Cultura

Sabia virtud

Toscanadas

David Toscana reflexiona sobre las paradojas del tiempo a partir de San Agustín, el Diccionario de Autoridades y Jorge Manrique.

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San Agustín se mete a responder qué hacía Dios antes de crear el cielo y la tierra. Sin duda debió aburrirse cuando no tenía gente que expulsar del paraíso ni ciudades donde llover azufre ni pueblos para enviarles plagas y cataclismos. Pero esto lo digo con mi mente vulgar y terrena. Agustín sale mejor librado y le responde a dios como si él hubiese hecho la pregunta: “No hubo tiempo alguno en el que tú no hicieses nada, puesto que el mismo tiempo es obra tuya. Mas ningún tiempo te puede ser coeterno, porque tú eres permanente, y éste, si permaneciese, no sería tiempo”.

¿Qué sería, entonces? Es difícil desentrañarle el sentido a esta explicación o al menos ajustar el cerebro para que capte la idea de la eternidad junto con la inexistencia del tiempo. Allá en el siglo XVII, el teólogo Juan Eusebio Nieremberg escribió para meter miedo: “No solo has de morir, sino después de muerto te aguarda una eternidad”.

Sobre el Hijo se reza en el credo “nacido del Padre antes de todos los siglos”, o sea, nacido antes de que el tiempo existiera. ¿Y algo que nace siempre estuvo ahí? Otra vez no cabe la pregunta, porque qué sentido tiene hablar del antes y el después cuando todavía no existía el tiempo. ¿O sea que hubo un tiempo en que no había tiempo? El cuento de nunca acabar.

De ahí viene la famosa frase agustiniana en la que acepta no poder explicar qué es el tiempo.

El Diccionario de Autoridades parece más sabio que el santo, pues da su definición: “La duración sucesiva de las cosas, desde el más imperceptible instante, hasta la hora, día, mes, año, y siglo, gobernada y medida por las revoluciones del primer móvil, y el movimiento de los astros”.

Algo no cuadra en tal definición, y esto queda claro cuando se busca “duración”, y resulta que es “la permanencia de alguna cosa, especialmente del tiempo”. Así el tiempo es la permanencia del tiempo.

Aunque no entendamos la eternidad o el “tiempo antes del tiempo”, vale entender el tiempo sin definirlo. Y es que no debemos ser socráticos en todo.

Pasa entonces San Agustín a decir: “Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es él y el futuro todavía no es?

Me hace pensar en estos versos de Jorge Manrique, a los que hay que desentrañarles el sentido: “Pues si vemos lo presente, como en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado”.

Se dice que dios vive fuera del tiempo; y que si creó el tiempo, lo puede destruir. Pero quizá no lo destruya porque la idea tradicional de la vida eterna ocurre en el tiempo.

Este artículo no tiene límite de tiempo, sino de caracteres. Y se me acabaron cuando apenas empezaba.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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