Desde marzo del 2019, Roxana Valadez Quintero quien en ese entonces tenía 39 años de edad, detectó que tenía un bulto en su seno derecho, tras acudir a un chequeo con su médico particular fue diagnosticada con cáncer de mama.
A pesar de que ha estado en tratamiento los últimos dos años, la enfermedad no ha cesado, sin embargo, su hija y su familia se convirtieron en su motor para no rendirse y continuar luchando.
"El dolor ha estado constante e incrementándose y entonces hay noches que no duermo, el insomnio no me ha ayudado mucho y así que tú digas: padre, padre no la he pasado (risas) pero tratamos de que esto sea un poco ameno gracias al apoyo de mi familia. Tengo a mi hija también que es mi motor y sin ella no sé qué hubiera pasado, me hubiera dejado, son parte de la fortaleza que encuentro actualmente", dijo Roxana Valadez Quintero.
Actualmente tiene 41 años, es madre soltera de una pequeña de seis años. Antes de ser diagnosticada con esta enfermedad una de las cosas que más amaba Roxana era su trabajo donde se desempeñaba como empleada en una empresa de manufactura electrónica.
Ella se describe como una mujer fuerte, valiente y con ganas de vivir, prueba de ello es que en los últimos dos años le han realizado dos biopsias, una mastectomía radical, 16 quimioterapias, 25 radiaciones, y 16 quimioterapias intravenosas.
Su lucha se ha intensificando pues la enfermedad se volvió más agresiva luego de que le detectaron también metástasis en el cuello y pulmonar.
Su madre y abuela, ambas sobrevivientes de cáncer ahora son un ejemplo para Roxana por lo que, considera la detención temprana de la enfermedad salva vidas.
"No hay como un librito que te diga que hacer si te da cáncer, todos los cuerpos son diferentes y la reacción en cada cuerpo es diferente , pero lo más importante es la detencion a tiempo. Mucha mujeres no lo hacen por miedo, o por pavor, pero es el error mas grande que puedan hacer porque el temor viene después cuando el cuepro empieza a hacer que esta enfermedsad avance y entre mas dure es más dificil y doloroso", comentó.
Parte de su proceso de resiliencia constite en asistir a un grupo con mujeres sobrivientes y que aún luchan contra el cáncer de mama, espacio donde comparten sus vivencias, mismas que las hacen empoderarse y agarrar fuerza para seguir luchando.
"Relacionarte con estas personas que también están enfermas es sensacional porque las experiencias de ellos te ayudan a abrirte la mente para poder echarle más ganas a esto", dijo.
JMH