La disputa entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la Nueva Familia Michoacana se ha consolidado como una de las más complejas del crimen organizado en México.
Dicha rivalidad no sólo está marcada por enfrentamientos armados, sino también por alianzas estratégicas que han reorganizado el mapa del narcotráfico en el país.
En MILENIO te contamos lo que sabemos sobre el origen de esta rivalidad, así como los puntos clave en el crecimiento y las operaciones de cada una de estas organizaciones delictivas.
Aunque actualmente son considerados rivales en diversas regiones, investigaciones de autoridades y especialistas en seguridad, han documentado que ambas organizaciones han colaborado en momentos clave para el tráfico de drogas, el control de rutas y el combate a enemigos comunes.
Este comportamiento, de acuerdo con analistas, responde a una lógica operativa del crimen organizado en México, donde los cárteles pueden enfrentarse en un territorio mientras mantienen acuerdos en otros, dependiendo de sus intereses estratégicos.
La ruptura que dio paso a la guerra
De acuerdo con información brindada por Anel Tello, el origen de esta rivalidad se remonta a la fragmentación del Cártel del Milenio, una organización criminal que operaba en Michoacán y que, tras la detención de su líder Óscar Nava Valencia en 2009 y la muerte de Ignacio Nacho Coronel en 2010, se dividió en dos facciones: La Resistencia y Los Torcidos.
De esta última surgiría el CJNG, encabezado por Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, quien consolidó su liderazgo a partir de una estrategia de expansión territorial y violencia sostenida.
En contraste, La Resistencia se alineó con La Familia Michoacana, lo que marcó uno de los primeros enfrentamientos indirectos entre ambas estructuras criminales.
Con el paso de los años, estas organizaciones evolucionaron, pues el CJNG se consolidó como un cártel con presencia nacional e internacional, mientras que La Familia Michoacana se fragmentó y dio paso a nuevas estructuras, entre ellas la Nueva Familia Michoacana, actualmente encabezada por los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, conocidos como El Pez y La Fresa.
Fundado oficialmente en 2010, tras la caída del Cártel del Milenio, el CJNG logró expandirse rápidamente aprovechando conflictos entre otras organizaciones.
Bajo el liderazgo de El Mencho, el cártel consolidó su presencia en estados como Jalisco, Colima y Nayarit, además de extender sus operaciones a regiones como la Riviera Maya, el Bajío, la frontera norte y parte del centro del país.
De acuerdo con reportes de seguridad, el CJNG ha logrado establecer presencia en gran parte del territorio nacional, incluyendo zonas en disputa como Guanajuato, donde mantiene enfrentamientos con otros grupos, así como el Estado de México y la Ciudad de México.
Su estructura operativa, basada en células con cierto grado de autonomía, le ha permitido tanto expandirse como sostener conflictos simultáneos en distintas regiones.
La Familia Michoacana: de grupo regional a red criminal
Por su parte, la Nueva Familia Michoacana tiene sus raíces en una organización fundada en la década de los 2000, con el objetivo de frenar el avance de Los Zetas en Michoacán.
Con líderes históricos como Nazario Moreno, El Chayo, y posteriormente figuras como José de Jesús Méndez, El Chango, la organización combinó el narcotráfico con un discurso ideológico y religioso que le permitió construir base social en sus zonas de influencia.
Tras múltiples fracturas internas, la estructura actual quedó en manos de los hermanos Hurtado Olascoaga, quienes transformaron el modelo operativo del grupo, diversificando sus actividades criminales.
Actualmente, además del tráfico de drogas, la Nueva Familia Michoacana ha desarrollado un esquema de extorsión que impacta en estados como Guerrero, Estado de México, Michoacán y Morelos.
Territorios en disputa y zonas de influencia
Ambas organizaciones mantienen presencia en regiones estratégicas del país, específicamente en el centro y sur, donde se disputan municipios clave en Guerrero y el Estado de México.
En zonas como Taxco, por ejemplo, el periodista Xavier Jiménez ha documentado la presencia de ambos cárteles, lo que ha derivado en enfrentamientos y en el establecimiento de retenes clandestinos para controlar el ingreso de grupos rivales.
Mientras tanto, el CJNG ha logrado consolidar bastiones en el occidente del país, especialmente en Jalisco y estados colindantes, además de fortalecer su presencia en rutas clave hacia Estados Unidos.
Por su parte, la Nueva Familia Michoacana mantiene control en regiones específicas donde ha consolidado su influencia mediante redes locales y esquemas de cobro de piso.
Alianzas estratégicas: cuando los rivales colaboran
A pesar de su rivalidad, ambas organizaciones han establecido alianzas en distintos momentos, principalmente para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
De acuerdo con información de la periodista Anel Tello, el CJNG ha proporcionado recursos y capacitación a la Nueva Familia Michoacana, incluyendo el uso de drones en operaciones, lo que ha fortalecido sus capacidades en ciertos territorios.
Asimismo, ambas estructuras han compartido rutas clave, como el puerto de Lázaro Cárdenas y corredores fronterizos en Tamaulipas, utilizados para el traslado de drogas como cocaína, metanfetamina y fentanilo.
Sin embargo, estas alianzas suelen ser temporales y responden a intereses específicos, lo que no elimina los conflictos que mantienen en otras regiones.
Mientras ambos grupos continúan disputando territorios y expandiendo sus operaciones, su capacidad para colaborar en ciertos escenarios ha complicado las estrategias de seguridad y ha mantenido un escenario de violencia en diversas regiones del país.
Ante este contexto, especialistas advierten que las relaciones entre ambas organizaciones seguirán influyendo en el crecimiento del narcotráfico en México.
AG