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Sábado , 20.04.2019 / 17:53 Hoy

Negocios en Movimiento

Pellizcando el poder

Sergio Luis Naumov

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Ahora hablaremos de ese a quien comúnmente le llamamos “El poder” y en la mayoría de las ocasiones lo confundimos con “La autoridad”, pues esta última es “el derecho que una posición determinada en la empresa le da a su ocupante”. Esta podría ser una definición correcta porque cada posición tiene responsabilidades, obligaciones qué cumplir y derechos que ejercer, ¿no lo es así? Pues es el cuadro completo: sin estos tres elementos, una posición y su jerarquía, la que le corresponda en la estructura organizacional, estaría nula o no debería existir, porque no se puede tener responsabilidad si no se tienen obligaciones, y no podemos tener obligaciones si no se nos confiere un derecho de exigir a otros que hagan o no hagan en sus acciones, dependan o no de esa posición. Esto es importante concebirlo y entenderlo: no es jefe solo el que tiene colaboradores a su cargo. Jefe por así decirlo es quien tiene estos tres elementos implícitos en la posición que ocupa, y será: asistente, auxiliar operador u otro nombre si solo tiene uno o dos de esos elementos, como responsabilidad y obligación de hacer las cosas, es solo un puesto sin autoridad.

Pero, ¿y el poder? ¿Dónde queda? Este es diferente: podemos definirlo como “la habilidad no necesariamente formal que una persona tiene de ejercer influencia de cualquier tipo sobre otras personas, para lograr un fin común o individual”, y sus fuentes pueden ser diversas, que alguien tenga poder por la influencia que tenga, por sus conocimientos, por sus habilidades de manipulación, porque causan temor a los demás, o por simplemente ejercer su autoridad exageradamente o fuera de control, entonces las personas que son ávidas de tener PODER no necesariamente lo tienen si lo adquieren por las razones antes mencionadas, y es cuando probablemente comiencen los problemas de confundirse de tener quizás una autoridad nula, pero un poder fuerte sobre los demás, y esas fronteras son a las que llamo “El pellizco del poder” porque no es puro, no lo avala la autoridad que la posición confiere. El ocupante rebasa su autoridad, y entonces esta distorsión se convierte en EL PODEROSO E INTOCABLE. Qué complejo, ¿no? Pues no solo hay pellizcos, sino atropellos y desencantos.

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