Los últimos diez años, la violencia tuvo varios nombres y apellidos en el valle de Apatzingán, pero hubo que destacó por su nivel de crueldad y ambición, al que poco le importó que la sangre derramada fuera de su misma gente porque le importaba más demostrar quién era el que mandaba aquí.
Su nombre, César Alejandro, conocido también como El Bótox, quien hoy enfrenta a la justicia michoacana por el homicidio de Bernardo Bravo Manríquez, un productor nativo de tierra caliente que lo enfrentó y denunció por los cobros de cuota por la comercialización del limón.
La audiencia inicial no solo reveló que él controlaba los precios del cítrico y las extorsiones en la región, sino también los destinos de la gente. Entre los datos de prueba presentados por el agente del Ministerio Público se encontró el testimonio de Alma Delia, una mujer que sufrió la desaparición de su esposo Éibar Rangel Prado, de origen venezolano, presuntamente a manos de Los Blancos de Troya.
En su declaración, realizada el 21 de octubre, la mujer relató que El Bótox se jactaba de ser “el que decidía quién moría” en Cenobio Moreno. “Los mataba frente a sus hijos”, aseguró. Dentro de las víctimas a manos de César Alejandro, pudo estar también el padre de Bravo Manríquez, conocido como don Berna, ya que una vez “él mismo se adjudicó la muerte”.
El Bótox sembró el miedo entre su misma gente y lo aprovechó para movilizarlos a su antojo. Cuando Bernardo encabezaba a los productores en las protestas para mejorar el precio del limón, el capo habría ordenado boicotear el movimiento. “Si no lo hacían, se los iba a chingar”, contó la mujer.
'El Many' habría llevado a Bernardo Bravo a la muerte
Alma, quien conocía al presunto criminal desde hace cuatro años, reconoció que trabajó con Jazmín Sepúlveda Arellano, su hermana. Tenía un negocio similar a una tienda y por el cual desfilaban los hombres más cercanos a El Bótox, como El Manny, personaje que llevó a Bernardo con el líder de Los Blancos de Troya el día de su muerte.
Otros más, dijo, eran El Pantano, detenido días después del crimen, El Batman y El Timbas, este último, responsable de cobrar las cuotas y entregarlas a Blanca Esmeralda, la pareja del capo también capturada. La Güera, como también se le conocía, recibía el impuesto narco cobrado en tiendas hasta bodegas de almacenamiento de plátanos desde Cenobio Moreno hasta Chandio.
Además de ser presuntamente la operadora financiera del cártel, la mujer le llevaba comida a su esposo en un rancho propiedad de Cirilo Sepúlveda, su suegro. Allí, donde el 19 de octubre recibió un disparo en la cabeza el presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, se reunían todos los domingos.
“Nos mandaba a dejarles comida y medicamentos, ahí también bebían”, afirmó Alma.
Todos debían servir a 'El Bótox', hasta personas con discapacidad
Otro testimonio que salió a relucir fue el de Emmanuel, un hombre presuntamente obligado a formar parte de la organización criminal aliada con Los Viagra y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Su relato demostró la frialdad con la que actuaba el hoy imputado. No importaba quién fuera, todos debían servirle, incluso, fuesen personas con discapacidad como él.
La mañana de 21 de octubre, dos días después del crimen del líder limonero, varios vehículos se estacionaron frente al negocio de plásticos y cobijas de su madre. En un principio creyó que se trataban de los cobradores de cuota, sin embargo, el modelo de las unidades no le fue familiar.
Descendieron varios hombres, uno apodado El Perfumado, porque llegó a vender lociones antes de ser sicario, y otro alias El Betarros. El primero sacó una tableta y un radio y, sin consultar, se los entregó. “A partir de ahora vas a trabajar para Los Blancos de Troya”, le dijeron.
Valiéndose de su discapacidad, la cual se dio tras quedar en medio de un enfrentamiento armado hace cuatro años, le sentenciaron que su patrón inmediato sería El Timbas y el propio El Perfumado. No aceptó en un inicio, por lo que fue tirado de su silla, recibió tres tablazos y fue golpeado en la cara.
En medio de la tunda, dentro de un vehículo compacto apareció El Bótox, quien estaba sentado del lado del copiloto. “No se pase de verga, compa. Si me chingué al ojete del limonero, que no te mate a ti”, le advirtió.
Los golpes y la advertencia le hicieron reflexionar y aceptó, al menos en el tiempo en que estuvieron ahí los hombres armados. Encendió la tableta y pudo ver que estaba conectada a 16 cámaras de videovigilancia, entre ellas, una vinculada al Tianguis Limonero.
Con este equipo tenía que monitorear el día a día, sobre todo, del gobierno y de aquellos que pudieran representar un peligro para la organización. Le proporcionaron cinco números telefónicos para este fin.
Emmanuel no duró mucho como “halcón”, pues a la primera oportunidad pidió ayuda a un convoy de militares y policías que circulaban por su negocio. Su colaboración permitió que un día después, el 22 de octubre, fuera detenida Blanca Esmeralda, La Güera, la pareja de El Bótox.
Ese día acababa de cobrar la cuota, eran mil 500 pesos los que daba semanalmente. Entre sus pertenencias, le encontraron dos celulares, donde tenía conversaciones con su pareja. “Borra todos lo del celular” y “estate al pendiente”, eran parte de los chats que recibió.
Un testimonio más fue el de un hermano de Bernardo Bravo, quien confirmó que días antes del crimen del líder limonero, este fue privado de la libertad por más de 24 horas y después sufrió del robo de maquinaria, del despojo de tierras y un intento de cobro de piso de 400 mil pesos.
Todas estas pruebas, finalmente, incriminaron a El Bótox, al menos en el hecho de que él dirigía a una organización criminal, aunque para el juez de control no hay prueba fehaciente que lo señale como la persona que disparó u ordenó matar al productor... Y de las otras muertes, menos.
ROA