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Según las nuevas medidas de higiene pública, ya no se podrá mentir, pero tampoco decir la verdad. Será necesario, además, que se distinga explícitamente entre una opinión y una noticia, y no deberán tergiversarse, manipularse, los datos históricos; establecerse comparaciones impropias, perversas, por ejemplo, entre algún dictador del pasado y una figura popular, muy democrática, del presente. Supongo que las burlas o las ironías se mirarán con suspicacia. El brillo de los bordes de las botas de Stalin en el poema de Mandelstam y sus consecuencias definitivas serán —para mí— un recordatorio de lo que ocurre en los extremos, donde dejan de existir lenguajes o misterios indescifrables. Cuando Ella dice “imagínense” o dice “no hay ni habrá censura” o dice, más amenazante, “si quisiéramos censurarlos, ya lo estaríamos haciendo” no está jugando: es una persona seria, estudiosa, literal. En su recinto de múltiples ventanas y techos altos, no abundan las metáforas, los matices: solo cifras, gráficas, algunos lineamientos. Los detalles atribuibles a los pueblos originarios en los atuendos de Ella son homenajes culturales, no apropiaciones. Los entiendo y los tomo al pie de la letra. No soy combativa. No soy desobediente. No soy disidente. Si engañan las apariencias, pienso en las formas de inicio: ¿dónde las puse? Objetos, sujetos. En el cajón de mi escritorio guardo las instrucciones. Lo que hace la mano derecha también lo hace la mano izquierda, aunque con astucia humanista. Se llama aforismo, guiño. Se llama ingenio frente a una audiencia agradecida.

A la puerta de mi casa llegan a diario dos medios impresos. A uno lo denomino “órgano oficial”; al otro “órgano opositor”. Cómo se justifican o se critican las nuevas medidas de higiene pública será motivo de mis análisis cotidianos. En el órgano oficial las caricaturas indican el tono de la campaña política: si el texto se repite en cada ilustración es por razones pedagógicas. La idea “subliminal” ha de ser que la gente, siempre con prisa, quizá no tenga tiempo de leer los artículos; sin embargo, verá los dibujos chistosos: adversarios y adversarias distorsionados, rayas y manchones de tinta, muecas, harapos negros. La risa seduce. Yo armo chistes a mis expensas. O cuento anécdotas donde salgo mal parada. Las piedras que pone Ella en las instalaciones del futuro, las pongo yo en mi camino para tropezarme. Soy tristemente analógica.

Pero no pierdo de vista lo sagrado que, explica Paz en El arco y la lira “es una experiencia revulsiva… un echar afuera lo interior y secreto, un mostrar las entrañas”. Hölderlin podría ser el poeta de sus definiciones sublimes. Cuando estuvo internado en la clínica de Tubinga, de septiembre de 1806 a mayo de 1807, le ponían sobre la cara una máscara de cuero durante sus crisis de delirio, con huecos para los ojos y la nariz: “la boca quedaba cerrada mediante una almohadilla rellena de pelos de corzo”. El objetivo era lograr que la cortesía fuera silenciosa.


AQ / MCB

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Tedi López Mills
  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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