Cuba lleva inmerso 67 años en una dictadura que ha demolido el progreso en la isla y ha condenado a sus habitantes a la pobreza, sin embargo, es un régimen fuerte en lo político, con poco o nulo espacio para la disidencia.
Su supervivencia en gran medida fue posible gracias a aliados externos que durante años lo ayudaron a fondo perdido, primero la Unión Soviética y de forma más reciente Venezuela, incluso se podría decir que México en el tema del combustible.
Pero el segundo mandato de Trump ha generado un escenario complejo para el régimen, porque ha bloqueado todo apoyo posible, primero quitó del poder al presidente de Venezuela,
Nicolás Maduro y cerró la ruta de provisión de petróleo de ese país a Cuba y después obligó a México a dejar de vender o regalar combustible a la isla.
Ello se ha traducido en una crisis energética sin precedentes, zonas completas sin luz, vehículos que no se pueden mover, incapacidad de llevar alimentos y otros insumos a las partes más alejadas de la isla.
Aunque debemos aceptar que la estrategia de los Estados Unidos vulnera gravemente la soberanía de Cuba, lo cierto es que no por ello deja de ser efectiva, porque la crisis energética ha detonado protestas en dicho país, al grado que, en la ciudad de Morón, fueron quemadas las oficinas del Partido Comunista, la formación política hegemónica que mantiene el poder en dicho país, algo que nunca se había visto, lo cual ya demuestra el momento frágil por el que pasa el régimen.
El gran problema de Cuba es que depende de los Estados Unidos para salir de la crisis y no queda claro que Trump vaya a ceder, sobre todo cuando tiene a Marco Rubio como Secretario de Estado, que es de origen cubano, y por tanto, tiene interés especial en que en dicho país se genere un cambio, por lo que cabe preguntarse: ¿está próximo a caer el régimen cubano?
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