Este domingo se celebró el Día Mundial del Agua, un día para crear conciencia sobre la crisis que millones de personas viven para obtener agua potable y para buscar soluciones sostenibles a largo plazo. El agua como bien de primera necesidad y derecho humano debe ser prioridad para todo gobierno, empresa y persona. Llegamos a ese día frente a un panorama seco, con colonias con agua restringida, problemas de gestión en Agua y Drenaje, y con una cultura muy pobre de ahorro y cuidado.
Pareciera que nos salvamos de la crisis que vivimos en el 2022, la más severa en 30 años. Pero en realidad sólo se solucionó la emergencia, no la crisis, gracias a las lluvias del 2024 que llenaron las presas, no por políticas de fondo.
Nos enfrentamos a un crecimiento acelerado de la Zona Metropolitana de Monterrey, con servicios públicos ineficientes, siendo el agua uno de los más críticos. Según el Plan Hídrico de NL 2050, sólo el 25% del consumo corresponde a personas, mientras que el 75% es agrícola e industrial, por lo que la falta de tecnología, compromiso empresarial, nueva infraestructura y políticas más responsables siguen siendo insuficientes.
Las crisis de agua que hemos vivido parecieran cíclicas, así como es la naturaleza, pero como ciudad avanzada, industrial, universitaria y con tantos liderazgos no deberíamos seguir en una crisis permanente. El servicio del agua debería de resistir los retos del cambio climático, donde tenemos que usar más tecnología, modificar el modo de tratarla y consumirla. En definitiva necesitamos un cambio de mentalidad en relación al agua.
Durante el 2025, las lluvias fueron más bajas que el promedio, al igual que el arranque de este año, y aunque se esperan lluvias por encima del promedio en abril y mayo, según Conagua no podemos seguir esperando a “la naturaleza” para solucionar la crisis. Las autoridades indican que hay seguridad del suministro de agua para este verano, y las cifras de las presas respaldan esa información, pero pensar para el verano es de miras cortas.
No hay agua. No es ser pesimista, es saber que el agua se encuentra bajo amenaza, mientras no cambiemos la forma de cuidarla, tratarla y consumirla. El tiempo corre y el agua también.