cambio climático (Foto: Cortesía)

La memoria de fuego: cuando el volcán cambió la vida de los municipios cercanos

Aunque hoy el Volcán de Fuego de Colima permanece en calma, su historia reciente sigue viva en la memoria de los municipios que se asientan a su alrededor.

Localidades como Tonila, Zapotlán el Grande, Zapotiltic y Tuxpan, entre otras del sur de Jalisco, vivieron durante su última etapa eruptiva algunos de los episodios más incómodos y angustiantes de su historia reciente.

Durante aquellos años, el coloso dejó claro que su silencio nunca es definitivo. Las erupciones de lava, visibles incluso a kilómetros de distancia, iluminaban el cielo nocturno y eran acompañadas de estruendos que sacudían ventanas y despertaban a la población en plena madrugada. Para muchos habitantes, el sonido seco y profundo del volcán se convirtió en una presencia constante, difícil de ignorar.

La ceniza volcánica fue otro de los elementos más persistentes.

Día tras día, las calles, los automóviles, los techos y los patios amanecían cubiertos por una fina capa gris, obligando a barrer, lavar y limpiar de manera continua.

No era solo una molestia visual: la ceniza provocaba irritación en ojos y nariz, dificultades para respirar y obligaba al uso permanente de cubrebocas, mucho antes de que se volvieran parte de la vida cotidiana.

El sur de Jalisco vive así entre dos fuerzas opuestas: el hielo que ya no es como antes y el fuego que, tarde o temprano, volverá a manifestarse
Dos gigantes: uno se enfría cada vez menos; el otro se calienta lentamente en su interior (Foto: Cortesía)

Los primeros mensajes del subsuelo

Aunque no hay señales directas de reactivación volcánica, la región presenta una actividad sísmica constante, propia de una zona tectónicamente activa.

Gabriel Reyes Alfaro, encargado del monitoreo sísmico, indicó que diariamente se registran decenas de microsismos en la zona sur de Jalisco.

“Son movimientos pequeños, imperceptibles, pero nos permiten entender cómo se está comportando la corteza terrestre. No todos los sismos están relacionados con el volcán, pero forman parte del mismo sistema geológico”, explicó.

Los especialistas enfatizan que estos movimientos no representan un riesgo inmediato, pero sí forman parte de los indicadores que se analizan rumbo a los próximos años, conforme el volcán se acerque a un nuevo ciclo.

Nevado de Colima: la primera noche blanca de la temporada

En contraste con el volcán, el Nevado de Colima sí dio señales visibles al iniciar 2026.

La tarde del 16 de enero se registró la primera nevada del año, producto de la combinación de bajas temperaturas, humedad elevada y el ingreso de un frente frío.

Sin embargo, las autoridades coinciden en que ya no se trata de las nevadas copiosas de antaño.

“Desde hace al menos diez años, las nevadas han sido cada vez menos abundantes. Antes se acumulaban capas importantes de nieve durante varios días; hoy hablamos de eventos más breves y con menor espesor”, explicó Boris Vladimir Gómez González, de Protección Civil Jalisco.

Las temperaturas mínimas registradas rondaron los cero grados centígrados, suficientes para la precipitación sólida, pero no para generar una acumulación prolongada. Aun así, el fenómeno atrajo a cientos de visitantes, lo que obligó a activar el Operativo Montaña Blanca para evitar accidentes.

Especialistas atribuyen este cambio a los efectos del cambio climático, que ha modificado los patrones de frío en las zonas de alta montaña.

“Hoy tenemos inviernos más cálidos. Las condiciones extremas se presentan menos tiempo y eso reduce la posibilidad de nevadas continuas”, señaló Gómez González.

Este comportamiento impacta no solo al paisaje, sino también al ecosistema del parque y a especies que dependen de temperaturas bajas para sobrevivir.

El sur de Jalisco vive así entre dos fuerzas opuestas: el hielo que ya no es como antes y el fuego que, tarde o temprano, volverá a manifestarse
La tarde del 16 de enero se registró la primera nevada del año, sin embargo, en menor medida que las anteriores (Foto: Cortesía)

Laboratorio natural del cambio climático

Daniel Graff, director de Recursos Naturales de Semadet, explicó que el Nevado de Colima es un laboratorio natural del cambio climático.

“El pino de alta montaña necesita frío constante. Al reducirse las nevadas y aumentar la temperatura, se vuelve más vulnerable a plagas y enfermedades. Aun así, el parque sigue siendo un refugio clave de biodiversidad”, indicó.

Además, recordó que el Nevado cumple una función vital como fábrica natural de agua, recargando acuíferos que abastecen a comunidades enteras del sur de Jalisco y Colima.

Mientras el Nevado de Colima lucha por conservar su manto blanco y el Volcán de Fuego guarda silencio, la ciencia observa, mide y se prepara. Uno se enfría cada vez menos; el otro se calienta lentamente en su interior.

El sur de Jalisco vive así entre dos fuerzas opuestas: el hielo que ya no es como antes y el fuego que, tarde o temprano, volverá a manifestarse.

JVO

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.