Política

Disminución o retención en Sector Salud

  • Vida y Milagros
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  • Verónica Mastretta

Mirando la facilidad con que hoy cambian de piel, de partido, de bando, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda tantos políticos, busqué un libro que leí hace años tratando de entender la raíz psicológica de dichas mudanzas. El libro es la biografía que escribiera Stefan Zweig acerca de Joseph Fouché, el genio tenebroso, el rey de las mutaciones políticas. Bien lo dice Zweig, Fouché fue un genio que no tuvo inconveniente para cambiar de opinión y defender causas opuestas y contradictorias, un experto de los malabarismos políticos apoyado en su conocimiento de la complicada conducta humana y en una extensa red de informantes y espías que fue construyendo con paciencia. Sus armas letales eran sus listas de datos, nombres, errores, vicios, conexiones e información secreta de cientos de personajes de la vida social y política de la Francia de finales del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX. Su otra arma letal era su capacidad camaleónica para cambiar de disfraz y de bando con una habilidad digna de un mago. Su secreto para sobrevivir fue su gusto por trabajar bajo las sombras, su desdén por el protagonismo y su absoluta falta de ética y convicciones. Fue el rey de las sombras y la traición perfecta, dicho por otros genios políticos que convivieron con él, como Robespierre, Barras, Napoleón o Talleyrand. Todos usaron sus dotes para sus propios fines, todos desearon su muerte, pero por diferentes circunstancias y la habilidad de Fouché, no pudieron acabar con él.

Zweig explica en el prefacio de su libro por qué eligió escribir sobre él, y nos dice que no lo hace por pensar que se trata de alguien admirable, sino más bien porque le parece el ejemplar perfecto para describir al político inmoral. Zweig lo que hace es describirnos a un monstruo, capaz de salir de los sótanos y cámaras de tortura de las cárceles, para luego dirigirse a cenar pacíficamente con su familia. Fouché se dio el lujo de ser un excelente y amoroso padre de familia. Zweig escoge a Fouché como prototipo de las personas que influyen muchísimo más de lo que muestran las apariencias en el curso de los acontecimientos de una época, ejemplos elocuentes de la maldad, ingratitud y mezquindad que a veces caracterizan a los seres humanos. Desde un aparente protagonismo de segunda fila, de un oscuro actor de reparto, en realidad Fouché interpretó un papel capital durante los 25 años de uno de los periodos más tormentosos de la historia de Francia. La biografía de este hombre es un tratado de ciencia política con doctorado en maquiavelismo. Se le considera el fundador del espionaje moderno. Odiaba los discursos y el protagonismo abierto tanto como amaba manipular los hilos de la política con movimientos silenciosos e inapreciables a simple vista. No le interesaba ostentar cargos sino ostentar poder.

Joseph Fouché (1759-1820) hijo de una humilde familia de marinos pescadores , fue uno de los personajes más controvertidos de la revolución francesa y la época del imperio napoleónico . Cuesta trabajo imaginar que el mismo hombre, con la misma piel y su pálida cara, de condición enfermiza y endeble, era en 1790 devoto profesor en un seminario, en 1792 un saqueador de iglesias, en 1793, un jacobino activo y rabioso de la época del terror que encabezara Robespierre, en la que poco a poco empezó a formar su red de espionaje y contactos. Al caer Robespierre, por su colaboración en esa etapa tuvo que esconderse y vivir en la pobreza por tres años, pero usando su habilidad política se ganó la confianza de Barras, al que ayudó para evitar que el gobierno del Directorio fuera derrocado. Gracias a eso recibió una amnistía que le permitió empezar a trabajar como agente diplomático, hasta que llegó a ser director de la Policía del Directorio. En poco tiempo ya era un muy rico gracias al uso abusivo y discrecional de los permisos de giros negros. Este hombre al que le gustaba el bajo perfil político y social, era en el fondo un profundo amante del dinero.

Hipócrita, tenebroso y maquiavélico, empezó siendo monárquico moderado, pero cuando hizo falta, se mudó sin ningún resquemor al movimiento revolucionario y llegó a ser un importante jacobino que acabó votando a favor de la muerte de Luis XVI y María Antonieta. Cuando alguien recordó su pasado monárquico y sintiéndose amenazado por Robespierre, fue el responsable de sangrientas matanzas en la ciudad de Lyon para demostrar con celo que era confiable, logrando así ganarse el respeto del temido Robespierre, “el incorruptible”, aunque después participaría activamente en 1794 en la conspiración para derrocarlo.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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