DOMINGA.– El general Nicolás Rodríguez peleó la Revolución al lado de Francisco Villa, sin embargo años después dio un giro emocionado por el nazismo en Alemania: se autoproclamó “líder supremo” de un grupo que fundó y al que llamó los Camisas Doradas, una organización ultranacionalista en la época del Cardenismo. En las fotografías de aquellos años aparece tieso, con una camisa como de boy scout y sombrero de palma, con el brazo extendido y el puño cerrado.
Durante tres años, entre 1933 y 1936, los Camisas Doradas habían sembrado el terror en México bajo el lema “México para los mexicanos”. Asaltaron las oficinas del Partido Comunista, reventaron huelgas a golpes, extorsionaron a comerciantes judíos y chinos, y en una noche de 1936, en Monterrey, destruyeron negocios judíos mientras gritaban: “¡Sangre judía, sangre judía!”. Además, publicaban un periódico llamado Defensa, según la investigadora Alicia Gojman de Backal, en la revista Relatos e Historias en México, repleto de propaganda antisemita y a través del cual llamaron a disolver los sindicatos y acabar con el comunismo. Por eso, el 11 de agosto de 1936, el presidente Lázaro Cárdenas tomó una acción inminente: expulsarlo de México.
En un telegrama amarrillo y oficial del Departamento del Distrito Federal se cuenta cómo Nicolás Rodríguez fue expulsado del país a las cinco de la mañana en un avión piloteado por el capitán Feliciano Flores, por su “labor subversiva”. Se instaló en El Paso, Texas, con su esposa, Leonor Gutiérrez y, según los informes de inteligencia de la época, vivía en una fortaleza financiada por grupos fascistas en Estados Unidos. Pero la novela empieza verdaderamente acá:
Desde el exilio conocería a Emilia Herron, una joven estadounidense, hija de un empresario texano. Según testimonios de la época, Nicolás vio en la señorita una oportunidad para lograr financiamiento del padre millonario. Fue así que le hizo una promesa rocambolesca que quedaría en los expedientes judiciales. Si se casaba con él, sería la primera dama de México y, lo mejor, le entregaría como residencia el Castillo de Chapultepec, ese lugar que obsesiona a los fascistas de aquellos y estos años.
Fascinados con los tiempos en que hubo monarquía, seguían soñando con recuperar la excasa de Carlota de Habsburgo, la emperatriz belga que llegó a México creyendo en la promesa de un hombre y terminó loca. Emilia aceptó. Pero Nicolás se olvidó de un detalle mínimo: ya tenía esposa. Así que, gracias a sus conexiones con agentes de migración, logró que deportaran a Leonor. Dolida por la afrenta, la esposa regresó a México y contó todo, además de que logró robarse una maleta de documentos que contenían archivos y planes para hacer a México great again.
Hoy esos documentos forman parte de un expediente de la Jefatura de Policía capitalina en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, que revela cómo los Camisas Doradas se convirtieron en uno de los primeros grupos nacionalistas de México, que justificaron la violencia en nombre de la patria. En su momento más esquizofrénico, llamaron a exterminar a los 30 mil judíos que vivían en el país.
Pero los Camisas Doradas sólo serían los antecesores de grupos radicales. Con los años aparecerían otras células secretas con nombres como El Yunque o los Tecos de Guadalajara que infiltraron universidades, partidos políticos e instituciones religiosas. Hoy las ideas de los Camisas Doradas permean en plataformas digitales y coordinan campañas de odio desde cuentas anónimas, con memes para atraer a los más jóvenes desde grupos de WhatsApp o Telegram.
Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye el caso gracias a la desclasificación de expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Historias como esta revelan que en México la verdad oficial está en obra negra.
