Política

Geles: el pétreo deseo

El escultor es un taxón extraño, nos faltan ojos para entender que nada es cotidiano, instalado en un vórtice adormecido nadie puede asombrarse de la existencia. Sin asombro no existe nada. Las fracturas de la rutina son las que nos permiten ser. Me asombra todo, el café Shot escondido en el 178 de Uruguay que tiene su propio molino, se combina el drama obscuro del espresso con la dulzura de un alfajor/maicena/vainilla, me asombran los diableros sin camisa cuyos lomos al sol nos recuerdan que aquí se trabaja muy duro, el milagro de las pulquerías clandestinas con puertas secretas, obscuras, paredes de adobe, en las que beben obreros hasta quedarse dormidos en sillas de plástico invencibles después de beberse unos litros de leche de maguey. Y sueñan, entre cumbias tristes, risas o el llanto del padre que sostiene el volante de su hija desaparecida. La tranquilidad la establecemos nosotros dentro del caos de nuestra cabeza que jamás es la misma. No es poco llegar a una edad centenaria, es muy subversivo decir que las piedras no cantan cuando las esculpes. El interés por las piedras de la escultora Geles Cabrera (1926) nació de las ruinas, de las excavaciones en las que trabajaba su abuelo. Rosario Cabrera, pintora, tía de Geles, inspiró a esta artista sin comparación, ella abrió esa puerta cerrada para las mujeres: ser escultora. La primera escultora mexicana en exponer su obra en el extranjero en 1949. Lo logró escribiéndoles, pidiendo exponer su obra, autónoma, libertaria, radical. Fundó su propio museo en 1966 en la calle de Xicoténcatl en Coyoacán, durante cuarenta años apostó por el asombro, en ese lugar las obras podían ser tocadas, no tenían fichas, alguna vez en una exposición se desnudó la poeta Pita Amor. Cabrera es una especie de cronista del sedimento. En su juventud dominaba el arte nacionalista, rompió la tradición dando vida a cuerpos pétreos, deseantes. Las piedras más recurrentes en su obra: piedra volcánica y xaltocan, llamada así por un municipio en Tlaxcala llamado San Martín Xaltocan, la palabra en náhuatl significa: “sembradores de arena”, “arenal de arañas”. La fachada del Munal en Tacuba está hecha de este material. El sedimento transmutado en cuerpos antropomorfos, embrionarios, pausados…afirmación de que el cuerpo no es algo ajeno a la naturaleza, el cuerpo como extensión en plenitud de secretas transmutaciones, en sus esculturas los cuerpos que se expanden o retraen en una metamorfósis infinita, la roca es su piel. Talla directa, la arista escondida en la rugosidad. No hay cuerpos etéreos, su erótica es voluminosa, cuerpos emocionales que encierran secretos, ancestrales, desafían la fragilidad de la “belleza” hegemónica. Exploró la concavidad, el vacío en contraste con la escultura de bloques sólidos. Los cronistas, taxón rarísimo dentro del periodismo y literatura, servimos para más de lo que se cree…estoy perdida en la Guerrero, buscando la fábrica de papel maché del abuelo de Geles. _

* Escritora. Autora de la novela Señorita Vodka (Tusquets)


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Susana Iglesias
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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