Ciencia y Salud

Enfermedades del corazón en mujeres: “Por años buscaron atención y las mandaba al psiquiatra”

1 de cada 3 mujeres morirá por enfermedad cardiovascular, superando las muertes por todos los cánceres juntos. Fallas en el diagnóstico y sesgos son parte de la tendencia, como explica Luisa Aguilera, cardióloga y fundadora de Salvando Latidos.

Una de cada tres mujeres va a morir por una enfermedad cardiovascular, lo que representa aún más muertes que las provocadas por todos los cánceres juntos; pese a ello, impera la idea de que las enfermedades del corazón son “cosa de hombres”.

Luisa Aguilera, cardióloga con alta especialidad en insuficiencia cardiaca y fundadora de Salvando Latidos, encabezó una encuesta el año pasado en Zapopan, Jalisco; “Preguntamos: ‘¿Cuál es la primera causa de muerte?’ La mayoría dijo que el infarto en hombres. En las mujeres, el 90% cree que es el cáncer de mama”, dice durante una entrevista con MILENIO.


La percepción puede parecer inocente, de no ser porque las mujeres con enfermedades cardiovasculares reciben diagnósticos y tratamientos insuficientes “debido a conceptos erróneos y a la falta de concienciación tanto entre los pacientes como entre los médicos”, como acusa la Federación Internacional del Corazón.

Las diferencias poco estudiadas

Históricamente, la cardiología ha tomado como referencia al cuerpo masculino, lo que con el tiempo dejó lagunas respecto al miocardio y salud de las mujeres.

A pesar de que se han abierto nuevas investigaciones, aún queda un largo camino. A principios de esta década, un informe del Comité de Enfermedades Cardiovasculares en Mujeres del Colegio Estadounidense de Cardiología (ACC) reportó que las mujeres siguen estando subrepresentadas en los ensayos clínicos cardiovasculares.

1 de cada 3 mujeres morirá por enfermedad cardiovascular, superando las muertes por todos los cánceres juntos.
Las mujeres son subdiagnosticadas | Cuartoscuro


“La mayoría de los estudios más importantes, con los que los cardiólogos tomamos decisiones, representan solo 20% de mujeres”, comenta la doctora Luisa.

No se puede decir que la medicina va a tientas: hay datos que dan pauta para conocer diferencias, pero el porcentaje se queda corto. “No sabemos a ciencia cierta (y con la misma potencia estadística) cómo funcionan ciertos fármacos en las mujeres en comparación con los hombres”, ejemplifica la cardióloga.

Las áreas de oportunidad respecto a las investigaciones futuras son diversas. Al día de hoy, muchas de las terapias enfocadas en tratar el cáncer de mama aumentan el riesgo de desarrollar daño vascular y cardiaco, mismo que se presenta hasta diez años después de que haya sido erradicado el cáncer.

“Muchas mujeres celebran que sobrevivieron al cáncer de mama, pero 3, 5 años después, comienzan con dificultad para respirar, cansándose fácil. Llegan conmigo a consulta y les diagnostico que su corazón ya está más grande de lo normal porque desarrollaron insuficiencia cardiaca debido a que el músculo del corazón se dañó”, lamenta Laura.

No es ansiedad, es una enfermedad del corazón: errores en el diagnóstico

Hasta hace poco, los médicos tomaban como referencia el dolor de pecho como el síntoma típico de un infarto. La sensación de opresión “como si un elefante se sentara encima” solía ser la señal más común.

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Sin embargo, el dolor de pecho no siempre es el principal síntoma de un infarto en las mujeres (es decir, puede estar o no presente).

Una revisión de 2023 reveló que, además del dolor de pecho, las mujeres que habían sufrido un infarto reportaron otros síntomas que pocas veces se consideran en la consulta, como náuseas, vómitos, mareos, indigestión, dolor en la parte superior de la espalda o abdomen, así como sudoración excesiva e inexplicable.

“En las mujeres se ha visto más que a veces el infarto se presenta como una epigastralgia o dolor en la boca del estómago, que se puede llegar a confundir con gastritis”.

La especialista recuerda que en más de una ocasión recibieron a mujeres en urgencias con un dolor en el estómago: “No importaba que fuera una señora de 60 años con diabetes, hipertensión, obesidad y colesterol alto. Todos decían: "Seguro cenó pesado".

