Bad Bunny la llama “Nueva Yol”. El tráfico, las sirenas, la gente caminando sin parar, el ruido de los platos dentro y fuera de las cocinas de los restaurantes hablan de una ciudad que, dice otra canción, “nunca duerme”.
En uno de sus restaurantes, un comensal canadiense puede disfrutar de un corte de carne, cuyo ganado fue criado en México, procesado por una empresa estadunidense y llevado después a una mesa del continente. El platillo resume algo mayor: una economía que hace décadas ofrece un menú tripartita.
Una región que ya funciona junta
Para Gerardo Esquivel, economista, profesor de la UNAM y de El Colegio de México, la discusión sobre si México, Estados Unidos (EU) y Canadá constituyen una región integrada está prácticamente superada.
“Funcionan ya, básicamente, como un gran bloque industrial”, sostiene. Una parte de un bien puede producirse en México, otra en Estados Unidos y otra en Canadá.
La complementariedad es difícil de replicar: Canadá posee recursos naturales; EU concentra capital, tecnología e innovación; México aporta capacidad manufacturera y fuerza laboral. Esa combinación convirtió a Norteamérica en una gran región económica.
Pero persiste una deuda. Pasadas más de tres décadas del TLCAN y del T-MEC, la promesa de convergencia no se cumplió: las diferencias de ingreso y bienestar entre México y sus socios siguen siendo enormes.
El tratado generó inversión y empleo, pero, dice Esquivel, “ha resuelto algunos problemas, aunque tampoco ha sido la panacea”.
Kenneth Smith Ramos, exjefe de la negociación técnica del T-MEC para México, dimensiona el vínculo: el intercambio México-EU se acerca a los 900 mil millones de dólares (mdd) y entre 35 por ciento y 40 por ciento del valor de las exportaciones mexicanas incorpora insumos estadunidenses.
Una integración difícil de desmontar
Mientras que la política levanta fronteras y recupera discursos proteccionistas, las fuerzas económicas avanzan en sentido contrario. Para Esquivel, desmontar cadenas construidas durante más de 30 años sería extremadamente costoso.
La integración precede al TLCAN y responde a fuerzas profundas: proximidad geográfica, inversiones acumuladas, necesidades mutuas y complementariedad económica.
“Se puede disminuir, se puede desacelerar”, explica Esquivel, de la UNAM, pero es difícil imaginar un futuro en el que desaparezca de manera significativa.
el dato...Más de 2 mil mdd en mercancías cruzan
Cada día la frontera entre México y EU.
Juan Carlos Baker, de Consultores Ansley, agrega que la manufactura estadunidense tendría serias dificultades para competir globalmente sin el respaldo productivo de México.
Esquivel apunta que la globalización tal como la conocimos terminó. La pandemia, la rivalidad con China y las preocupaciones de seguridad empujan a una economía organiza da en bloques. En ese mapa, México tiene un lugar natural en Norteamérica.
La región reúne mercados, capital, tecnología, recursos naturales, manufactura y una estructura demográfica más favorable que la europea. Asia es un rival formidable, pero Esquivel considera que Norteamérica posee elementos suficientes para competir “de bloque a bloque y de poder a poder".
Energía, chips y minerales críticos
Semiconductores, inteligencia artificial (IA), baterías, energía y minerales críticos definirán la siguiente etapa. La región posee casi todos los factores necesarios para competir, pero tenerlos no garantiza aprovecharlos.
Esquivel identifica uno de los principales riesgos para México: la energía. La IA y los centros de datos demandarán cantidades gigantescas de electricidad.
Estados Unidos y Canadá parecen mejor posicionados; México aún enfrenta dificultades para garantizar una capacidad suficiente.
Ivette Castillo, de GE Vernova, empresa del sector eléctrico, coincide: la demanda eléctrica de la IA y los centros de datos ya se miden en gigawatts. Sin nuevas inversiones en generación y redes, no habrá energía suficiente para sostener la economía digital.
Pedro Casas Alatriste, vicepresidente ejecutivo y CEO de la American Chamber/Mexico, explica que Norteamérica dejó atrás la mera compraventa para convertirse en una plata forma conjunta de producción.
