Policía

Base social y narcotráfico: las veces que la ciudadanía ha exigido la liberación de líderes criminales en México

Desde ‘El Chapo’ Guzmán y hasta los ‘narcobloqueos’ en la Ciudad de México, en múltiples ocasiones el apoyo civil a narcotraficantes ha obstaculizado tanto su arresto como los procesos judiciales que han enfrentado.

En 1973, antes de que los cárteles de la droga se convirtieran en las organizaciones criminales transnacionales que son en la actualidad, el psiquiatra y criminólogo Nils Bejerot acuñó por primera vez en Suecia el término Síndrome de Estocolmo para describir el proceso a través del cual surge una vinculación afectiva entre rehenes y sus captores. El fenómeno, en paralelo al hampa mexicano, le ha permitido a diversos grupos criminales construir una base social sólida, una clave para garantizar su pervivencia a través de décadas.

La simpatía que parte de la ciudadanía ha generado con líderes del crimen organizado no es casualidad. Ante la ausencia de un Estado y contextos político-sociales complejos, más de un capo de la droga se ha erguido como falso justiciero en comunidades. ¿El objetivo? Control social y territorial.

"Ante los vacíos que dejan por acción u omisión tanto el Estado como el mercado en México, surge el crimen organizado para satisfacer las necesidades sociales y monetarias de amplias poblaciones que padecen la exclusión social", explica el Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Isaac Enríquez Pérez, en un artículo publicado en la Revista de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid.

El también sociólogo sostiene que a través de dicha dinámica los grupos criminales pretenden instaurar y normalizar una concepción y forma de vida en la que ciertos sectores pueden ver con "buenos ojos" las operaciones y actividades delictivas de los grupos criminales que asedian sus comunidades.

De este modo, la distribución de despensas o regalos, la “protección” de grupos rivales, o incluso los empleos que generan en distintas zonas del país han llevado a líderes del narcotráfico en México a generar cierta simpatía con parte de la población civil que, de frente a las diligencias de autoridades, no ha dudado en movilizarse para intentar frenar sus arrestos, exigir sus liberaciones o intervenir en sus procesos judiciales.

La marcha para liberar a El Chapo

Las manisfestaciones exigieron evitar la extradición de El Chapo
El cofundador del Cártel de Sinaloa ganó simpatía entre habitantes de su estado natal | Cuartoscuro

Al grito de "¡Que saquen a El Chapo!" y "¡Queremos a El Chapo libre!" una manifestación integrada por aproximadamente dos mil personas se abrió paso por las principales vialidades de Culiacán, Sinaloa tan solo un día después de que Joaquín Guzmán Loera fuera por segunda ocasión arrestado en Mazatlán.

La protesta, que fue documentada por fotoperiodistas de la agencia Cuartoscuro, reunió a cientos de simpatizantes del fundador del Cártel de Sinaloa que desde su bastión exigieron no sólo su liberación sino también un "juicio justo" y que no fuera extraditado a Estados Unidos.

Entonces, El Chapo Guzmán ya se había consolidado como uno de los narcotraficantes más reconocidos del país. Si bien la fama mundial la alcanzaría tras la fuga que protagonizó a través de un túnel del Penal del Altiplano en 2015, al momento de su segundo arresto el capo sinaloense ya contaba con una base social sólida en su estado natal.

De acuerdo con diversos reportes periodísticos, Joaquín Guzmán Loera y su organización delictiva lograron legitimarse en las entidades donde tenían presencia a través de un falso altruismo que contemplaba desde la entrega de despensas hasta la imposición de normas y castigos para aquellos que delinquían sin amparo de su organización delictiva, es decir, que perpetraban actividades criminales como la extorsión, robos y el secuestro cuando éstas estaban prohibidas por su organización.

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Los intentos por frenar la extradición de 'El Chapo'

Tras su tercer y último arresto, algunos simpatizantes del cofundador del Cártel de Sinaloa se manifestaron para intentar evitar su extradición a Estados Unidos. Incluso, un abogado, identificado como José Luis González Meza, se declaró en huelga de hambre tanto para evitar el traslado de 'El Chapo' a Washington, como para argumentar una supuesta detención ilegal del capo.

Hasta la actualidad, la simpatía que alcanzó El Chapo Guzmán en México no es equiparable a la de ningún otro narcotraficante y prueba de ello fue su trascendencia a la narcocultura que permea en el país y que, poco a poco, ha cruzado fronteras. En contra parte, la amplia trayectoria delictiva que acumuló Joaquín Guzmán Loera lo llevaron a enfrentar un juicio en Estados Unidos que concluyó con una sentencia de por vida, misma que cumple en una prisión de supermáxima seguridad en Colorado.

Las manifestaciones de Los Zetas y el Cártel del Golfo

La ruptura de Los Zetas con el Cártel del Golfo reconfiguraron el hampa mexicano
La ruptura de los Beltrán Leyva con el Cártel de Sinaloa y la de Los Zetas con el Cártel del Golfo reconfiguraron el hampa mexicano | Sara Escobar / M

El Cártel del Golfo y Los Zetas se arraigaron en el noreste del país. Desde sus orígenes con Juan Nepomuceno Guerra y hasta la proliferación de sus escisiones que se mantienen en la actualidad, las organizaciones delictivas se han encargado también de conformar una base social aunque de una forma distinta que los grupos criminales del Pacífico.

Por ejemplo, en 2009, tres años después de que el ex presidente Felipe Calderón adoptara su controversial Guerra contra el Narcotráfico como estrategia de seguridad, cientos de personas bloquearon avenidas y accesos sobre la frontera hacia Estados Unidos y organizaron marchas en varias ciudades, incluyendo Monterrey.

