Líderes, operadores logísticos, jefes de seguridad y pistoleros que un día formaron parte de la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa están en manos de la justicia estadounidense. Al menos desde 2023, el Departamento de Justicia arrancó una cacería en contra de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán y sus colaboradores al señalarlos como parte de una prolífica red de tráfico de fentanilo, aquel diminuto pero potente opioide sintético que desató una crisis de salud pública en su territorio.
Desde entonces, ante distintas cortes federales -y en especial en la del Distrito Sur de Nueva York- se han presentado acusaciones formales, por distintos delitos, que poco a poco han motivado la extradición o entrega de miembros de la facción que han sido previamente arrestados en México.
Aunque el desarrollo de algunos casos se ha mantenido reservado, de otros se conoce que la situación jurídica que enfrentan en el país de las barras y las estrellas los ha llevado, junto a sus respectivas defensas legales, a un solo camino: la negociación. Es a través de acuerdos de culpabilidad que los acusados pueden conciliar desde beneficios carcelarios, seguridad para sus familias y hasta sentencias reducidas a cambio de algo aún más valioso para la fiscalía: información.
Si bien los términos de cada convenio dependen de distintos factores para cada uno de los acusados, dicho recurso ha sido utilizado durante décadas por la justicia estadounidense para obtener testimonios y/o pruebas que les permitan conformar otros casos judiciales. Aunque algunos acuerdos de culpabilidad no necesariamente contemplan cooperación, en el caso específico de Los Chapitos, la cantidad de sus integrantes de diversos niveles que se encuentran bajo resguardo de autoridades estadounidenses abre la posibilidad de acceso a información sobre las operaciones, recursos, contactos y hasta miembros que aún están prófugos de dicha facción del Cártel de Sinaloa.
Ovidio y Joaquín Guzmán López
Los miembros de más alto rango de Los Chapitos que Estados Unidos tiene bajo su resguardo son, nada más y nada menos, que Ovidio y Joaquín Guzmán López, ambos hijos del cofundador del Cártel de Sinaloa.
El caos que se desató tras el primer Culiacanazo en 2019 hicieron de El Ratón, como es mejor conocido el primero, un objetivo prioritario para la administración del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, no fue sino hasta los primeros días del 2023 que finalmente autoridades federales lograron su arresto en la sindicatura de Jesús María en Culiacán.
Pese a que nuevamente el operativo desató disturbios y una respuesta violenta por parte de pistoleros del Cártel de Sinaloa, el cometido se logró y Ovidio Guzmán López fue trasladado, primero, a la Ciudad de México y posteriormente a las inmediaciones del Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 1 donde permaneció nueve meses.
En septiembre, los cargos que pesaban en contra de Ovidio Guzmán López en cortes federales del Distrito Sur de Nueva York, el Distrito de Columbia y el Distrito Norte de Illinois motivaron su extradición a Estados Unidos en donde sus negociaciones no se hicieron esperar.
Pese a que durante su primera comparecencia se declaró como no culpable, una serie de sucesos comenzaron a trazar el camino hacia un cambio de declaratoria. Desde la desestimación de los cargos por narcotráfico en Nueva York y hasta la entrega de al menos 17 de sus familiares a Estados Unidos fueron las pistas del acuerdo de culpabilidad que El Ratón formalizó en julio de 2025.
De acuerdo con reportes del periodista Angel Hernández para MILENIO, el hijo de El Chapo aceptó la responsabilidad de cuatro cargos por crimen organizado y drogas, al tiempo de que se comprometió a colaborar de forma continua para que, de este modo, la fiscalía solicite a la corte una reducción en su sentencia.
"Hay un acuerdo de cooperación, de asistencia para cooperación o testimonio [...] si el acusado continúa con una asistencia sustancial, el gobierno está preparado para solicitar una disminución con base en una moción 5k", apuntó la fiscalía.
Los pasos y estrategias que Ovidio Guzmán López dio para evadir un futuro igual de desafortunado que el de su padre fueron seguidos de cerca por su hermano Joaquín, no obstante, El Güero apostó por una reducción del riesgo no sólo al entregarse voluntariamente a autoridades estadounidenses sino también por haberse llevado consigo a un pez más grande:Ismael El Mayo Zambada .
El 25 de julio de 2024 el hijo de El Chapo y el también llamado Señor del Sombrero aterrizaron en un aeródromo cercano a El Paso, Texas donde los esperaban agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) que los pusieron bajo resguardo. A través de una misiva, el confundador del Cártel de Sinaloa y las investigaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) confirmaron que Joaquín Guzmán López planeó y ejecutó su secuestro.
El Güero entregó a El Mayo Zambada en miras de obtener beneficios con autoridades estadounidenses tanto para su propio proceso como para el de Ovidio. La fiscalía descartó darles créditos por dicho caso, sin embargo, le permitieron a Joaquín Guzmán López acceder a un acuerdo de culpabilidad similar al de su hermano.
Para el primero de diciembre de 2025, se convirtió en el segundo hijo de El Chapo en pronunciar en dos ocasiones la palabra "culpable" ante la jueza Sharon Johnson Coleman de la corte del Distrito Norte de Illinois. ¿Los cargos? Conspiración para traficar drogas y crimen organizado.
“Hay una previsión de cooperación [...] si el acusado sigue cooperando […]solicitaremos una reducción de la condena de prisión de por vida. Además, hay una cláusula de aseguramiento de bienes por 80 millones de dólares”, apuntó el fiscal al frente del caso, Andrew Erskine, de acuerdo con una crónica sobre la audiencia realizada por Angel Hernández para MILENIO.