Nadie sospechaba que en realidad la paciente se estaba infartando.

En ocasiones, las mujeres llegan sudando, con falta de aire y una sensación que, a falta de palabras, describen como angustia, signos que difícilmente se atribuyen a un ataque cardiaco.

“Lamentablemente, muchas veces les dicen que es ansiedad. Me ha tocado ver sitios en donde les dan pasiflora y las dan de alta. Ni siquiera les hacen un electrocardiograma; hasta después nos damos cuenta de que esa sensación rara era un infarto”.

Los estudios demuestran que las mujeres tardan más en ser diagnosticadas, especialmente cuando se trata de un infarto agudo al miocardio, reflejando un sesgo importante en enfermedades cardiovasculares durante las consultas.

“Yo he diagnosticado mujeres que venían de cinco o seis médicos que les decían que tenían ansiedad y que sí vivían con alguna enfermedad cardiovascular, algunas muy delicadas. Durante años habían buscado atención y todo el mundo los había mandado a psiquiatría, psicología”, dice la también directora de la Clínica de Insuficiencia Cardiaca en el Instituto Cardiovascular de Mínima Invasión (ICMI).

En palabras de la cardióloga, hay un verdadero estigma social que cargan especialmente las mujeres jóvenes cuando acuden a consulta con cardiólogos, médicos internistas y comunican su malestar “es muy raro que las estudien con la misma intensidad que si va un hombre”.

Lo que se pasa por alto en las enfermedades cardiovasculares

Si bien suele desarrollarse entre 5 y 10 años más tarde que en los hombres, las mujeres enfrentan tasas de mortalidad más altas después de un infarto debido a diferentes factores.

Al comenzar la menopausia, incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares; un efecto similar se presenta durante el embarazo, sin olvidar que existen enfermedades asociadas propiamente a las características del corazón.

A diferencia de los hombres, las mujeres pueden sufrir de enfermedad microvascular. Las arterias pequeñas que no funcionan bien no oxigenan el corazón, originando dolor. A menudo, el malestar es desestimado por los médicos, pues en los exámenes rutinarios el problema pasa desapercibido.

Por otro lado, en las últimas décadas, el mundo cambió, no solo en la forma en que se estudian las enfermedades, sino también en las dinámicas a las que están expuestos los cuerpos.


“Hoy las mujeres tenemos muchos factores de riesgo que antes los hombres tenían más. Ejemplo: Antes los hombres fumaban más; hoy la tendencia puede variar”

A ello se suma la carga de estrés desde diversos frentes: las mujeres no solo son el sustento de sus hogares, sino también cuidadoras, lo que va formando una cadena de riesgos para la salud cardiovascular que afecta incluso la recuperación tras un ataque cardiaco.

“A un hombre yo le digo: ‘Tienes que hacer ejercicio’ y encuentra la forma. No pasa así con las mujeres, sobre todo en el caso de quienes trabajan y cuidan a la familia”

Laura sospecha que es en este punto donde radica uno de los factores de riesgo más relevantes: el autocuidado femenino no existe como una prioridad.

“Hay entornos en donde la familia no se toca el corazón y te preguntas: ¿En qué momento el autocuidado de la mujer va a ser una prioridad? Porque cuando son jóvenes, porque jóvenes; cuando son mamás, porque son mamás; cuando ya son abuelitas, porque son abuelitas”

Existen recomendaciones claras respecto a cada cuánto se debe acudir con un especialista para realizarse un papanicolao. Algo parecido debería ocurrir con los chequeos del corazón. La especialista destaca que el primero que se debería aplicar, independientemente del sexo, es al nacer, ya que, irónicamente, las enfermedades congénitas o trastornos del corazón son mucho más frecuentes que otros tipos de afecciones.

La segunda revisión se debe contemplar entre los 18 y 20 años para identificar niveles de colesterol, presión arterial y glucosa; brindan una ventana de oportunidad para la detección de enfermedades antes de que se presenten síntomas.

Finalmente, “ante un mundo con una carga genética y un entorno tan metabólico como el que vivimos. Lo mejor sería que después de los 40 años nos hagamos una revisión una vez al año”, dice la especialista, quien reitera: el 80% de las muertes asociadas con el corazón se podrían prevenir.

LHM


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Lizeth Hernández
  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.
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