El elefante azul no está en una sala, o mejor dicho, en un país; se encuentra en varios y para algunos hay un temor a que aparezca también en la habitación mexicana.
Repudiada por muchos y anhelada por otros, la ultraderecha no es un fenómeno político nuevo en el mundo; sin embargo, su avance en algunos países ha impulsado su análisis para entender las implicaciones de tener más gobiernos identificados con sus principios en pleno 2026.
¿Cómo se puede definir a la ultraderecha?
Para Felipe Ávila, director general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), los movimientos de ultraderecha pueden resumirse, principalmente, por una característica: supremacía racial.
“Es un movimiento que surge de pueblos que desde hace más de dos siglos comenzaron a analizar desde un punto de vista, entre comillas, científico, las diferencias que existían entre las razas y, particularmente, desde fines del XVIII.
"Y en el siglo XIX hubo una caracterización de las razas, considerándolas como distintas, y una clasificación también en donde estos estudios, estas corrientes, estas caracterizaciones que se hacían venían de países occidentales, de Europa occidental, particularmente de Inglaterra, de Francia, de Alemania, y hubo una caracterización y una clasificación de las distintas razas, considerando que el modelo histórico que habían construido los países occidentales era lo más avanzado que había en el mundo y que eso se debía a que había diferencias genéticas”, explica el sociólogo en entrevista a MILENIO.
Ejemplo de ello, detalla el académico, fue “el terrible episodio de la humanidad que fue el nacionalsocialismo durante los años de ascenso del nazismo”.
“Creo que fue el extremo de esta concepción que consideraba a lo que ellos denominaban como la raza aria la más avanzada y la que tenía el derecho de conquistar el mundo y no solamente eso, sino que tenía el derecho también de exterminar a lo que consideraban que eran razas inferiores”.
El mito de la raza
El autor del libro Los orígenes del zapatismo explica cómo la ciencia ha refutado la falsa premisa de la existencia de razas superiores, bandera de la ultraderecha.
“Se ha demostrado científicamente que no es así; todos los estudios genómicos demuestran que el ADN de la raza humana es el mismo y que solo hay pequeñas diferencias que obedecen al clima, a la adaptación, al medio ambiente; también la carga genética de los ancestros, pero que en el mundo tan global que tenemos desde hace muchas décadas ha habido un enorme cruce de genes, de características físicas, fisiológicas que hacen que la raza humana ahorita esté más mezclada que nunca en términos genómicos.
“Esta idea de la superioridad de una raza que sería diferente genéticamente a la del resto de las razas, como se pensaba a fines del (siglo) 18 y en el 19, se ha demostrado científicamente que es falsa. Hay una sola raza humana: todos, hombres y mujeres en el mundo, compartimos la misma información genética”.
La amenaza imaginaria
Otra característica de los movimientos de ultraderecha, de acuerdo con el miembro del Sistema Nacional de Investigadores, es una percepción de amenaza que debe ser combatida.
“Se sienten amenazados y, a partir de esa supuesta amenaza, tienen actitudes muy agresivas en contra de lo que consideran que es una amenaza para ellos y a ese derecho divino que tienen de dominar a los demás a partir de su supuesta superioridad”.
En resumen, los movimientos de ultraderecha, para el historiador, son profundamente racistas, religiosos, antimigrantes, misóginos, despectivos de las culturas y de los pueblos que consideran inferiores. Y son movimientos de dominio económico, político, cultural y militar sobre lo que consideran que son pueblos inferiores.
México y la derecha
México no ha sido ajeno a los movimientos de derecha a lo largo de la historia, pues desde la colonia hay indicios de esto: “Los 300 años de dominación española sobre las culturas indígenas originarias de estos territorios tuvieron movimientos que ahora, a la distancia, pueden ser considerados como de derecha”, explica el también doctor en Historia por El Colegio de México.
“Toda la ideología de los conquistadores, de los colonos, eran también movimientos que reflejaban una superioridad religiosa, cultural, civilizatoria sobre los pueblos americanos a los que consideraban inferiores. E incluso llegaron a dudar de que fueran seres humanos. Pensaban que eran algo más parecido a los animales que a los seres humanos y que, por lo tanto, tenían la obligación de trabajar para ellos y de ser explotados por ellos”, abunda.
Ávila rememora una polémica entre Bartolomé de las Casas, fraile dominico, y Juan Ginés de Sepúlveda en el siglo XVI, en donde se discutía si los indígenas americanos tenían alma o no, y por lo tanto, si merecían ser convertidos a la religión católica o no.
“A ese extremo (era) la incomprensión, la diferenciación, las reservas y una actitud contraria de las poblaciones americanas”, detalla.
Otro episodio donde el pensamiento de derecha se hizo presente en México fue en la Independencia.
“Hay un sentimiento de hispanofilia en esta derecha mexicana que se identifica con el catolicismo, con los valores tradicionales de la iglesia, del orden, de la historia colonial de los conquistadores. Desde luego, (Hernán) Cortés ocupa un lugar central en su panteón de héroes”.
El historiador recuerda la existencia de pensadores de derecha “muy valiosos” como Lucas Alamán, a quien coloca como el principal representante de dicha ideología ilustrada del siglo XIX “que tuvo ideas muy brillantes y ocupó un lugar central en la construcción del Estado mexicano”.
