M+.- Cuando el hermano lasallista Francisco Serrano Limón empezó a abusar de él, le dijo que era porque quería 'corregir' su homosexualidad. “Yo decía: ‘es como una terapia, me están curando’”, relata el iniciador de las demandas contra el sacerdote que pedía a los estudiantes desnudarse y movieran sus partes íntimas frente a él en los campamentos escolares.
La verdad y la justicia tardó años, décadas, pero finalmente alcanzó a Francisco Serrano. Hermano del líder de Provida, Jorge Serrano Limón, quien falleció en 2025, el lasallista fue acusado por el delito de abuso sexual calificado en contra de un menor de la preparatoria La Salle ULSA de la Ciudad de México, presuntamente ocurrido cuando él era profesor de esa escuela.
El viernes 5 de junio, un juez de control ordenó su búsqueda, localización y captura, con el objetivo de ponerlo a disposición del órgano de control del reclusorio Oriente de la Ciudad de México para el cumplimiento de la prisión preventiva; es decir, a pesar de su avanzada edad —77 años— deberá ser ingresado a la cárcel.
El sacerdote fue uno de los pastores más importantes de la congregación Hermanos de La Salle. Él elegía las vocaciones, decidía quién podía o no ingresar al seminario para convertirse en sacerdote. Tenían una enorme capacidad de convencimiento y lograba que cientos de jóvenes se inscribieran en la congregación, por lo cual era muy valorado.
Incluso le permitieron formar una asociación civil y tener negocios dentro de las escuelas lasallistas.
Su hermano Jorge Serrano Limón fue dirigente nacional de la organización Provida, que por muchos años incidió en la política mexicana y recibió millonarios recursos públicos para, presuntamente, trabajar en favor de la familia tradicional y contra el aborto. Su buena suerte se acabó cuando la prensa descubrió su malversación de fondos públicos, el llamado 'TangaGate'.
Luego de eso, y de la publicación del libro El vocero de Dios. Jorge Serrano Limón y la cruzada para dominar tu sexo, tu vida y tu país, escrito por Salvador Frausto y Témoris Grecko en 2008, la familia Serrano Limón adoptó un perfil discreto.
“A mí me hizo lo mismo”: los testimonios
En 2017, Jorge Flores Silva, una de sus víctimas, presentó una denuncia penal en contra de Francisco Serrano ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México por el abuso sexual cometido en su contra cuando, a los 14 años, cursaba el primer año en el seminario de la congregación lasallista, en Tlalpan.
Su denuncia no prosperó porque el delito había prescrito; en aquel entonces ese ilícito se extinguía legalmente 15 años después de que la víctima alcanzara la mayoría de edad.
Sin embargo, Jorge Flores se presentó en el Primer Foro de Pederastia Clerical, en 2018, en Monterrey, donde estuvieron las víctimas de los Legionarios de Cristo y los referentes más importante de la lucha contra la pederastia clerical en México, como Alberto Athié, Bernardo Barranco y Cristina Sada Salinas. Ahí Flores narró las atrocidades de que fue víctima a manos de Francisco Serrano.
Tras la denuncia pública en aquel foro, decenas de víctimas empezaron a buscarlo para confiarle: “a mí me hizo lo mismo”. En total, lo contactaron 24 personas abusadas sexualmente por Francisco, además de otros tres curas lasallistas.
“No todos están dispuestos a denunciar penalmente, en muchos casos el delito ya prescribió, como fue mi caso, y otros lo siguen analizando. Algunos son más grandes que yo, otros más jóvenes”, dice Jorge en entrevista a MILENIO.
Una de estas 24 víctimas sobrevivió a la burocracia y a las viejas leyes y logró conseguir la orden de aprehensión en contra de Francisco y que vuelve a cimbrar a la Iglesia católica por encubrir a los sacerdotes pederastas en lugar de llevarlos ante la justicia, ahora en la congregación de los Hermanos de La Salle.
De acuerdo con la Fiscalía de la Ciudad de México, Francisco está acusado de cometer delitos sexuales en agravio de la víctima identificada con las iniciales J.E.A.S. y la orden de aprehensión fue girada conforme al contenido de la carpeta de investigación judicial CI-FIDCANNA/E/UI-E-11/00518/11-24.
Jorge Silva conoce y está en contacto con J.E.A.S. y por ahora su defensa aconseja mantener el nombre en reserva, pero muy pronto aparecerá para contar su historia. Entre el abuso sexual de Jorge y el de J.E.A.S. hay una diferencia de cinco o seis años.
