El estrés cotidiano, la falta de sueño y los cambios en la vida emocional se colocan hoy como factores que influirían en el desarrollo de enfermedades neurológicas.
En particular, la relación entre el cerebro y la dopamina abre nuevas líneas de análisis en trastornos como el Parkinson, una enfermedad que sigue en estudio y cuya detección temprana resulta clave.
El doctor Daniel Martínez, neurólogo especialista en trastornos del movimiento, en entrevista con Víctor Martínez para la sección “Tu médico en Telediario”, explica que todo lo que contribuya al estrés, ya sea relaciones, trabajo o no dormir bien, definitivamente tiene una conexión cerebral con las áreas de la dopamina.
Aunque aclara que aún se trata de un campo en desarrollo, señala que en algunos pacientes por ahí se despierte la enfermedad.
El especialista detalla que el Parkinson se presenta con mayor frecuencia en hombres, con una proporción de dos a uno frente a las mujeres, y la importancia de identificar los primeros síntomas.
“Un temblorcito en una mano nos tiene que hacer pensar que algo puede estar ocurriendo”, indica.
Advierte que no todos los casos inician de forma evidente.
“Mucha gente describe debilidad o pesadez en la mano. Nosotros lo vemos como lentitud o rigidez, pero el paciente lo percibe como que la mano está débil o torpe”, señala.
Estas señales aparecen en actividades cotidianas como abotonarse la camisa, lavarse los dientes o incluso al comparar la destreza entre ambas manos.
Ante estos indicios, el llamado es claro: acudir con un especialista. El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y la exploración física.
“La plática con el paciente es súper útil. Revisamos cómo se presentan los síntomas y realizamos pruebas de movimiento para identificar esa lentitud característica”, explica.
Martínez también advierte que existen medicamentos, especialmente algunos utilizados en psiquiatría, gastroenterología o cardiología, que pueden provocar síntomas similares al Parkinson.
Por ello insiste en la necesidad de una valoración adecuada que permita diferenciar entre un cuadro real y efectos secundarios.
El momento del diagnóstico representa un impacto emocional importante.
“Es de los momentos más difíciles decirle a alguien que tiene Parkinson”, reconoce.
No obstante, enfatiza que el pronóstico cambia de forma significativa cuando la enfermedad se detecta a tiempo.
“Lo primero es aceptarlo y lo segundo es asumir la responsabilidad. Sí se puede vivir bien con Parkinson, pero el camino requiere constancia”, afirma.
A diferencia de otras enfermedades, el Parkinson no implica una expectativa de vida inmediata reducida.
“Esto no es un cáncer. Aquí se trata de luchar todos los días. Con tratamiento adecuado y disciplina pueden pasar 10 o 20 años y el paciente puede seguir viviendo bien”, sostiene.
El padecimiento no sólo afecta el movimiento. El neurólogo advierte que también puede generar cambios cognitivos, alteraciones del estado de ánimo y afectaciones en otros sistemas del cuerpo.
“No hablamos de una demencia como el Alzheimer, pero sí hay cambios que deben atenderse de manera integral”, puntualiza.
En cuanto a la prevención no existe una fórmula definitiva, pero sí hábitos que pueden reducir el riesgo. Dormir al menos siete horas, mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio de forma regular y controlar el estrés forman parte de las recomendaciones, a ello se suma la actividad mental.
“El cerebro tiene la capacidad de generar vías alternas. Aprender cosas nuevas, leer o desarrollar habilidades es una forma de ejercitarlo”, explica.
Finalmente Martínez alerta sobre el temblor como síntoma frecuente que no siempre corresponde a Parkinson.
“La enfermedad más común en consulta es el temblor esencial. El paciente tiembla al usar las manos, por ejemplo al comer o beber”, detalla.
En cualquier caso, insiste en no ignorar la señal. “Un temblor siempre debe revisarse. Puede no ser Parkinson, pero sí otra condición que necesita atención”.
La recomendación es directa: ante cualquier cambio, acudir al médico y, de ser necesario, al neurólogo.
La detección oportuna marca la diferencia en la evolución de una enfermedad que, aunque no tiene cura, sí permite mantener calidad de vida con tratamiento y seguimiento adecuados, indica.
Prevención y recomendaciones
Atender cualquier señal del Parkinson a tiempo puede marcar la diferencia:
- Hábitos que ayudan: Dormir al menos 7 horas, hacer ejercicio y mantener una dieta equilibrada.
- Controlar el estrés: La salud emocional impacta directamente en el cerebro.
- Ejercitar la mente: Leer, aprender y desarrollar habilidades fortalece las funciones cerebrales.
- Acudir al médico: Un temblor o cambio físico siempre debe ser evaluado por un especialista.
nrm