De acuerdo con reportes de Reuters, las manifestaciones se registraron en estados del noreste de México en donde el Cártel del Golfo y Los Zetas llevaban años operando no sólo su lucrativo negocio sino también asentando una base social que salió exigir el retiro de las fuerzas armadas de sus ciudades.

Si bien la violencia que desató en el país la también llamada Guerra contra el Narcotráfico fue ampliamente criticada y desaprobada por la ciudadanía, en dicha ocasión el ex mandatario aseguró que las protestas habían sido convocadas y financiadas por las mismas organizaciones delictivas a las que su administración buscaba combatir.

"Quienes ven la merma operacional, logística y financiera de su estructura criminal han pretendido provocar el repliegue del Ejército Mexicano [...] fieles a su condición de cobardes han utilizado incluso mujeres y niños para sus mezquinos propósitos, actúan a traición", sentenció Felipe Calderón durante un evento celebrado en una base militar de Monterrey.

Las investigaciones realizadas por el Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Isaac Enríquez Pérez, refieren que las marchas o protestas públicas que grupos criminales suelen organizar para exigir el retiro del ejército o la policía tienen como objetivo legitimarse como los responsables de la seguridad local, una estrategia más de su intención de construir un sistema paralelo de justicia expedita.

La protesta para evitar la extradición de El 85

El capo mexicano, fundador del CJNG, aceptó cargos relacionados con narcotráfico ante autoridades de Estados Unidos,
Erick Valencia Salazar, El 85, ex socio de Nemesio Oseguera Cervantes | Especial

En agosto de 2024, el nombre de Erick Valencia Salazar resonó con fuerza en el centro de la Ciudad de México. Entonces, el cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se convirtió en protagonista de una protesta que tenía dos objetivos claros.

El primero: frenar su extradición a Estados Unidos, país que lo requería por una acusación presentada en su contra ante una corte federal del Distrito de Columbia. El segundo: exigir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) atraer el amparo promovido por la defensa del también llamado 85 para evitar su traslado al país vecino.

Con consignas como "¡No es un delincuente!", las y los manifestantes intentaron echar para atrás la decisión que meses antes había concedido el juez Quinto de Distrito de Amparo y Juicios Federales en el Estado de México, Alfonso Alexander López Moreno.

Pese a los intentos de sus simpatizantes, Erick Valencia Salazar formó parte del primer paquete de generadores de violencia que el Gobierno de México entregó a Estados Unidos bajo amparo de la Ley de Seguridad Nacional. Reportes del periodista Angel Hernández para MILENIO dan cuenta de que el pasado 7 de abril, El 85 se declaró culpable ante la corte federal de Washington del cargo de tráfico de cocaína que pesaba en su contra.

La base social de El Guano y El Ojos

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Aureliano Guzmán Loera (Especial)

La simpatía que líderes criminales suelen generar en la población civil también ha motivado, en más de una ocasión, que se movilicen para obstaculizar sus respectivos arrestos. El claro ejemplo de esos casos han sido Aureliano Guzmán Loera y Felipe de Jesús Pérez Luna.

El primero, mejor conocido como El Guano, se encargó de forjar una base social sólida en distintas comunidades de Durango donde, de acuerdo con reportes del periodista Óscar Balderas, autoridades federales han intentado arrestarlo en al menos ocho ocasiones.

A sus ochenta años, el hermano del Chapo Guzmán ha logrado escabullirse de las diligencias para detenerlo, en parte, gracias al apoyo civil que tiene en la zona donde opera. Desde avisos anticipados de la llegada de convoys del Ejército Mexicano o de la Secretaría de Marina y hasta el bloqueo del paso a los oficiales forman parte de los episodios que le han permitido al capo sinaloense mantenerse prófugo.

La suerte no fue la misma para Felipe de Jesús Pérez Luna, pese a que el 20 de julio de 2017 una multitud exaltada bloqueaba la Avenida Tláhuac al grito de ¡No pasarán!, El Ojos -como también era conocido- cayó.

La diligencia en la que resultó abatido el líder del Cártel de Tláhuac no sólo representó un golpe al crimen organizado, sino que también dejó entrever la base social que El Ojos y su clan familiar habían logrado edificar toda vez que aquel episodio se convirtió en el primer caso de ‘narcobloqueos’ reportado en la capital del país.

Si bien en distintas partes de México los bloqueos de vialidades son utilizados para obstaculizar el paso de autoridades y, de este modo, ganar tiempo para el escape de los líderes criminales, en el caso del líder del Cártel de Tláhuac los encargados de realizarlos no fueron solo integrantes de la organización delictiva sino también vecinos y simpatizantes de El Ojos.

La base social que el líder criminal acumuló en la demarcación lo respaldó incluso después de ser abatido.
La base social que 'El Ojos' asentó en Tláhuac lo respaldó incluso después de ser abatido | Saúl López / Cuartoscuro

Según narra una entrega del periodista Óscar Balderas para DOMINGA, la base social del Cártel de Tláhuac defendió hasta el último momento la supuesta inocencia de Felipe de Jesús Pérez Luna al tildarlo como un “hombre que da trabajo” y se hizo presente al tratar de impedir que las autoridades se llevaran su cuerpo. Días más tarde el funeral de El Ojos acaparó la atención mediática por los cientos de personas que acudieron a darle el último adiós.

Aunque son diversos los factores que convergen para que un líder u organización criminal alcance una base social sólida, dicho factor ha dejado a su paso escenas en donde las mismas comunidades que también han sido víctimas de su asedio y violencia, son capaces de tomar las calles para abogar por la liberación de sus captores.

ATJ

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Anel Tello
  • Anel Tello
  • Periodista egresada de la FCPyS, UNAM. Amo los ositos cariñositos pero cubro temas de narcotráfico, justicia y seguridad. Aprendiz de realidades.
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