La basura se asoma a lo lejos, justo antes de llegar. Se eleva en una pequeña montaña revuelta con tierra. La carretera termina y comienza la terracería, el polvo se levanta con el paso de las camionetas. Al fondo la montaña de basura se hace más grande, es el relleno sanitario de El Huixmí. Acá se tira la basura de la zona metropolitana de Pachuca.
El sitio de disposición final de residuos está rodeado por una malla ciclónica polvorienta. Para llegar hay que dejar atrás un par de curvas pequeñas. No hay pavimento ni concreto hidráulico alrededor, solo tierra y calor.
Es mediodía en el ejido de El Huixmí y el Sol no conoce la clemencia. La malla ciclónica que da a la entrada del relleno sanitario está salpicada de 13 árboles de pirul, cuatro de ellos nunca supieron lo que era el agua y murieron, están completamente secos.
La montaña de basura es de unos 20 metros de alto, la basura está mezclada con tierra café. Sobresalen bolsas de plástico de distintos colores, azules, negras, blancas. El viento pasea algunas de ellas en medio del montículo.
Al final de la malla se levanta una caseta de blocks cubierta con láminas, junto a ella hay un árbol aún con vida. Al lado está la puerta que da acceso al relleno sanitario, un camino de terracería aplanado rodea la montaña de basura y se pierde entre los desechos.
Un lazo de unos 30 metros, sostenido de dos postes mal pintados de amarillo impiden el paso momentáneo de camiones y personas, entre cada extremo del lazo hay un cono anaranjado.
Junto a la caseta de acceso se encuentra un hombre, tiene la piel tostada por el Sol. Al mediodía lleva un chaleco rojo que le cubre una camisa mugrienta. En su espalda se lee una palabra en inglés: security.
Su nombre es David Román, guardia de seguridad, un hombre de unos 50 años y quien se desempeña como el encargado de soltar y tensar el lazo para que los camiones y camionetas de basura entren y salgan al relleno sanitario por la puerta principal.
Se cubre de los rayos del Sol con una gorra y lleva un equipo de radiocomunicación en la oreja derecha. A través de este sistema se comunica el encargado del basurero para preguntar si se puede entrar al lugar y se va hacia la caseta de vigilancia.
Operación y reciclaje
El relleno sanitario se encuentra en el ejido de El Huixmí, en el municipio de Pachuca, una zona bastante alejada del centro de la ciudad, en donde un quiosco luce en el centro de la plaza principal de la localidad.
De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente del Estado de Hidalgo (Semarnath), el relleno sanitario de El Huixmí recibe los residuos sólidos urbanos bajo contrato de servicio de disposición final de cuatro municipios: Pachuca de Soto, Mineral de la Reforma, Zempoala y San Agustín Tlaxiaca.
En acuerdo con los ejidatarios de El Huixmí operan en el relleno sanitario dos empresas: Consultas Nacionales de Información y Asesorías (Conadia) y Marsacot, cada una con celdas para para la basura, quienes tienen contrato con los municipios.
El sitio, informó la Semarnath, cuenta con dos celdas independientes, operadas por dos empresas privadas, Conadia y Marsacot, ambas con autorización en materia de impacto ambiental.
Actualmente, precisó la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo, las empresas se encuentran en proceso de construcción de una nueva celda para basura, con el objetivo de ampliar la vida útil del sitio, estimada en 3.5 años.
Señaló que Pachuca de Soto, Mineral de la Reforma, Zempoala y San Agustín Tlaxiaca, en conjunto, generan un ingreso aproximado de 460 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos.
José Román, el guardia de seguridad de chaleco rojo, un hombre bajito y con voz aguda, regresa de la caseta, dice que el encargado del relleno sanitario no ha permitido la entrada ni tomar fotografías del lugar.
Al otro lado de la entrada principal del basurero en la comunidad se encuentra una camioneta roja estacionada; en la parte trasera un hombre vende aguas de sabor, ahí llegan dos mujeres y un hombre con un paliacate que le cubre la boca.
Las dos mujeres y el hombre con la boca cubierta son pepenadores. Ninguno de los tres quiere hablar de eso a lo que se dedican. Las mujeres dicen que les da pena, el hombre también se niega. Un tipo mal encardado, con la piel morena picada por las cicatrices del acné y una sudadera azul, dice que los pepenadores no pueden hablar y que el encargado del relleno sanitario ya dijo que no se puede entrar. Se lleva a los tres pepenadores, cruzan la entrada principal con bolsas en las manos y suben el camino en la montaña de basura.
Rodolfo Copca Islas, comisariado ejidal de El Huixmí, cuenta que el relleno sanitario opera desde hace aproximadamente 30 años, que actualmente Conadia y Marsacot disponen de celdas para la basura de los municipios.
El ejidatario dice que las camionetas particulares tiran entre 65 y 90 toneladas a diario de basura, que son entre 15 y 16 camionetas de servicio privado de recolección de basura, además de los camiones de los municipios.
-¿Y los pepenadores?-, se le pregunta.
-Sí, ellos trabajan ahí en la pepena de los materiales reciclables. A la fecha tenemos alrededor de 180 personas que trabajan día a día en la pepena.
-¿Y qué pepenan?
-Materiales reciclables como botellas, plástico, cartón, todo lo que son desechos reciclables.
-Y los camiones y camionetas qué tipo de basura tiran en el relleno sanitario?
-Pues la basura doméstica, todo lo que se genera en los hogares, a veces van desperdicios de algunas empresas pero que son materiales reciclables, no tóxicos.
Rodolfo Copa dice que el relleno sanitario de El Huixmí cuenta con los permisos necesarios de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo para su operación y disposición final de los residuos.