“Creo que la derecha mexicana en estos más de 200 años que tenemos como nación independiente ha conservado parte de la herencia que viene de la derecha (decimonónica) con esta identificación con la tradición colonial, con el catolicismo tradicional, con la búsqueda del orden, de la disciplina, de la libertad de empresa, de tratar de construir un proyecto de nación a partir de un poder central, y eso se expresa en la lucha de todo el siglo XIX entre el proyecto conservador y el proyecto liberal”.
Conservadores vs liberales, un ganador claro
Ávila afirma que en los diversos episodios del país en que los proyectos conservador y liberal se han enfrentado, el segundo ha ganado.
“El bando liberal ha derrotado al conservador; lo hizo en la Guerra de Reforma y lo hizo también en la lucha contra la intervención francesa”.
El historiador define a los conservadores como un proyecto monárquico con raíz hispánica e hispanófila, mientras que para él, los liberales se identifican con los pueblos originarios y con las luchas de liberación; de resistencia de etnias originales y después de los grupos mestizos, indígenas, afrodescendientes y con una visión más libertaria, igualitaria, equitativa y federalista.
el datoEl elefante en varios países
Ese elefante de derecha o ultraderecha se ha hecho presente en varias partes del mundo y el continente americano no es la excepción. Países como Estados Unidos, Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Perú, Bolivia y Paraguay han adoptado medidas y políticas asociadas a ese espectro ideológico.
Por otro lado, los gobiernos de México, Brasil y Uruguay son considerados en el espectro ideológico de izquierda.
La dictadura de Victoriano Huerta, para el historiador, puede considerarse un movimiento de ultraderecha, “quizá no ideológicamente, pero en la práctica esta idea de la fuerza bruta y del sometimiento de todas las disidencias y del establecimiento de una dictadura militar y de tratar de militarizar a la sociedad mexicana para aplastar a la revolución, pues es una prefiguración de lo que después sería el fascismo italiano”.
Dos factores, en voz de Felipe Ávila, que limitaron a la derecha católica mexicana fueron la Constitución de 1917 y la Revolución Mexicana.
“En la reforma se estableció la separación del Estado y de la Iglesia; le quitaron a la Iglesia el monopolio sobre la práctica religiosa y comenzaron a limitar su influencia en la educación. En la Constitución del (19)17, la Iglesia Católica es completamente excluida del proceso educativo, tiene prohibido meterse en la educación y se le quitan todos sus derechos civiles y jurídicos.
“Por eso la Iglesia Católica mexicana desconoce a la Constitución del 17 y no se resigna a haber sido derrotada en los campos de batalla y provoca un nuevo enfrentamiento contra el Estado mexicano que surge de la revolución en la Guerra Cristera”.
¿La ultraderecha puede crecer en México?
Para Felipe Ávila, la derecha mexicana está débil, aunque sigue presente y tiene un enorme poder económico, cultural y educativo.
“Creo que la ultraderecha sí tiene un ámbito de acción mucho menor. Creo que en México —por esta tradición laica, republicana, liberal, histórica, en donde ha aplastado en las guerras civiles a los movimientos y grupos conservadores—es un país en donde no hay terreno fértil ni para un crecimiento mayor de las derechas y mucho menos para un crecimiento de las ultraderechas.
“Aunque el problema es que, como sí está viendo un crecimiento muy considerable y muy peligroso de las ultraderechas en Europa, en Estados Unidos y en América Latina y están ganando elecciones y están siendo apoyados por Donald Trump abiertamente y han visto que Trump mismo lo ha reconocido, los va a seguir apoyando, creo que gente como Verastegi o Salinas Pliego, pues están alzando la mano para que los vea Donald Trump a ver si los apoya y que ellos se conviertan en sus aliados, en sus alfiles, en sus hombres para poder desarrollar un movimiento parecido a MAGA en México, pero yo eso lo veo muy improbable, muy muy inviable, muy inviable”.
—¿Qué riesgoso es que los jóvenes pudieran caer en los cantos de las sirenas de actores políticos de ultraderecha?—
“Yo creo que ahí es en donde radica quizá el mayor peligro. Yo, en términos de la competencia política tradicional, no le veo ningún futuro a movimientos, partidos o candidatos de derecha y mucho menos de ultraderecha.
“Pero creo que sí, en donde están teniendo mucha influencia y que pueden multiplicarla, pueden hacerla crecer y extenderse, es en las redes sociales, porque sí hay… y no solamente en México, en el mundo hay una penetración de valores, de ideas, de prejuicios, de desinformación, de manipulación deliberada por parte de gente que invierte mucho en las redes sociales y que bombardea permanentemente, sobre todo a las juventudes”.
—¿A estos discursos de ultraderecha se les tolera, se les respeta, hay que combatirlos o cuál debe ser la posición de la ciudadanía que está en contra de esos discursos?—
"Desde luego no se les puede reprimir. No, no, no se les puede prohibir. Lo que hay que hacer es luchar ideológicamente contra ellos, enfrentarnos con ellos en las redes, desmontar sus mentiras, mostrar sus intereses, desnudarlos, porque además no tienen argumentos; no pueden sostener una discusión en buenos términos porque están llenos de prejuicios y de odio y de estereotipos y les faltan ideas.
“No hay, yo creo, un contenido que pueda ser defendido públicamente y que pueda convencer a la gente en una buena discusión. Entonces, lo que hay que hacer, pues, es entrarle al ring, a pelear con ellos, pero a pelear con ideas, con propuestas, con información verídica, con fuentes verificables, pero sobre todo con otros contenidos que muestren el mundo de otra manera (...)”.
JLMR