“Necesito que me ayudes para ver cómo podemos proceder, hay podcast que hablan sobre mi caso, era un secreto a voces dentro de La Salle que a mí me abusaron. Mucha gente que está relacionada con este caso, porque trataron de apagar el incendio, ahorita ya tiene mucha fama o pertenece a algún partido político. Yo sí quiero proceder porque hubo encubrimiento, me trataron de loco”, le confió J.E.A.S. a Jorge.
El manipulador que usa herramientas psicológicas
“Él (Francisco Serrano) era una persona muy inteligente, depravadamente inteligente. Yo tenía 14 años, mi familia es muy católica. Yo quería ser santo cuando entro a La Salle, y él ocupa, con una perversión tremenda, todas las ilusiones y esperanzas que puede tener un niño y comienza a analizar psicológicamente toda la situación de la familia”, dice Jorge Flores sobre su experiencia con Francisco, sacerdote que tuvo a su cargo a cientos o quizá miles de jóvenes en los seminarios y escuelas lasallistas.
Hubo otro tipo de abusos sexuales. Como del que fue objeto toda una generación completa de estudiantes de secundaria, a la cual llevó de campamento e hizo que los muchachos se desnudaran y movieran sus partes íntimas delante de él, como relata Jorge en Malicia, libro que publicó en 2022, donde narra el modus operandi que usaba este sacerdote para abusar de sus víctimas y cómo las autoridades de los hermanos lasallistas operaron en los más altos niveles para encubrirlo.
“Él comenzó a decirme un montón de cosas que mis papás le contaron de mí para entrar al seminario, porque piden toda la información para ver si eres apto. Y me enteré de un montón de cosas que ni siquiera yo sabía de mí. Me dijo ‘tu papá me dijo esto, tu mamá me dijo esto’, y yo con 14 años, lejos de mi casa, confié en él. Me olvidé de todo, solo él era mi amigo”, cuenta en la entrevista a MILENIO.
“Cuando empezó a abusarme me dice que es porque yo sufrí abuso sexual de niño y estaba tratando de que no me convirtiera un homosexual, que quería comprobar eso, porque me excitaba cuando yo estaba con él. Yo decía, es como una terapia, me están curando. Pero eran estrategias que él ocupaba, superpensadas, era una persona que tenía dentro muchas personas. Tenía un conocimiento muy complejo del espíritu humano, pero en las cuestiones perversas, era un pederasta homófobo, una contradicción completa”, continúa la víctima.
Los contenidos que enseñaban eran machismo puro con misoginia. “Para los hermanos las mujeres eran, como decía Nietzsche, un animal de pensamientos cortos con cabellos largos, nos decían ese tipo de cosas. A mí me destruyó todo eso”.
Los abusos sexuales en el seminario duraron un semestre. “La primera semana que entré, el domingo vamos a dar un paseo al Tepozteco, me quedé dormido y cuando me despierto él tiene sus manos adentro de mi pantalón. Y de ahí en adelante fue así”.
Alguien en ese año denunció a Serrano y fue cambiado de comunidad. Jorge decidió seguir en el seminario porque todavía quería ser religioso, “pero como era muy perspicaz, comenzaba a despertar y decir: Es incongruente lo que están haciendo aquí”.
Cuando Jorge iba en tercer año, Serrano Limón regresó mucho más fuerte y trajo con él más jóvenes seminaristas, con muchísimos más jóvenes seminaristas. Ya no abusó de Jorge, pero el saber que abusaría de otros compañeros lo mantenía siempre en alerta. “Me despertaba la idea de saber lo que iba a hacer también a otras personas, y ya no pude, me dio insomnio, pesadillas, me dormía en las clases, ya no aguantaba la ansiedad”.
En 2007, Jorge desertó del seminario y vino el momento de enfrentarse al mundo. “La escuela que yo recibí [en el seminario] no era sana… te desestructura para que tú te quedes adentro, te hacen sentir que tú vales mucho adentro, que eres muy cabrón, Diosito te va a cuidar, eres de los elegidos, pero cuando decides salirte te mandan a la fregada, te destruyen como persona. Ya te saliste, eres apestado. No te preparan para el mundo, te preparan para comer de su mano”, reflexiona.
Jorge se alejó de la ciudad para sanar su vida. Sin ser consciente de que había sido víctima de abuso sexual, cayó en conductas autodestructivas con alcohol, drogas duras, relaciones peligrosas. A los 26 años se realizó la prueba del SIDA y al abrir el sobre con los resultados, que fueron negativos, “sentí cómo se me helaba el cerebro, mis testículos y los pies, era un frío tremendo, y en ese momento recordé que Francisco me había abusado, porque lo tenía olvidado”.