Los acuerdos de culpabilidad firmados por los hermanos Joaquín y Ovidio Guzmán López definirán no sólo el tiempo que pasarán en prisión, sino también el destino de la facción del Cártel de Sinaloa que, hasta el momento en el que se escribe esta nota, continúan encabezando otros dos de sus hermanos: Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar.
El Güerito: el cerebro operativo de Los Chapitos
Otro de los alfiles de alto perfil de Los Chapitos que Estados Unidos tiene bajo resguardo responde al nombre de José Ángel Cannobio Inzunza. Aunque durante su trayectoria criminal no acaparó tanta fama como a la de los hijos de El Chapo, el también llamado Güerito era uno de sus operadores logísticos más importantes, llegando incluso a ser considerado como un posible sucesor de Iván Archivaldo Guzmán Salazar.
Su caída se enmarcó en la guerra intestina que se desató en el Cártel de Sinaloa tras la traición de Joaquín Guzmán López a Ismael El Mayo Zambada. Si bien El Güerito continuó alineado con la facción de los hijos del Chapo, la presión por pacificar el estado, así como una serie de traiciones en los peldaños más altos de la organización delictiva, culminaron en su arresto el 19 de febrero de 2025.
Tan sólo una semana después, José Ángel Cannobio Inzunza se convirtió en parte del primer paquete de generadores de violencia que el gobierno de México entregó a Estados Unidos. El socio de Los Chapitos contaba con una acusación en su contra en el Distrito Norte de Illinois.
Al igual que Ovido y Joaquín Guzmán López, durante su primera comparecencia El Güerito se declaró como no culpable, sin embargo, su as bajo la manga se ubicaría en su defensa legal, la misma que ya había conseguido negociar acuerdos de culpabilidad para los hijos del Chapo: el litigante Jeffrey Litchman.
Los detalles sobre el caso de El Güerito se han mantenido reservados, no obstante, su perfil y el rol que desempeñaba en la estructura de Los Chapitos podría resultarle suficiente para negociar con la fiscalía beneficios carcelarios o de condena a cambio de información sobre los lucrativos negocios que operó junto a los hijos de Joaquín Guzmán Loera.
Los Ninis: las claves del aparato de seguridad
Si existe alguien dentro de un organigrama criminal que tenga conocimiento sobre las rutas, casas de seguridad, contactos y ubicaciones de sus líderes, ese es un jefe de seguridad. Dentro de Los Chapitos, ese puesto lo tuvo durante años Néstor Isidro Pérez Salas.
Una reputación sanguinaria, el gusto por las redes sociales y personajes de la farándula, así como la coordinación de un séquito de pistoleros forjaron la trayectoria criminal del también llamado Nini quien, tras los disturbios generados en Culiacán para evitar el arresto de Ovidio Guzmán López en 2019 y 2023, también se convirtió en objetivo prioritario de autoridades de ambos lados de la frontera.
Su arresto se reportó en noviembre de 2023 y seis meses más tarde, en mayo de 2024, fue extraditado a Estados Unidos. Aunque también pesaban cargos en su contra en el Distrito de Columbia, Néstor Isidro Pérez Salas fue trasladado a Nueva York donde enfrenta una acusación por delitos como crimen organizado, tráfico de drogas, posesión de armas de fuego y lavado de dinero.
A diferencia de los hermanos Guzmán López, el caso de El Nini quedó sellado para el público, sin embargo, meses después de su llegada a territorio estadounidense fuentes consultadas por los periodistas Luis Chaparro y Angel Hernández para MILENIO confirmaron que el jefe de seguridad de Los Chapitos ya se encontraba negociando con la fiscalía y que, incluso, ya contaba con la redacción de su acuerdo de culpabilidad.
Se espera que las condiciones de dicho acuerdo, así como su estatus jurídico sean dados a conocer por autoridades estadounidenses, en tanto, El Nini permanece recluido en el Centro Metropolitano de Detención en Brookly, a donde un año después de su extradición también se encontraría con dos de sus subordinados: Martín Zazueta Zazueta, alias El Piyi; y Kevin Alonso Gil, El 200.
Bajo las órdenes de El Nini, los dos eran pistoleros, sin embargo el arresto y extradición de su líder los llevó a ascender en la estructura criminal al punto de ser descritos por el Departamento de Justicia como jefes del aparato de seguridad de Los Chapitos, responsables de liderar a sicarios armados con rifles tipo militar como AK47, M16, AR15 y lanzagranadas.
Las capturas de El Piyi y El 200 se suscitaron también en el marco del estallido del conflicto entre Chapitos y Mayos que se desató desde septiembre en 2024 en Sinaloa. Si bien su rol como lugartenientes era clave para el conflicto, su destinó los llevó a comparecer ante la justicia estadounidense en el Distrito Sur de Nueva York donde pesan cargos en su contra y donde podrían brindar información de relevancia para la fiscalía en miras de obtener beneficios en sus respectivos procesos judiciales.
En México, el conflicto interno de la organización delictiva no ha dado tregua desde hace más de un año mientras que en Estados Unidos, los procesos judiciales que enfrentan miembros de Los Chapitos se perfilan a impactar en hampa mexicano a través de nuevas acusaciones que podrían estarse cocinando gracias al acceso a información que autoridades estadounidenses han tenido sobre la que un día fue una de las facciones más poderosas del Cártel de Sinaloa.
ATJ