M+.- Los ojos de los grupos criminales en México no sólo observan sus propias peleas en el territorio nacional: también están atentos a los avances tecnológicos que van surgiendo en el mundo que puedan darles ventajas frente a sus oponentes. Su mirada se posa sobre armerías rusas, ucranianas, israelíes… y sobre sus propios “departamentos de innovación y desarrollo”.
En septiembre de 2025, MILENIO publicó que el gabinete de seguridad del gobierno mexicano había interceptado comunicaciones entre miembros de un cártel con presencia en Michoacán y Jalisco, quienes, inspirados en la guerra entre Rusia y Ucrania, deseaban traer a México una serie de drones con fibra óptica, es decir, alámbricos y resistentes a los sistemas “bajadrones”. La última tecnología en ataques aéreos.
Cerca de 13 meses después, el mismo gabinete de seguridad confirmó en un boletín publicado este 6 de octubre que militares en Sinaloa incautaron, entre otros artefactos, 15 drones con sus respectivos controles y 15 rollos de cable de fibra óptica. El deseo se había convertido en una realidad confirmada oficialmente: la ingeniería al servicio de un conflicto binacional europeo, a más de 11 mil kilómetros de México, ya estaba en manos de sicarios.
Con bases abiertas, boletines oficiales de gobiernos extranjeros y catálogos de empresas de seguridad privada, este diario buscó cuáles son las innovaciones tecnológicas ya usadas en otras latitudes del mundo que podrían ser implementadas a corto y mediano plazo por organizaciones criminales.
La solución más común es modificar los drones que ya poseen los ocho cárteles considerados como grupos terroristas extranjeros por Estados Unidos: a esos se les dota de visión artificial y autonomía para que puedan reconocer y seguir a un objeto o persona. Las autoridades tendrán que ajustar sus estrategias porque será cada vez más complicado detener a un operador de estos artefactos, pues los “droneros” podrían convertirse en un oficio criminal sustituido por la inteligencia artificial (IA).
El 25 de junio, el Ministerio de Defensa de Ucrania emitió un boletín oficial en el que presumía que su Centro de Inteligencia Artificial impulsa proyectos estratégicos para transformar a sus Fuerzas de Defensa en un ejército basado en inteligencia artificial y los drones de visión artificial ya son parte de su arsenal: atacan remotamente a objetivos enemigos y reducen la exposición de los militares ucranianos.
“Hay que quitarnos la idea de que (los cárteles) improvisan todo. Funcionan como si tuvieran su propio ‘departamento de investigación y desarrollo’ que busca resolverles problemas. No inventan el hilo negro: todo el tiempo ven qué pasa en las guerras de otros países, qué les sirve y lo adaptan a su negocio y forma de operar”, explica Cristian Jiménez, especialista en entrenamiento y armas de fuego.
“Todo esto tiene que ver con la inmediatez que recibimos como información. Lo que buscan está en Instagram, TikTok o YouTube, y esto genera interés. Las nuevas armas, explosivos y equipamiento están disponibles gratuitamente y hasta explicadas con entrevistas a soldados de fuerzas especiales”, añade Alexei Chévez Silveti, experto en combate y supervivencia policial.
Equipos ‘hechizos’, baratos y eficientes
Una vez inspirados en lo que ven en redes sociales, los cárteles hacen compras de tecnología de “doble uso”, es decir, aparatos que se venden legalmente para campos como agricultura, minería o fotografía, pero que con ajustes mínimos pueden usarse para fines bélicos. A través del internet profundo o el mercado negro, compran pieza por pieza para no prender focos rojos en las aduanas.
Y si el gobierno tiene a sus expertos, el crimen organizado también: contratan a especialistas en drones, comunicaciones y vehículos que resuelven sus problemas. El crimen, asegura Cristian Jiménez, evalúa sus siguientes compras con una pregunta simple: ¿es barato, se consigue fácil y me resuelve el problema? Si la respuesta es sí, lo adquieren.
“Por ejemplo, el acceso a escáneres de radiofrecuencia de bajo costo se ha democratizado muchísimo. Esto le permite a grupos delictivos monitorear en tiempo real exactamente de dónde salen las transmisiones de comunicación de las fuerzas de seguridad, dándoles la ventaja para preparar una emboscada o simplemente replegarse a tiempo”, asegura el especialista.
