México enfrenta dos desafíos en materia de seguridad transfusional: una baja participación de donantes voluntarios y el riesgo, aunque reducido, de contaminación bacteriana en componentes sanguíneos que, en casos excepcionales, ha provocado defunciones, de acuerdo con especialistas.
“Sí, aunque es muy, muy, muy bajo, se han llegado a reportar algunas defunciones por transfusión de sangre contaminada”, sostuvo Gabriel García Correa, especialista en cirugía del aparato digestivo y gerente clínico y de capacitación para México y Centroamérica en BD.
En vísperas del Día Mundial del Donante de Sangre, que se conmemora el 14 de junio, especialistas alertaron que el país mantiene una tasa de apenas 12 donantes por cada mil habitantes, tres veces menor a la registrada en España, pese a que cada año se realizan alrededor de 1.7 millones de donaciones.
“Estamos teniendo 12 donantes por cada mil habitantes. Si lo comparamos con algunos países como España que donan 40 personas por cada mil habitantes, podemos ver que aún estamos abajo de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud”, afirmó García Correa.
En conferencia de prensa también señaló que solo el ocho por ciento de las donaciones realizadas en México son altruistas, mientras que el 92 por ciento corresponde a donaciones de reposición efectuadas cuando un familiar o conocido requiere una transfusión para una cirugía, un accidente o el tratamiento de una enfermedad crónica.
“El 92 por ciento son donaciones reactivas; es decir, las personas solo acuden a donar cuando un amigo, un familiar o un conocido necesita sangre para una cirugía, un accidente o una enfermedad crónica”, explicó.
El especialista destacó, que una sola donación puede beneficiar hasta a cuatro personas debido a que la sangre es separada en distintos componentes utilizados en cirugías, emergencias médicas, tratamientos oncológicos y enfermedades crónicas.
“Cada donación puede salvar hasta cuatro vidas”, señaló.
Sangre contaminada
Aunque la transfusión sanguínea es considerada un procedimiento seguro, los especialistas advirtieron que persiste un riesgo reducido de contaminación bacteriana de algunos componentes sanguíneos, particularmente de las plaquetas.
“Aunque el procedimiento es de rutina, en los más de 500 bancos de sangre que tenemos en el país aún hay un pequeño porcentaje de que se pueden contaminar estos paquetes de sangre y sus derivados hemáticos”, explicó García Correa.
Los concentrados plaquetarios presentan un mayor riesgo debido a las condiciones de almacenamiento, agregó.
“Los concentrados plaquetarios pueden contaminarse con bacterias uno en cada 3 mil y los concentrados globulares uno en cada 30 mil”, precisó.
El especialista explicó que las unidades contaminadas son identificadas y descartadas antes de ser transfundidas, pero reconoció que ello reduce la disponibilidad de sangre para miles de pacientes.
“Si contaminamos aunque sea un porcentaje muy bajo, aún más nos restringe esta cantidad que tenemos para proporcionar a los pacientes”, indicó.
El problema tiene además un impacto económico para las instituciones de salud. “Obviamente presenta costos adicionales y sobre todo el riesgo que pudiéramos administrar sangre con alguna bacteria a algún paciente”, subrayó.
Defunciones excepcionales
García Correa explicó que los pacientes con cáncer, enfermedades hematológicas, padecimientos crónicos o sistemas inmunológicos debilitados son quienes enfrentan mayores riesgos ante una transfusión contaminada.
“Generalmente son pacientes inmunocomprometidos, donde una bacteria que pudiera ser no muy virulenta para una persona con sus defensas normales, para ellos pudiera ser algo en extremo riesgoso”, señaló.
Al ser cuestionado sobre la mortalidad asociada a estos eventos, insistió en que se trata de casos extraordinariamente raros.
“El porcentaje es extremadamente bajo de mortalidad. Si se transfunde un paquete contaminado, aproximadamente el 20 por ciento pudiera presentar una sepsis grave, que es una infección grave, y de ese grupo pudiera presentarse muerte”, explicó.
“Estamos hablando de arriba de un millón y medio o dos millones de pacientes para que pudiera ocurrir un deceso”, agregó.
Asimismo, aseguró que México se mantiene dentro de los parámetros internacionales observados para contaminación bacteriana de componentes sanguíneos.
“No estamos por encima; estamos dentro del rango. No es el uno por ciento, es menos del uno por ciento”, puntualizó.
Más de 550 bancos de sangre
Por su parte, Juan Manuel Bello López, científico e integrante del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, señaló que México cuenta con más de 550 bancos de sangre registrados y llamó a fortalecer la vigilancia microbiológica.
“Las estadísticas del Centro Nacional de la Transfusión Sanguínea registraban hace algunos años poco más de 550 bancos de sangre en el país”, indicó.
Aunque reconoció que la mayoría opera bajo la normatividad vigente, sostuvo que aún existe margen para incorporar tecnologías más avanzadas de prevención de contaminación.
“Muchos de los bancos de sangre se apegan a la normativa nacional, pero en la parte de la tecnología antiséptica todavía no hemos dado este brinco para alcanzar tecnologías como estas”, afirmó.
Uno de los señalamientos más relevantes del investigador fue que la regulación mexicana solo exige analizar microbiológicamente una pequeña proporción de las unidades recolectadas.
“La norma oficial mexicana que rige el control de calidad microbiológico de la sangre indica que solamente el uno por ciento tiene que probarse para contaminación microbiológica”, explicó.
A su juicio, el panorama podría cambiar si todas las unidades fueran sometidas a análisis.
“Si esto lo llevásemos a un testeo del cien por ciento de una donación, seguramente el escenario de contaminación se movería. Esto depende del poder estadístico del testeo”, afirmó.
Tecnología para reducir riesgos
Durante la conferencia también se presentaron tecnologías diseñadas para disminuir la contaminación bacteriana durante la extracción de sangre, entre ellas dispositivos estériles de antisepsia con clorhexidina en base de alcohol al 70 por ciento, en sistemas cerrados y de un solo uso.
García Correa explicó que la piel posee una microbiota bacteriana natural que puede convertirse en una fuente de contaminación durante la toma de muestras y la donación.
“La antisepsia cutánea es fundamental para prevenir la contaminación bacteriana de las muestras de sangre”, afirmó.
Detalló que la combinación de alcohol y clorhexidina ofrece una acción inmediata y prolongada.
“El alcohol actúa rápidamente y la clorhexidina se adhiere a la capa más externa de la piel y causa un efecto residual durante varias horas, reportado entre 48 y 72 horas o más”, explicó.
Añadió que los dispositivos estériles de aplicación única ayudan a estandarizar los procedimientos y disminuir riesgos.
“Que venga en un sistema cerrado de un solo uso y desechable es fundamental para evitar la transferencia de bacterias a los componentes sanguíneos”, señaló.
Bello López defendió la incorporación de nuevas tecnologías para fortalecer la seguridad transfusional y consideró que el costo no debe ser un obstáculo cuando está en juego la vida de los pacientes.
“Las vidas aquí no se ponen en tela de juicio en términos de costos”, sostuvo.
“Garantizar sangre segura a través de tecnologías de este tipo rebasa cualquier apreciación costo-beneficio”.
Los especialistas coincidieron en que incrementar la donación altruista, reforzar los procesos de antisepsia y ampliar la vigilancia microbiológica. Son acciones indispensables para garantizar transfusiones más seguras y preservar un mayor número de unidades aptas para uso clínico en beneficio de miles de pacientes que requieren sangre cada año.
AI