Los llamaron “pogromos mexicanos”
El expediente R/308/396 es ligero. Es una carpeta manila con las esquinas vencidas y 76 fojas mecanografiadas en papel cebolla que el tiempo ha vuelto de color tabaco. En la portada alguien tecleó con una máquina de cinta vieja: “Nicolás Rodríguez, jefe de la Acción Revolucionaria Mexicanista de Puebla, y jefe de la Asociación de Camisas Doradas”. Está fechada el 10 de agosto de 1936.
Pero lo que queda es suficiente para reconstruir cómo operó en México la oleada “nazifascista”. Regresemos a 1933, cuando surgió el grupo que se llamaba a sí mismo los Camisas Doradas o también Acción Revolucionaria Mexicanista. Entre las fojas encontramos un informe del 16 de diciembre de 1934. Lo firma el general de brigada José Juan Méndez, jefe de la Policía del Distrito Federal, con el sello oficial estampado en tinta morada ya desvanecida. Es el registro de cómo ese mes los Dorados arrancaron una campaña de boca en boca para que la gente hiciera sus compras en comercios mexicanos.
El 15 de diciembre bloquearon por la fuerza la entrada a comercios extranjeros, específicamente de judíos. En Monterrey asaltaron esos mismos comercios, los destrozaron y golpearon a sus dueños. La Prensa los llamó “los pogromos mexicanos”. Y no se equivocaban: estaban replicando el método de Hitler de identificar al judío como el enemigo y ponerle la letra escarlata a su negocio.
Dentro del expediente hay otra carta que deja evidencia de sus pilladas. La escribió el coronel Armando Sosa Jurado, exmilitar y exCamisa Dorada arrepentido, en papel membretado del Hotel German American de la colonia Buenavista, en el Distrito Federal. En la misiva enviada al gobierno mexicano explicó que los Camisas Doradas se aprovechan del miedo al comunismo para extorsionar a ciudadanos; se presentaban ante dueños de haciendas, fábricas y comercios con oficios falsos de Gobernación o cartas supuestamente firmadas por militares, y les advertían que, sin su protección, los comunistas y los judíos acabarían con sus negocios. A los hermanos Brígido y Rutilio, dueños de la Hacienda del Pedregal, les sacaron 300 pesos. A Francisco Serrano, de la Fábrica de Chocolates, 500 pesos. A un cura de Tlalnepantla le quitaron 100 pesos de las limosnas de la iglesia con una firma falsificada, entre otros.
En el expediente también hay un informe que revela el poder de convocatoria que los fascistas habían logrado en pocos años: para el 12 de abril de 1936 habían reclutado a siete mil nuevos Camisas Doradas en un solo evento en Coahuila, en el norte del país. En una carta dice que eran “hombres dignos de aquella clase humilde consumándose el acto nacionalista en todos sus extremos”.
Y hay una carta oficial de la Acción Revolucionaria Mexicanista, fechada el 7 de diciembre de 1935. Está impresa en papel amarillo, grueso, con letras góticas en la parte superior que imitan la tipografía nazi y que dice “Acción Revolucionaria Mexicanista”. Debajo, enmarcado como escudo de armas: “México para los Mexicanos”. A la izquierda, el símbolo del Yaoyotl, término náhuatl para la guerra, inscrito en un medallón con las siglas ARM. Sus oficinas estaban en Justo Sierra número 29, en el Centro Histórico, donde hoy se encuentra una librería escolar.
La firma es del propio Nicolás Rodríguez C., jefe supremo, y autoriza a Mario R. Baldwin, secretario de Industria y Comercio de la ARM, a solicitar del comercio y los particulares “la ayuda económica necesaria para la reorganización de los contingentes”. Una extorsión institucionalizada.
El fin de la conexión nazi en México
Según el periódico La Prensa del 25 de agosto de 1937, Arthur Dietrich, jefe de prensa de la embajada nazi, quien financiaba revistas antisemitas mexicanas, recomendó al general Nicolás Rodríguez que nombrara un representante personal ante el Reich. Rodríguez lo nombró en 1935. Con ese nombramiento, los Camisas Doradas se convirtieron en la única organización nacionalista mexicana con un delegado oficial ante la Alemania de Hitler.
