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Domingo , 17.02.2019 / 08:26 Hoy

Vesperal

‘Gómez de Mendiola, gobernador y obispo’

Tomás de Híjar Ornelas

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Al mediodía de este 15 de enero del 2019 un copioso número de niños y adolescentes se dieron cita en la Catedral de Guadalajara para tomar parte en la misa solemne con la que se recordó el medio milenio del nacimiento del tercer obispo de esta sede episcopal, Francisco Gómez de Mendiola, que la gobernó un lustro, de 1571 a 1576.

Encabezó el acto el arzobispo emérito de Oaxaca, José Luis Chávez Botello, el cual enfatizó algunos de los elementos biográficos del mitrado difunto, del que resulta especialmente notorio que cuando fue presentado para la encomienda eclesiástica que asumió hasta su muerte era, además de laico, el representante supremo de la autoridad civil en el territorio que entonces se denominaba la Nueva Galicia: era Alcalde Mayor y Oidor de la Real Audiencia de ese reino.

Que Felipe II hubiera propuesto al Papa, en 1571, un laico para ocupar esa encomienda no era en el Nuevo Mundo algo inédito, pues tal cosa pasó con otro oidor, de la Real Audiencia de México, don Vasco de Quiroga, presentado como primer obispo de Michoacán en 1536, diócesis de la que se desmembró en 1548 la de Compostela, que luego habrá de llamarse de Guadalajara.

Lo que sí resulta curioso es que quienes le pidieron al monarca tal cosa fueron los representantes neogallegos de la Iglesia y del Estado a modo de compensación de una gestión episcopal calificada por el historiador Ignacio Dávila Garibi como la más tormentosa, la del franciscano Pedro de Ayala.

También, que haya sido Gómez de Mendiola el que echó por acá las bases de la educación femenina y media superior, pues al tiempo de aceptar la encomienda que se le hizo, donó el lugar donde residía para que se estableciera allí la primera escuela para mujeres que hubo en la ciudad, el colegio de Santa Catalina de Siena, ubicado donde hoy se alza el mercado Corona, e invitó igualmente a los primeros religiosos jesuitas que arribaron a Guadalajara en una visita que servirá de antecedente para su arribo definitivo, una década después, cuando aceptaron hacerse cargo de la educación media superior, que atendieron en el colegio de Santo Tomás de Aquino, del que serán expulsados en 1767.

Gómez de Mendiola murió en la ciudad de Zacatecas el 23 de abril de 1576, a la edad de 57 años, donde practicaba la visita pastoral, y allá fue sepultado. Cuando se exhumaron sus restos, 30 años después, su cadáver se encontró incorrupto. En 1714 se le trasladó a Guadalajara y allí se conserva, en la cripta catedralicia, en un féretro suspendido en el muro.

Una calle y un colegio perpetúan la memoria de quien nació en Valladolid el 15 de enero de 1519, comarca de la que también fue oriundo otro obispo benefactor de los tapatíos y en vías de canonización, fray Antonio Alcalde.

Como filántropo y como promotor de la educación, la memoria del obispo Gómez de Mendiola ha traspasado la barrera del tiempo.

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