Fue entonces que se identificó como víctima y empezó a trabajar el daño con el psicólogo y el psiquiatra. Dejó las drogas y el alcohol, pero a veces recaía en sus estados de ánimo. Se retiró a la sierra de Veracruz en donde comenzó a trabajar con las familias de las comunidades indígenas para apoyarlas y asesorarlas en su desarrollo agrícola, construyó escuelas de campo, todo parecía mejorar.
Pero en 2017, Francisco volvió a aparecer en su vida.
“Me entero que lo alejaron de la ciudad y lo mandaron a la sierra de Veracruz y ahí comenzó a abusar de los niños y eso me destrozó porque yo me dedicaba a ayudar a los niños. Fue como atentar otra vez con mi historia. Por lo que denuncié”, revive Jorge.
Lasallistas: más con Maquiavelo que con la Biblia
Además de su denuncia penal, Jorge inició un juicio dentro de la congregación de los Hermanos Lasallistas. Les presentó un pliego petitorio en el que solicitó acercarse y atender a las víctimas de al menos cuatro sacerdotes, incluido Francisco.
Llegaron a un acuerdo que incluía hacer protocolos, atender a las víctimas, un acuerdo económico, una disculpa pública y que el Vaticano apartara a Francisco de la iglesia. Cumplieron a medias. La parte de los protocolos, el acuerdo económico y una disculpa pública, que no incluyó el nombre de Francisco como agresor sexual. El Vaticano le entregó una carta en la que se lee que a Serrano Limón fue separado de la iglesia.
Pero en el caso de las otras víctimas no se hicieron responsables. “Les mandé los casos y ya ni me contestaban”, relata Jorge. Antes que con un psicólogo, las mandaban con los abogados, en un acto intimidante. Tras la denuncia penal de J.E.A.S., la congregación mandó a Francisco Serrano a Italia, para protegerlo.
“Lo económico fue poco, los peritos psicólogos de Ayotzinapa calcularon una cifra, pero La Salle no respetó eso. Acepté poco con tal de que se atendiera el protocolo para atender a las víctimas con una buena metodología de intervención”, dice Jorge.
El proceso de negociación estuvo a punto de romperse por cosas que hacían por detrás los padres lasallistas, como 'comprar' a una de las víctimas para que jugara de 'topo', a doble banda, y traicionara el trabajo que se hacía, denuncia Jorge.
“Fue sumamente pesado ese tiempo, terminé de nuevo mal, muchas secuelas por revictimización. La Salle no sabe atender a víctimas y lo más doloroso es que no le interesó crear un grupo de atención a la víctima sino de manejo de crisis y control de daños”, reclama.
El equipo legal de la víctima sabe que se avecina una fuerte batalla en tribunales porque la defensa de Francisco Serrano Limón está a cargo de Nader Kuri, Asociados y Abogados, y Jorge Nader Kuri es actualmente director del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), nombrado en enero por Ernestina Godoy, fiscal general de la República.
Silva Flores asegura que él y otras víctimas no buscan una venganza, pero sí que la institución reconozca el abuso sexual y el daño sicológico que Francisco Serrano Limón le ocasionó a generaciones enteras de alumnos y que gozó de la protección de la congregación, que sólo lo apartaba de las sedes cuanto salían a la luz las denuncias.
“Cuando me acerqué a ellos les dije: si queremos llegar a buenos tratos, tenemos que leer esto con la Biblia, pero al final lo que hicieron fue leerlo con Maquiavelo”, agrega el entrevistado con ironía.
Cosa de familia
La organización comandada por el hermano de Francisco, Provida, fue una asociación conservadora cercana al gobierno de Vicente Fox.
En 2003 la Cámara de Diputados le asignó 30 millones de pesos para adquirir aparatos médicos y ayudar a mujeres vulnerables, pero organizaciones civiles, entre ellas el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), descubrieron que utilizó el dinero en gastos personales de lujo, como tangas –de ahí su mote–, ropa de diseñador, plumas Montblanc, viajes, transporte personal y operaciones en la Bolsa de Valores.
La Secretaría de la Función Pública confirmó la malversación de fondos por lo que inhabilitó y multó a su presidente Jorge Serrano Limón, y la Auditoría Superior de la Federación presentó la denuncia penal correspondiente.
El líder de Provida combatió la medida en tribunales, pero en febrero de 2016 se ordenó su aprehensión y fue ingresado al Reclusorio Varonil Norte por el delito de peculado. Recobró su libertad tres días después tras pagar una fianza de 25 millones de pesos, equivalente al desvío de recursos públicos imputados.
Ahora a su hermano Francisco le tocará vérselas con los agentes de la Fiscalía capitalina.
Fact checking: JRH
