Los resultados de la pasada elección a diputados locales en Coahuila fueron desastrosos para el PAN, no sólo quedó relegado a tercera fuerza a nivel estatal, sino que hubo distritos, sobre todo en el norte de la entidad, en donde la debacle fue mayor y terminó en la cuarta, quinta, sexta o hasta séptima opción en votos.
Los factores que explican estos resultados son variados y abarcan desde una dirigencia poco activa, candidatos débiles en muchos distritos, falta de trabajo electoral, campañas poco innovadoras, la atomización del otrora voto útil que tanto benefició al PAN en elecciones pasadas y conflictos internos que vienen arrastrando desde hace años.
Todo partido puede tener malos resultados, lo grave es no aprender de ellos y me sorprende que después de los mismos no se perciba ni una pizca de autocrítica al interior del PAN, sobre todo de la dirigencia encabezada por Jesús de León, que por el decoro básico de un líder que obtuvo dichos resultados debió haber presentado de forma inmediata su renuncia, para permitir que el partido pueda implementar una estrategia diferente para las elecciones de 2021.
No es arriesgado decir que el PAN se juega su relevancia en Coahuila en 2021. Si no logra el triunfo en alguno de los principales municipios de la entidad, podría verse relegado de forma permanente como tercera fuerza electoral, sin una injerencia de peso en los asuntos públicos de la entidad.
Por ello, creo que al PAN le urgen varias cosas, la primera es un cambio de liderazgo, que sea producto de la negociación de los diferentes grupos que conforman al partido, segundo, tienen que lanzar a sus mejores candidatos en 2021 y más importante aún, tienen que comenzar a hacer trabajo político en serio, a tener presencia en las colonias, a abrir el partido a la ciudadanía, a rescatar causas sociales y hacerlas su bandera, ya que de lo contrario, con un segundo revés al hilo, podrían tardar años en recuperarse.
@victorsanval