Durante siglos, las historias de personas que regresaban de la muerte para atacar a los vivos alimentaron el temor a los vampiros en distintas regiones del mundo.
Detrás de estas leyendas también existieron enfermedades cuyos síntomas podían resultar desconcertantes cuando la medicina todavía no ofrecía explicaciones claras. Pero ¿Qué padecimientos pudieron influir en estas creencias?
Aunque no existe una explicación definitiva sobre el origen del mito, investigadores han planteado hipótesis que relacionan algunas características atribuidas a los vampiros con enfermedades reales. Entre ellas destacan la porfiria, la rabia y la tuberculosis, aunque el respaldo histórico y médico de cada teoría es diferente.
¿Qué enfermedades pudieron inspirar el mito de los vampiros?
1. Porfiria: sensibilidad extrema a la luz solar
La porfiria es un grupo de trastornos que afectan la producción del hemo, una sustancia esencial para la hemoglobina. Algunas de sus variantes pueden provocar sensibilidad intensa a la luz solar, ampollas y lesiones en la piel.
La porfiria eritropoyética congénita, en particular, puede causar fotosensibilidad y anemia hemolítica. Estas manifestaciones se han relacionado popularmente con características atribuidas a los vampiros, como evitar la luz del día y presentar una apariencia física inusual.
Sin embargo, la relación entre la porfiria y el origen histórico de estas leyendas no está demostrada. Un artículo publicado en JAMA Dermatology en 2016 cuestionó que esta enfermedad pudiera explicar el mito y señaló que la asociación se popularizó mucho después de que las creencias sobre vampiros ya existieran.
2. Rabia: mordeduras y cambios de comportamiento
Otra hipótesis apunta a la rabia, una infección viral que afecta el sistema nervioso. En determinadas fases puede provocar agitación, espasmos, dificultad para tragar, hipersalivación y comportamientos inusuales.
El neurólogo Juan Gómez-Alonso propuso en un estudio publicado en la revista Neurology en 1998 que la rabia pudo contribuir al desarrollo de la leyenda de los vampiros. El investigador encontró similitudes entre algunos síntomas de la enfermedad y las conductas descritas en relatos históricos, además de coincidencias temporales con brotes registrados en Europa.
Se trata de una explicación propuesta por un investigador, no de una prueba concluyente de que la rabia haya originado estas creencias.
3. Tuberculosis: el temor a que los muertos regresaran
La tuberculosis ofrece una conexión histórica distinta. En la Nueva Inglaterra del siglo XIX, algunas comunidades creían que los fallecidos por esta enfermedad podían regresar para enfermar a sus familiares.
Un estudio publicado en American Journal of Physical Anthropology en 1994 examinó evidencias arqueológicas e históricas relacionadas con estas creencias. La investigación documentó prácticas funerarias vinculadas con el temor a que una persona muerta por tuberculosis afectara a los vivos.
Esta hipótesis ayuda a comprender cómo el desconocimiento de las enfermedades y la muerte podía alimentar interpretaciones sobrenaturales.
4. Xeroderma pigmentoso: una enfermedad que impide tolerar bien el sol
El xeroderma pigmentoso es una enfermedad genética poco frecuente que provoca una sensibilidad extrema a la radiación ultravioleta. Las personas que la presentan tienen mayor riesgo de sufrir lesiones cutáneas y cáncer de piel por exposición solar.
De acuerdo con GeneReviews, publicación médica alojada en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la enfermedad puede ocasionar quemaduras intensas y daño progresivo en la piel y los ojos.
Aunque sus síntomas pueden recordar la imagen popular de seres que evitan la luz solar, no hay evidencia suficiente para afirmar que esta enfermedad haya dado origen a la leyenda de los vampiros.
¿Las enfermedades explican la existencia de los vampiros?
No. Estas enfermedades son reales, pero los vampiros pertenecen al terreno del folclore y las leyendas. Las hipótesis médicas ayudan a explorar cómo ciertos síntomas, epidemias y costumbres funerarias pudieron influir en algunas creencias, sin demostrar que exista una única explicación para su origen.
La porfiria y el xeroderma pigmentoso muestran cómo la sensibilidad solar pudo alimentar comparaciones posteriores, mientras que las investigaciones sobre la rabia y la tuberculosis aportan posibles contextos históricos.
Distinguir entre evidencia médica, registros históricos y especulación es fundamental para comprender por qué estas historias han perdurado durante generaciones.
JCM