Otra tecnología disponible en el mundo es una alternativa a los coches bomba de los cárteles mexicanos que aún utilizan conductores humanos para estacionarlos donde detonen. La novedad son vehículos terrestres a control remoto o guiados por cable que pueden portar explosivos improvisados. Están pensados para meterse en zonas urbanas o rurales muy densas y vulnerar accesos fortificados, portones o unidades blindadas sin arriesgar personal.
En septiembre, el gobierno de Ucrania reconoció que sus misiones con vehículos terrestres no tripulados (UGV, por sus siglas en inglés) se han multiplicado por 3.3 desde principios de 2026. Tan sólo en agosto, estos vehículos realizaron más de 25 mil tareas de logística y evacuación en el frente, pues no sólo funcionan para detonar, sino que sustituyen a personas que transportan municiones, agua y alimentos, e incluso evacúan a combatientes heridos.
El software es tan importante como el hardware. Nueve meses antes del conflicto entre Israel y Hamás, el gobierno encabezado por Benjamin Netanyahu anunció el desarrollo de un nuevo centro del Ministerio de Defensa para crear simuladores de vuelo de guerra. Ese tipo de programas, afirman los expertos, podrían ser modificados rápidamente por programadores al servicio –o reclutados a la fuerza– del crimen organizado en México para simular batallas y emboscadas contra rivales, policías o militares y así maximizar el número de muertes.
“En lo particular, me preocupa de manera crítica los ‘ataques en enjambre’ con drones. Es una lógica que viene de la guerra naval: saturar los mecanismos de defensa de una embarcación. Es decir, un ataque basado en números”, reflexiona Cristian Jiménez.
Fuerzas armadas deben adelantarse y pasar a la ofensiva
En la carrera armamentista, teóricamente, un gobierno tiene mayores posibilidades de triunfar que un grupo clandestino. Las dos principales ventajas son los presupuestos y la capacidad de comprar de manera inmediata la última tecnología disponible. Un cártel jamás será tan rico como un país y ni tan rápido como un ejército que sí puede comprar en un mercado formal y quitar las trabas que hay en los sistemas de detección de armas en aeropuertos, puertos y aduanas.
“Nuestras fuerzas armadas todavía están jugando a la defensiva: están adquiriendo equipos para bloquear las señales de los drones, para detectarlos, pero todavía no están incorporando técnicas y tácticas con la lógica de un ataque. Yo creo que eventualmente vamos a llegar ahí –ojalá rápido– pero es difícil porque primero hay que aprender qué está sucediendo en otros frentes de guerra desde los ejércitos formales, ya no los grupos criminales”, dice Alexei Chévez Silveti.
Antes que los cárteles, la Defensa Nacional y la Marina podrían tener acceso a tecnología extranjera como las torretas antidrones con IA, que detectan, siguen y apuntan automáticamente a drones enemigos, tal y como se usa desde mayo pasado en la guerra entre Rusia y Ucrania.
O incluso, podrían conseguir lo último en cartuchos: la munición merodeadora, es decir, un aparato que lleva una carga explosiva y puede permanecer en vuelo a la espera de un objetivo, al cual ataca y destruye. Es una creación llamada Klin, de la empresa rusa Roboavia, un claro ejemplo de la globalización al servicio de los conflictos globales: chips estadunidenses, motores chinos y electrónica suiza para alcanzar una velocidad de hasta 300 kilómetros por hora y operar a alturas de hasta 2 mil metros.
“Nuestras fuerzas armadas y policiales están diseñadas para responder ante amenazas convencionales. Es la fecha que se ha intentado, pero no ha sido posible, desarrollar una doctrina, entrenamiento y equipo adecuado contra ataques de drones del crimen organizado. Si esto llegara a suceder, apoyándose en la superioridad numérica, un ataque coordinado y simultáneo con múltiples drones puede saturar y rebasar la capacidad de respuesta de cualquier escolta, vehículo o instalación militar o policial”, asegura Cristian Jiménez.
“Y si combinamos estas plataformas con explosivos de alta densidad o cargas dirigidas, el nivel de daño se dispara. Con una inversión financiera sumamente baja para la organización criminal, se pone en riesgo directo la infraestructura estratégica del país: desde refinerías y redes eléctricas hasta centros de mando o aeronaves operativas en tierra”, advierte el especialista.
Los cárteles miran las guerras del mundo para preparar sus próximos ataques. México no debe esperar para preparar su defensa.
Fact checking: JRH
MD
