EL fenómeno de calentamiento natural conocido como El Niño podría volver al océano Pacífico hacia finales de este año, con una probabilidad mayor a la de un ciclo normal, de acuerdo con pronósticos de destacados meteorólogos.
Esta oscilación de corto plazo en la temperatura de los océanos —resultado de cambios en las corrientes ecuatoriales y en los patrones de viento— interactúa con los efectos de largo plazo del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) indicó esta semana que el sistema climático podría “cambiar” de dirección hacia finales del año, a medida que el reciente fenómeno de enfriamiento débil conocido como La Niña comience a desvanecerse.
El organismo estimó en 40 por ciento la probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio. Por su parte, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) calcula una probabilidad de 25 por ciento para ese mismo periodo, que aumenta a 59 por ciento entre agosto y octubre.
La fluctuación de la presión atmosférica en el Pacífico —identificada desde la década de 1920— es uno de los principales motores de la variabilidad climática anual.
El ciclo que alterna el calentamiento de El Niño con el enfriamiento de La Niña impulsa cambios atmosféricos a escala mundial y desempeña un papel clave en las trayectorias de tormentas, la actividad de huracanes y las variaciones en viento, lluvia y temperatura. Estos cambios de fase entre ambos suelen producirse cada pocos años.
El ciclo de calentamiento más reciente, registrado entre 2023 y 2024, contribuyó a elevar la temperatura promedio mundial a un nuevo récord, señaló la OMM.
En contraste, el efecto de enfriamiento de La Niña ayudó ligeramente a moderar la tendencia al alza de la temperatura. Aun así, 2025 se ubicó como el tercer año más cálido desde que existen registros.
En los últimos tres años, la temperatura media mundial superó los 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, lo que completó el periodo de 11 años más cálido registrado, de acuerdo con los científicos.
La Organización Meteorológica Mundial también anticipó temperaturas terrestres inusualmente altas para el resto del año.
No obstante, la agencia de la ONU advirtió que los pronósticos suelen ser menos confiables en esta época del año debido a la llamada “barrera de previsibilidad primaveral”.
La Oficina de Meteorología de Australia coincidió con esta advertencia y señaló que los pronósticos posteriores al otoño siguen siendo altamente inciertos.
El índice tropical
Los ciclos de El Niño y La Niña se han vuelto más extremos desde la década de 1960, y los científicos investigan si el cambio climático está alterando la forma en que se miden estos fenómenos y sus impactos.
El financiamiento para su monitoreo también ha enfrentado presiones durante el segundo mandato del presidente estadunidense Donald Trump, tras el despido de miles de empleados el año pasado. A pesar de ello, NOAA continúa publicando datos sobre los ciclos del océano Pacífico.
En febrero, la agencia adoptó un nuevo método para monitorear y pronosticar estos fenómenos. El índice “relativo” incorpora ahora las temperaturas mundiales de los océanos tropicales, en un replanteamiento que ya había sido anticipado previamente.
De acuerdo con la NOAA, es probable que las condiciones oceánicas y atmosféricas ecuatoriales se mantengan neutrales durante el verano del hemisferio norte.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, subrayó la importancia de seguir de cerca estas fluctuaciones climáticas, que influyen directamente en sectores como la agricultura, el comercio de materias primas y la gestión de desastres naturales.
“Los pronósticos estacionales de El Niño y La Niña no ayudan a evitar millones de dólares en pérdidas económicas y son herramientas esenciales de planeación para sectores sensibles al clima como la agricultura, la salud, la energía y la administración del agua”, afirmó.
MGS