Habita el mapa nocturno de su deseo eróticopoético. Conversábamos ayer en Eje 1 esquina con Alzate. Al amparo de la tarde riberiana recordó cuando tenía 12 años. Ema, su maestra de Español en la Secundaria #10 (Colegio Teresiano, Mixcoac, Goya #34), inspiró al poeta Juan Carlos Bautista. La última vez que la vió se cruzó con ella en la calle, una viejecita, él de 33 años, la reconoció, acompañada de su hijo, recibió la noticia: formó a un poeta, escritor, activista, a un periodista fiero de crónicas místicas anárquicas. Nigromante de fuego de la noche de Cuba, gracias a su madre, a Ema y al mundo interno asombroso que posee desde niño, conjuró poemas. Los ojos de Juan Carlos, sus manos, su profundidad alegre, su ser en calma, ese rostro apuesto como su Lied, bellísimo Ganimedes nacido en Tonalá, Chiapas. En la prepa 8 declamó algo que escribió en su taller de Creación Literaria, ganó el concurso escolar con su poema: “Me he permitido vivir”, el aplauso rabioso impactó a ese niño solitario, que no jugaba, se encerraba en su cuarto con libros. Dibujaba entre ficciones y anhelos. Los geranios rojos le fascinan, olor que le devuelve su niñez. Su madre tenía geranios rojos. En su nuevo libro, Loca de Antes, editado por la sensual editorial Tierras Raras, en su colección Redada de Mujercitos, con el prólogo del poeta Luis Antonio de Villena, en un poema narra su profunda conexión con ella y los geranios. Carne, noche, banquetas, fluidos, oscuridad, el cuerpo nocturno como territorio. No idealiza nada ni a nadie, nada moralizante existe en su escritura ni en su persona, idilio pleno de SEXUS con el lenguaje, su brutal grandeza reside ahí. Hace 2 días presentó Loca de Antes en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Bautista pisa el mármol y el piso pegajoso de semen de un cuarto oscuro con la misma elegancia. Su escritura es cicatriz abierta, látigo en los ojos de los que se creen santos o “buenas personas”, somos callejones oscuros, él lo sabe y nos abre en canal con su bisturí de lengua en erección que se atreve a nombrar todo sin pedir perdón a nadie. Los que piensan que escribir la noche real de esta ciudad es “marginal”, zafios, pobres limítrofes del gozo. Góngora, más de una gola le hubiera dado/regalado. No tengo duda, la Plath hubiera compartido con él algunos amantes, mientras su esposo piadoso Ted gimoteaba malos versos.
Poema falo/deseo. Llamas “guarrada” a la “elipsis suprema de un dandy”, ¿qué hubiera pasado si le hubieran prestado el medallón de Sor Juana a Víctor, Juan Carlos y a Sórdida aquella tarde en Zéfiro? maybe estaría en una vitrina en la esquina de Cuba con el 57 o mejor aún: en el cuello o calzón de un delicioso chacal de los antros de La Merced o de una lésbica fantasmal bailando en el extinto 33. Juan Carlos Bautista es the new cánon, los únicos que no lo entienden, como siempre, son los rancios and rancias que no son writers, ni poetas, ni nada.