Sin ataduras

Con Trump esperemos lo peor

Al tomar posesión como presidente ayer, Donald Trump no cambió su discurso agresivo, como era la esperanza del gobierno de Enrique Peña Nieto, sino que lo mantuvo.

Desde el inicio de la campaña electoral los voceros del gobierno permanecieron callados ante los constantes ataques contra México. Trataron de justificar su silencio al aducir que una cosa es ser candidato y otra presidente.

Hoy queda más claro que nuestros gobernantes demostraron que carecían de una estrategia clara y creíble para enfrentar los desafíos y hasta ahora solo han demostrado ser pequeños ante el reto, el más complejo desde la expropiación petrolera.

Ayer el tiempo los desmintió: Trump sigue hablando como candidato porque no sabe ser presidente. Seguirá siendo lo que sabe hacer muy bien: ser un animador de televisión.

El discurso careció de un programa de gobierno. Hombre inculto, pero de instinto, seguirá manejando eslóganes que animen a la clase media baja.

Fue al Capitolio a insultar a los congresistas en su propia casa. Sugirió que hay un divorcio entre los representantes del pueblo, ahí congregados, y los ciudadanos. “Estamos transfiriendo el poder de Washington, D.C., y devolviéndoselo a ustedes, el pueblo estadunidense”, dijo.

“Por muchísimo tiempo, agregó, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación se ha quedado con los beneficios de nuestro gobierno mientras el pueblo ha pagado el costo. Washington floreció pero la gente no compartió sus riquezas. Los políticos prosperaron pero las compañías manufactureras y los trabajos cerraron. El régimen se protegió a sí mismo mas no a los ciudadanos de nuestro país. Sus victorias no han sido las suyas (de la ciudadanía). Sus triunfos (del gobierno) no han sido sus triunfos (del pueblo estadunidense). Y mientras ellos celebraban en la capital de nuestra nación, las familias a lo largo de nuestro territorio no tenían razón para hacerlo”.

Maestro de la manipulación, le dijo a la gente que ahora sí habrá un cambio porque él, grandioso y maravilloso, lo va a hacer.

Se erigió a sí mismo como el salvador de la grandeza estadunidense, dentro y fuera del país, pero no está preparado para ejercer el liderazgo mundial. Fue un mensaje proteccionista y mesiánico, desvinculado de la realidad global.

Su discurso marea a gente ignorante e ingenua. Promete que todo va a ser mejor porque así lo quiere él. Basta con lanzar un tuit y todo va a cambiar. De poco sirven leyes y poderes.

Al concluir su discurso, levantó ufano el puño derecho ante la multitud. Gesto propio de un campeón de box y no de un respetable presidente.

Si bien no se refirió específicamente a México, fue obvio que el destinatario era nuestro país cuando hablaba de fronteras y empleos seguros.

México no ha contado con una estrategia de diversificación, sino de conservación de la dependencia actual. En vez de tener ideas claras y concretas, los funcionarios hablan de modernizar el Tlcan. Me temo que la actualización abrirá una caja de Pandora de la que saldremos perdiendo. A lo mejor habría que considerar denunciarlo si Estados Unidos quiere mantenernos en un largo periodo de incertidumbre.

Posdata

Hace 100 años, el 19 de enero de 1917, México fue invitado por Alemania a aliarse contra Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial.

A cambio de la unión, el imperio alemán ofreció a nuestro país recuperar los territorios perdidos por la invasión estadunidense de 1846 más Texas, en caso de ganar el conflicto armado.

Fue el ministro de Asuntos Exteriores, Arthur Zimmermann, quien envió instrucciones a su ministro en México, Heinrich von Eckardt, para proponer al presidente Venustiano Carranza, de la manera más secreta posible, “hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona”.

El telegrama Zimmermann fue interceptado y descifrado por Reino Unido antes de llegar a las manos del gobierno mexicano. Los ingleses informaron a Estados Unidos y este país decidió entrar a la guerra.

Casi tres meses después, Venustiano Carranza declinó la propuesta alemana, más ocupado en promulgar la Constitución y asumir la Presidencia, que en involucrarse en una aventura internacional de la que hubiéramos perdido.

Nuestro país estaba emergiendo de un doloroso conflicto interno, enfrascado en una lucha interna entre los diferentes movimientos revolucionarios, la economía destrozada y nuestro vecino del norte acababa de declarar la guerra a nuestro potencial aliado.

Cien años después, el telegrama de Zimmermann pone en evidencia que México ha sido un vecino responsable, que no ha caído en sueños de reivindicación territorial. Por el contrario, las autoridades migratorias mexicanas colaboran con sus colegas estadunidenses para evitar que la frontera sea puerta de entrada de terroristas. Y a pesar de ello, Donald Trump, ignorante de la historia y de la realidad, todavía se atreve a afirmar que nuestro país es solo fuente de indocumentados y drogas y por eso hay que erigir un muro.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com