En Guadalajara, los semiconductores muestran hasta dónde puede avanzar esa integración, pero producir chips exige minerales críticos, tierras raras, electricidad, centros de datos, logística y personal especializado. Canadá ocupa una posición estratégica por sus reservas minerales.
Para Casas, un tratado centrado solo en productos terminados resulta insuficiente; Norteamérica necesita una estrategia industrial regional. Esquivel añade que un reshoring estadunidense sin México y Canadá sería poco competitivo y, si algunas plantas regresaran, probablemente, lo harían automatizadas.
La fábrica norteamericana
Óscar del Cueto, de Canadian Pacific Kansas City en México, describe Norteamérica como una enorme fábrica con distintas líneas de producción. Profundizar la integración exige modernizar de manera coordinada puertos, cruces fronterizos y aduanas.
Jorge Torres, de FedEx Express México, describe la logística como el sistema arterial de esa gran fábrica regional.
Mónica Lugo, de Prodensa, firma de servicios profesionales y consultoría, añade que la llegada de empresas estadunidenses y canadienses a México no solo aporta capital, sino que también impulsa la transferencia de conocimiento en sectores avanzados.
Aquí aparece otra ventaja que Esquivel considera decisiva: la demografía. Mientras que Europa y Japón envejecen, Norteamérica combina innovación estadunidense y recursos canadienses con una población mexicana relativamente joven.
el dato...30 por ciento representa la participación conjunta
De EU, México y Canadá en el PIB mundial.
El riesgo de no pensar como región
Cuando Esquivel enumera las amenazas para los próximos 10 años, coloca una por encima de todas: la falta de visión regional.
En Estados Unidos, puede expresarse como proteccionismo; en México, como incapacidad para producir la energía que exige una nueva etapa industrial; en los tres países, como la tentación de defender intereses inmediatos a costa de la competitividad conjunta.
“La ausencia de esa visión es la que puede acabar derrotándonos o rezagándonos respecto al resto del mundo”, advierte. Los otros retos son asegurar condiciones de competencia internacional justas y construir la infraestructura física y energética necesaria.
La revisión del T-MEC puede ser, entonces, más que una amenaza. Para Esquivel, también ofrece la oportunidad de corregir debilidades internas: invertir, elevar la productividad y fortalecer la infraestructura.
Una cultura que cruza fronteras
La región construida en fábricas y trenes también se reconoce en el idioma, la comida y la música. Ilan Stavans, escritor y profesor en Amherst College, sostiene que Norteamérica posee una identidad cultural compartida, aunque no uniforme. El spanglish es, quizá, su expresión más visible.
Pati Jinich, chef y conductora de Pati’s Mexican Table, observa el mismo fenómeno desde la cocina: las recetas cruzan fronteras y generan expresiones propias.
En tanto que Flavio Everardo, del Tecnológico de Monterrey, considera que la música conecta sin pedir pasaporte y que la IA acelerará la colaboración entre creadores.
La década decisiva
Para Esquivel, el éxito de Norteamérica no podrá medirse únicamente por el volumen del comercio. Si en 2036 hubiera que evaluar esta década, México debería seguir siendo uno de los principales socios de Estados Unidos y, además, haber comenzado a cerrar la brecha de desarrollo con sus vecinos.
Hoy, señala, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante mexicano equivale aproximadamente a una tercera parte del estadunidense.
Llegar algún día a la mitad de ese PIB sería una transformación enorme. Quizá no ocurra en 10 años, reconoce, pero México tendría al menos que estar claramente encaminado hacia esa convergencia.
el dato...Seis veces más exporta Estados Unidos
En manufacturas a México y Canadá que a China.
Norteamérica ya existe como región en fábricas, trenes, centros de datos, campos agrícolas, cocinas e idiomas. El reto no es inventarla, sino reconocer esa integración y crear las condiciones para que sus beneficios se distribuyan de manera más equilibrada.
La mesa está puesta: capital estadunidense, recursos canadienses y trabajo mexicano; semiconductores y tortillas, energía y ferrocarriles, inteligencia artificial y spanglish. Falta que sus tres comensales entiendan que competir por separado puede resultar más caro que diseñar juntos el menú del futuro.
MGS