Con el uso de las redes sociales, nuestras mentes se han entrenado para recibir información cada vez más rápido y que no nos haga perder tanto tiempo.
Esto ha convertido a la paciencia en uno de los objetivos más deseados no sólo de influencers, medios de comunicación o empresas, también de una y uno mismo. Y lo notamos, por ejemplo, cuando nos damos cuenta que no podemos ver un TikTok mayor a 30 segundos sin caer en la desesperación (o sea, dar swipe o acelerar la velocidad a 1.5x o 2x para terminarlo más rápido).
Por supuesto, restaurar la virtud de la paciencia no es tan sencillo como decir “Sé paciente”. En su lugar, una revisión de estudios de la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews propone la opción de “retrasar el paso del tiempo” (o más bien, la percepción de él) a través de una de las técnicas más comunes de la meditación: el mindfulness.
Mindfulness para “detener el tiempo”
Su traducción literal es “atención plena” o “consciencia plena”, y su definición va de la mano con ella: la capacidad de poder estar en el presente y de “recordarnos” estar en el presente. O como lo explicó la psicóloga, Alejandra Ortigoza, a MILENIO:
“Regresar nuestra focalización de la atención a lo que está sucediendo en este momento: (...) identificar mis sentidos y mi respiración u observar con atención los objetos que están aquí y ahora sin juicios ni etiquetas”.
Según expuso el artículo de la revista científica, diversas investigaciones señalan que esta habilidad parece cambiar la percepción del tiempo de la persona (a nivel semanal y mensual), haciéndola mucho más lenta en comparación con la que tenía antes de poner en práctica el mindfulness.
Este cambio de la percepción fue más evidente en personas que hicieron ejercicios de meditación autoguiados —y las cuales tenían experiencia meditativa moderada. Esto porque mantiene a la mente menos dispersa, más presente y menos forzada; permitiendo a la persona tener menos sobrecarga, percibir cada instante con más detalle, y enfocarse mejor en lo que ocurre en el “hoy”.
La buena noticia es que no es necesario acudir a clases para entrenar esta habilidad. De acuerdo con Ortigoza, el mindfulness se puede poner en práctica con algo tan básico como atender la respiración, escuchar música, leer o incluso lavar trastes. Al final, todas estas acciones promueven la focalización de los sentidos en el presente y, por ende, “disfrutar de la presencia”.
“Quizás al principio vaya a costar un poquito de trabajo, pero después lo iremos trabajando. (...) Entonces el mindfulness nos puede hacer más fácil acceder a esa calma y entrenarnos para dirigir nuestra atención de forma deliberada hacia lo que queremos”, explicó.
El debate del mindfulness: ¿un medio o el objetivo?
Aunque algunas investigaciones demuestran que el mindfulness sí influye en la percepción del paso del tiempo, la realidad es que este campo no ha sido lo suficientemente explorado; lo cual genera otras hipótesis respecto a la relación entre el mindfulness y la paciencia. Por ejemplo, la que se expone en el artículo The Role of Mindfulness in Daily Experiences of Patience and Impatience de la Universidad de California:
“Ponerlo en práctica, aunque sea en el corto plazo, puede ser más eficaz para preparar el terreno para la paciencia, que para promoverla directamente”.
En el estudio se demostró que la “consciencia plena” mejoró la paciencia en general de las personas encuestadas, además de ayudarles a sentirse menos impacientes ante frustraciones puntuales (como llegar tarde a un compromiso). Esto debido la doble función que identificaron del mindfulness:
- Reduce el sentimiento desagradable de la desesperación.
- Disminuye las conductas impulsivas y disruptivas que suelen acompañar la impaciencia. Tales como interrumpir, reaccionar de forma brusca o tomar decisiones apresuradas.
Tres puntos básicos para hacer mindfulness
1. Detenerse
Es decir, desvincularse de pensamientos y conductas que hacemos en automático; y las cuales, de hecho, solemos detener únicamente por causas de fuerza mayor como una enfermedad, perder el metro de regreso o una intensa lluvia.
Por ejemplo, detener unos segundos nuestro caminar al trabajo, quitarnos los audífonos y apreciar el amanecer, ver cómo la lluvia hace más grande un charco o poner atención al semblante de los transeúntes o a los stickers con los que algunas personas adornan sus automóviles.
De hecho, ni siquiera es necesario detener por completo nuestro ritmo de vida, pues basta con desacelerar un poco. “Cualquier actividad hecha más lento puede ser observada con mayor detalle. (...) Nuestra atención se estabiliza cuando no estamos ‘brincando’ de un objeto a otro— cuando hay menos cosas a las que prestar atención”, se explica en el libro Mindfulness and Psychotherapy.
2. Observar
Se refiere a mirar nuestras experiencias como “observadores participantes”. Y esto implica centrar la atención en un objeto —como la respiración o cualquier experiencia sensorial. Por ejemplo, el viento pegando en nuestros rostros; al compañero cantando en la oficina
3. Regresar
Cuando nos damos cuenta que nos hemos distraido o absorto en un pensamiento, al "despertar" podemos tomar nota mental de lo que captó nuestra atención, volver suavemente la consciencia a su foco original y observar hacia dónde divaga la mente.
ASG