Entre dos mundos

¡Sueño con estar equivocada en 2017!

Apenas alumbrando el Año Nuevo e imbuida por los buenos deseos y sentimientos de amor de las horas recientes, en 363 días quisiera estar escribiendo que fallé respecto de mis expectativas sobre el gobierno de Trump.

Que me conmovió hasta las lágrimas al citar en su discurso de protesta a Abraham Lincoln, primer presidente republicano: “Nuestros padres crearon en este continente una nueva nación, concebida bajo el signo de la libertad y consagrada a la premisa de que todos los hombres nacen iguales… Que esta nación, bajo la guía de Dios, vea renacer la libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, jamás perezca sobre la Tierra”.

Que erré al calificarlo de inepto porque entendió que toda palabra de un presidente tiene fuertes consecuencias. Quedaron atrás sus exabruptos de campaña para sorprenderme con conceptos e ideas que se traducen en políticas públicas justas y humanitarias.

Que dejé de llamarlo racista porque recordó sus orígenes migrantes, convocó a la unidad y la no discriminación y propuso una reforma que reconoce los derechos humanos y las capacidades y aportaciones de los inmigrantes de todas nacionalidades, en el campo, los servicios, la cultura, la ciencia, el deporte, la industria y las artes, para el progreso de Estados Unidos.

Que si bien en su campaña me dio elementos para llamarlo xenófobo, sus hechos han probado lo contrario, porque finalmente integró una representación latina en su gabinete y declaró que los mexicanos somos gente de trabajo, de principios y de valores, y el crimen y la violencia son fenómenos que no tienen nacionalidad y hay que combatir de forma inteligente entre todos los países.

Que afirmé que no estaba capacitado para gobernar sin suponer que su intención de situar los intereses de Estados Unidos por delante no ha significado pisotear a nuestros socios comerciales y, como buen empresario y negociador, ha gestionado que el ganar-ganar sea la premisa de la cooperación regional y promovido una correlación de fuerzas políticas y económicas mundiales bajo la bandera de la paz y el desarrollo con equidad.

Que nunca más lo señalaré como misógino porque de la mano de su esposa y sus dos hijas lanzó una cruzada para prevenir, combatir y sancionar toda forma de violencia física, psicológica, económica e institucional contra las mujeres.

¡Por favor, 2017, demuestra que me equivoqué!

rosariomarin978@gmail.com