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Martes , 19.03.2019 / 04:56 Hoy

Negocios en Movimiento

Paredes que escuchan... ah, y hablan

Sergio Luis Naumov

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Siempre se ha dicho que las paredes escuchan, y las personas que se secretean dentro de un cuarto, piensan que esas paredes que los rodean y resguardan los van a traicionar tarde o temprano, ¿y qué creen? Pues puede que tengan razón.

Desde que el hombre comenzó a vivir en cuevas, posteriormente en casas, castillos, hasta los hoteles y las endebles casas de campañas, todo lo que ahí sucede queda grabadito en sus paredes, pues las resonancias y los ecos ahí están, no se han ido, entonces podremos imaginar, muchas cosas:

José se encontraba solo leyendo un libro a la luz de las veladoras, allá en el año de los 1700; de repente, la pared de su habitación comenzó a hablarle: “José, ¿qué cuentas?” Pensó que se había vuelto loco, era una voz ronca. “¿Quién eres?” le respondió. “¡La pared! quien te cuida; pues estoy muy triste pues Fidencio, tu papá, aquí planeó ayer con tus hermanos que te iba a desheredar por ser el más flojo e irresponsable”.

300 años después, Pablo se encontraba solo en la sala de juntas de su empresa, esperaba a su jefe y compañeros, iba a ser una reunión importante; de repente una de las paredes le comentó: “pss, pss, el nombramiento del nuevo director no serás tú, se lo darán a César el nuevo, ayer estuvieron conversando al respecto en esta misma sala.

“Cuidado, ahí viene el jefe, ya sabes que habla como perico; cállate, las paredes escuchan”. “Oye”, le dijo la pared de tapiz de tela al jefe, “estos piensan que pierdes el tiempo porque dices puras tonterías”.

En otra escena, las paredes del comedor de aquella vieja casa comenzaron a platicar entre ellas; una, la más vieja, que era de piedra, inició a chismear con la que estaba hecha de block: “los dueños de esta casa escondieron el dinero en mí, hicieron un compartimiento secreto, mira”; le respondió la otra: “y los míos escondieron entre mis blocks cartas en donde designaban a su sobrino Pánfilo el heredero universal de su fortuna y negocios, mismas que Felipe el hijo mayor, escondió entre mis muros”; la pared de ladrillo respondió: “pues se los diré ahora”. En ese momento entraron todos los primos, y por arte de magia escucharon la conversación. Entre alegatos, dimes y diretes, el primo tomó las riendas de los negocios y las propiedades.

Bueno, y tratándose de infidelidades, las paredes puedes ser muy comunicativas, así como de los grupitos que hablan contra los demás, las paredes pueden decírselo; más les vale que no platiquen nada que los pueda comprometer dentro de un cuarto, pues esas conspiraciones pueden ser tramitadas sin problema por las paredes, e incluso de ¡quienes estén detrás de ellas!

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