Steven Spielberg lo dijo: “Todo empezó en 2017, con el reporte de The New York Times sobre el llamado Tic Tac, captado por un F/A-18 de la Marina frente a la costa de San Diego. Y cuando vi esa imagen, cuando el mundo la vio, me di cuenta de que tal vez había una nueva manera de contar una historia”.
Sí, él está hablando de su cinta más reciente, El día de la revelación. Pero apunta a hechos concretos y contundentes que van más allá de las teorías de la conspiración.
Habla de personas serias que están poniendo en juego sus trabajos, carreras políticas y, en ciertos casos —ellos aseguran— sus vidas. Personas con altísimo nivel de acceso en el gobierno de Estados Unidos que han investigado y documentado fenómenos que ya parecen imposibles de ningunear sin hacer preguntas más serias.
Hay demasiados testimonios, videos y documentos oficiales sobre objetos en el cielo —¿y en el mar?— como para seguir despachando el tema con una carcajada automática.
La cinta de Spielberg no es un documental. Hace unos meses se presentó The Age of Disclosure —La era de la revelación— en el festival SXSW, y ese sí es un documental, en el cual Dan Farah pone toda esta información sobre la mesa. Información que está siendo revelada en pequeños fragmentos borrosos por el gobierno de Estados Unidos, ante la presión de legisladores y exfuncionarios que exigen mayor transparencia. Véanlo, está en renta.
Luego díganme si la historia que decidió contar el más grande de los narradores cinematográficos de todos los tiempos, en este momento, de este modo y con ese título, sólo es una ocurrencia.
Porque algo está pasando —no sabemos bien qué— y no veo mejor manera de prepararnos que a través del hombre que nos trajo Encuentros cercanos del tercer tipo. Lo digo con la esperanza de que las revelaciones se parezcan más a E.T. en tono que a La guerra de los mundos.