Recomendó a Arnold Krumm-Heller, alemán de nacimiento, médico, ocultista y agente de inteligencia naval alemana durante la Revolución mexicana, médico personal de Francisco I. Madero, luego espía de Venustiano Carranza y corresponsal de periódicos de Berlín y Hamburgo. Desde Alemania, Krumm-Heller le escribía cartas al jefe supremo. En el expediente quedó reproducida una de ellas. Acusaba recibo de su nombramiento y prometía lealtad: “Agradezco esta distinción de todo mi corazón y prometo a usted ser Dorado leal y firme hasta ver vuestro triunfo, que significa la salvación de mi patria mexicana”.
Nicolás Rodríguez murió en 1940 sin haber vuelto a pisar México, luego de ser expulsado por el presidente Lázaro Cárdenas. Aún así la maquinaria ideológica que construyó no murió con él. Las mismas consignas, casi calcadas, hoy tienen plataformas digitales, cuentas anónimas y algoritmos que distribuyen el odio más rápido y más lejos que cualquier periódico de la época. El enemigo sigue siendo el mismo, comunistas y extranjeros, pero los medios se modernizaron.
Prefieren no llamarse “Nazis”
Hoy los grupos fascistas en México se han modernizado: operan desde plataformas digitales como WhatsApp, canales de Telegram y cuentas de TikTok. Los controles por parte de las compañías han sido insuficientes y aunque son eliminadas vuelven con otro nombre pero con el mismo mensaje.
Humberto Yáñez-Orozco, estudiante del doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, publicó en 2025 en la revista Estudios Sociológicos una investigación sobre un grupo mexicano que se autodenomina nacionalsocialista: la Unión Azteca. Su logotipo era un águila con las alas extendidas dentro de un círculo en el que se leía la frase “soy mexicano”. Acercarse fue sorprendentemente fácil. Bastaron un par de mensajes a la cuenta de TikTok del grupo para que le solicitaran su número y lo agregaran a un grupo de WhatsApp. Éste tenía entre sesenta y setenta miembros, de entre quince y cuarenta años, y enviaba más de seiscientos mensajes al día.
El líder se hacía llamar Heinz Guderian, en homenaje al mariscal alemán de la Segunda Guerra Mundial. Otros usaban los nombres de Rommel y Heydrich. El grupo adoptaba elementos mesoamericanos y promovía un nacionalismo excluyente, muy parecido a los ideales que los Camisas Doradas celebraban hace más de noventa años. Lucio, a quien sólo llamaremos así para preservar su identidad, pertenece al Frente Memero Subversivo, un colectivo dedicado a identificar y documentar grupos fascistas en redes sociales en México. Cuando preguntamos por estos neonazis y nacionalistas explicó que han detectado cómo viven y se multiplican en Telegram e Instagram presentándose como movimientos de orgullo nacional. Es decir, nadie llega porque le ofrecen ser nazi. Más bien hablan de orgullo patriótico y “mestizo”.
En enero de 2023, el periodista Miguel Ángel Teposteco Rodríguez publicó una investigación en la revista Emeequis, “Bandas neonazis en México: descafeinadas y atrincheradas en el rock duro”, donde explica que estos grupos han aprendido cómo no activar las alarmas de los algoritmos. No usan la palabra nazi, pero sí se presentan como “nacionalistas”, “patriotas”, “militantes” y “disidentes”.
El Frente Nacionalista de México es el ejemplo más documentado. Fundado por Juan Carlos López Lee en 2006 con el nombre de Organización por la Voluntad Nacional, adoptó su nombre actual después de pasar por una denominación intermedia. Según un informe de julio de 2024 del Global Project Against Hate and Extremism, creado por exdirectivos del Southern Poverty Law Center, el grupo combina propaganda antisemita, rechazo a migrantes centroamericanos y haitianos, reivindicación del Segundo Imperio Mexicano y la aplicación de la pena de muerte.
