Carta de viaje

Estados Unidos contra México

Evoco este episodio del pasado porque tiene similitudes con el presente —similitudes que pueden ser esclarecedoras:

En marzo de 1877, Rutherford Hayes, ex gobernador de Ohio, asumió la presidencia de Estados Unidos. La gente lo llamaba Rutherfraud. En las elecciones, Hayes, el candidato del Partido Republicano, perdió el voto popular por más de un cuarto de millón de sufragios frente a Samuel Tilden, el candidato del Partido Demócrata. Y perdió también, según todo indicaba, el voto electoral: Tilden tenía a su favor 184 votos no disputados y le faltaba solo uno para tener la mayoría absoluta, en una elección de 13 votos disputados que fueron todos, al final, declarados en favor de Hayes. La prensa estadunidense condenó "el gran fraude de 1876". Hayes, con los republicanos divididos frente a él y con los demócratas agraviados por el fraude, necesitaba legitimidad con urgencia, y entendió que la ganaría si emprendía una política anexionista frente a México, muy popular en Estados Unidos. El país era una presa fácil. Así, el asunto de las correrías en la frontera, comunes desde hacía tiempo, fue elevado a la categoría de problema internacional por el gobierno de Washington.

El 1 de junio de 1877, Hayes autorizó a las tropas estadunidenses acantonadas en Texas para que persiguieran a los indios y contrabandistas a través de la frontera y los arrestaran y castigaran en territorio mexicano, con o sin autorización de las autoridades de nuestro país. "Cuando esta orden se publicó en México, creó la más profunda excitación y tanto los periódicos de oposición como los gobiernistas la denunciaron como un grosero desprecio a la soberanía mexicana", escribió John W. Foster, el ministro de Estados Unidos en México. La orden tenía el objeto, según reveló después el propio Foster, de provocar un incidente en la frontera que justificara el envío de tropas a México. Y la anexión.

El gobierno de México estaba entonces encabezado por Porfirio Díaz. ¿Cuál fue su reacción? Cumplió todas las obligaciones referentes a Estados Unidos: el pago puntual de la deuda, el refuerzo de las tropas mexicanas que resguardaban la frontera, el respeto de todos los tratados, pero sin transigir: "No pudiendo el Gobierno Nacional permitir que una fuerza extranjera entre al territorio de México (...) ni mucho menos que esa fuerza venga a ejercer actos de jurisdicción (...) usted repelerá la fuerza con la fuerza en el caso de que la invasión se verifique". Díaz recomendaba prudencia ("es necesario no caer en el lazo que se nos tiende", dijo), pero jamás aceptó algo (el paso de tropas estadunidenses por la frontera) que era inaceptable no solo para el honor de México, sino porque provocaría, tarde o temprano, un enfrentamiento con Estados Unidos. Y al mismo tiempo utilizó la agresión de Estados Unidos para unir a todos los mexicanos a su alrededor, incluidos sus enemigos, como también lo vio Foster: "Si no fuera por el supuesto peligro de una guerra con Estados Unidos, que en cierta medida frena las hostilidades políticas al interior, el mismo partido de Díaz estaría en una revuelta (...) La administración está sacando el mayor partido posible a nuestra conducta en la frontera para sofocar las disputas partidistas". México, que resistió, ganó al final, como lo muestra en detalle Daniel Cosío Villegas, quien le dedicó un libro entero al respecto, Estados Unidos contra Porfirio Díaz. Ganó sobre todo por la claridad y la firmeza con que rechazó lo que era inaceptable.

*Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com