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Sábado , 23.02.2019 / 02:55 Hoy

Estado fallido

Yalitza y el derecho de disentir

Susana Moscatel

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“¿Me vas a odiar si te digo que me aburrí viendo Roma?”, me preguntó un amigo y colega norteamericano en un evento de prensa previo al Oscar. “Noooo. ¿Pero cuéntame por qué?” Me ganó la curiosidad. El es un crítico de cine, pero uno bastante alivianado, no va aventando ni lecciones de vida ni perlas de su “superior inteligencia” como muchos intentan hacer en este negocio.

“Pues la verdad es que aprecio muchísimo la dirección de arte y varios aspectos de la producción”, me dijo tentativamente. Pero luego lo soltó: “Pero no entiendo por qué ella está nominada al Oscar, si tiene toda la película la misma expresión”.

Tuve que soltar una carcajada antes de preguntarle, “¿Y cómo te fue cuando publicaste eso?” Y él, un poco apenado y tratando de no meterle demasiado énfasis a las palabras me dijo: “Pues me llegaron varios mensajes diciendo que soy racista”. Tuve que reír un poco más, sobre todo por su cara de confusión al respecto. ¿Les comenté que mi amigo es afroamericano? Ese no es un calificativo que le avientan todos los días. Pero luego lo consolé, diciéndole que no estaba solo.

Y por lo mismo, con esto en mente le pregunté a algunas compañeras del medio nacional, “¿Les gustó Roma?” A algunas sí, a otras no. “¿Y lo dirían en sus redes sociales?” Varias me dirían que preferirían evitarse los insultos. Que no valía la pena. ¡Qué cosa!

Miren, yo soy de las que aman la película. Vi demasiadas cosas que me movieron emocionalmente como para que no lo hiciera. Y no sé si la actuación de Yalitza es realmente porque es la “actriz natural” como todos la llaman o si es un testamento más al imparable talento de Alfonso Cuarón. Pero me llevó a donde debía. Pero eso no implica que no me preocupe que estos días, decir cualquier cosa que suene a una crítica contra el personaje de Cleo, es suficiente justificación para hacer una serie de juicios de valor tremendos contra la gente. Por supuesto, no me refiero a gente con la experiencia de Laura Zapata, quien tiene que saber que decirle “fea” a esta mujer que a tantos nos enterneció y enamoró es solo una manera de aparecer en titulares. ¿De verdad aún hay quien quiere eso? Y menos me refiero a una Niurka, que compró ese pleito y ahora le anda dando consejos a Yalitza respecto a que goce el hecho de que hablen mal de ella. ¡Como si se dedicaran a lo mismo!

De verdad que estamos bastante dañados como para encontrarnos con un fenómeno tan hermoso, una historia tan improbable de éxito, y convertirla en pretexto para más chismes y guerra. Pero peor aún está la condescendencia de quienes creen que están protegiendo a la nominada al Oscar, como si ella misma no pudiera hacerlo. Como si se le tuviera que tratar como una flor delicada ante cualquier crítica (sana) y por lo tanto sienten la necesidad de armar ejércitos virtuales para salir a matar a quien diga cualquier cosa que no sea, “esta mujer debe tener el Oscar”. Todas esas cosas nada tienen que ver con Yalitza. Ella está y estará a toda madre. Tiene que ver con nuestra extraña necesidad de buscar guerras con quien sea que piense distinto a nosotros.

susana.moscatel@milenio.com

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