El propio López Lee ha reconocido que su ideología incluye elementos de fascismo y nacionalsocialismo. Tuvieron Facebook. Tuvieron Instagram. Tuvieron X y los sacaron de todas. Hoy están en Telegram, uno de los lugares menos regulados de internet.
Además de las plataformas digitales, también existe el submundo de la música. Entre octubre de 2022 y marzo de 2024, México tuvo al menos cuatro conciertos de bandas internacionales de RAC (Rock contra el comunismo, por sus siglas en inglés), género nacido en el Reino Unido en los años setenta, que tocaron con bandas mexicanas, según documentó Emeequis. El 29 de octubre de 2022 –cuando se conmemora la culminación de la Marcha sobre Roma que organizó Benito Mussolini y que marcó el inicio de su régimen fascista– unas trescientas personas acudieron al Salón Pentatlón en la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México, según reportó el diario español El País. Tocaron las españolas Batallón de Castigo e Irreductibles, junto con las mexicanas Last Chance Band, Ejecución 1980, Royal Aces Convicted y SunCity Skins, de acuerdo con la crónica. Hubo consignas hitlerianas y saludos nazis durante toda la noche. Los boletos costaban mil 580 pesos.
Para conocer la dirección exacta era necesario registrarse con los organizadores, quienes enviaban la ubicación y un código QR un día antes del evento.
La organización estuvo a cargo de Desperados División y el colectivo Mictlán Crew, que usa la calavera de las SS (abreviatura de Schutzstaffel, "escuadrones de protección", la organización paramilitar, política y de seguridad de élite más poderosa y temida de la Alemania nazi), coronada con un sombrero mexicano organiza eventos para las bandas Retrocarga y Ejecución 1980, de acuerdo con una investigación de la revista Emeequis.
Hay 12 organizaciones de ultraderecha activas en México
En julio de 2024, el Global Project Against Hate and Extremism perfiló doce organizaciones de ultraderecha activas en México. Entre las declaradas abiertamente neonazis estaba Unión, Nación, Revolución, conocida por sus siglas UNR, descrita como “la nueva cara del neonazismo y el fascismo en México”, con presencia en redes y en las calles de al menos cinco ciudades desde 2021.
La Revista Común reportó que ya tenía 300 seguidores en Instagram. Ese mismo año Ana Mónica Rodríguez publicó en La Jornada que la Librería Heidelberg era el espacio donde se organizaba el movimiento en Monterrey y promovía en X el canal de Telegram de la UNR. El canal de Telegram más activo era el M.N.F.M, que significa Movimiento Fascista y Nacionalista de México. Ahí comparten imágenes homofóbicas, misóginas y de esvástica como “el símbolo que salvará a México”. Tiene 98 miembros y todos los días publican contenido.
Sin embargo, el 20 de abril de 2026, en el cumpleaños de Hitler y aniversario de la masacre de Columbine, México vivió las consecuencias tangibles de los discursos de odio. Julio César Jasso Ramírez subió a la Pirámide de la Luna en Teotihuacán y disparó con un revólver Smith & Wesson calibre .38 contra un grupo de turistas. Mató a una turista canadiense e hirió a otras trece personas. Poco después se disparó con su propia arma al verse acorralado por elementos de la Guardia Nacional.
Entre sus pertenencias encontraron un portarretrato con una imagen generada con inteligencia artificial donde aparecía junto a Eric Harris y Dylan Klebold, los tiradores de la masacre de Columbine, perpetrada el 20 de abril de 1999. Ese día asesinaron a doce estudiantes y un profesor, trece víctimas en total, el mismo número de personas que hirió Jasso Ramírez en las ruinas arqueológicas.
Vestía una camiseta con la leyenda “Disconnect and Self-Destroy”, ligada al movimiento True Crime Community surgido tras la masacre de Columbine y que se vende por 299 pesos en Mercado Libre.
GSC / MMM