Cultura

Mesa 1

En una de las páginas iniciales de su libro Koljós Emmanuel Carrère se cura en salud anunciando que él es “parte de esa gente, cada vez más numerosa, convencida de que nos aproximamos a una catástrofe histórica sin precedentes, el desmoronamiento de nuestra civilización si uno es optimista y, si uno es pesimista, la extinción de nuestra especie. Si es cierto, si de veras está sucediendo eso, ¿qué sentido tiene escribir sobre cualquier otra cosa?” Carrère enumera algunos de los peligros más visibles: la crisis ecológica y migratoria, la invasión de la inteligencia artificial, el declive de la democracia. Junto a desastres de tal magnitud, los relatos individuales, las experiencias personales, se reducen a meras frivolidades. No obstante, Carrère prosigue con su tarea: a fin de cuentas, la historia de su madre, de su familia, se sumará a la de la Unión Soviética, Francia, Rusia, Ucrania. El anuncio le permite expiar eficazmente su mala conciencia por distraerse del apocalipsis y comunicarnos a nosotros, sus lectores y lectoras, que ejercer su oficio de escritor significa añadirle algo benéfico a este mundo al borde del abismo: un testimonio más de su caída.

Guardadas todas las distancias, entiendo la incomodidad o la duplicidad. Un amigo activista me reclama con frecuencia mi falta de compromiso con hechos urgentes como el calentamiento global, los populismos de derecha y de izquierda, la violencia, los feminicidios, Gaza, la sequía, etcétera, y me echa en cara que me demore en los temas diminutos y mezquinos de mi vida diaria o en asuntos incomprensibles como las lecturas de poesía en voz alta. Suelo no responderle, primero, porque su exaltación me parece abusiva y, segundo, porque no sabría hacerlo con un mínimo de objetividad y sin justificarme usando el argumento ya tedioso de que la expresión pública de la solidaridad sirve también para promoverse, por más que no sea ese el propósito. Sé que la discreción no equivale a valentía y contiene una dosis considerable de arrogancia. Pero diría en mi descargo que el problema es moral: cómo reconstituir con mis propias palabras el contexto de las pérdidas y evitar de paso los tintes ideológicos, los artículos de fe que se usan para demostrar la pureza de los buenos sentimientos o la sensatez del escepticismo.

En la batalla de las causas justas puede haber acoso: si no escribes o hablas en mi nombre, nuestro nombre, no existes o perteneces a un bando contrario. Las lecturas de poesía en voz alta se convierten seguido en zonas de denuncia y, cuando predomina una atmósfera política, es difícil cambiar el registro sin que el público se aburra o se desanime; leer, por ejemplo, un poema conceptual cuya trama no corresponde a nada identificable o un poema paisajista donde el árbol o el río sugieren parábolas cuyo mensaje sutil apenas se percibe. Aunque nunca es tan simple. Leídos con suficiente convicción y dominio escénico, poemas normales, adecuados, se oyen como acontecimientos. ¿Lo serán?


AQ / MCB

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Tedi López Mills
  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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