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Viernes , 22.03.2019 / 01:00 Hoy

Negocios en Movimiento

La caja registradora

Sergio Luis Naumov

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Un restaurantero, desesperado porque su registradora / computadora se descompuso, volvió a sacar de sus triques viejos una caja registradora, viejita pero funcional. 

Se preguntó “claro, ¿por qué no?” La tuvo que llenar de billetes y de monedas, empezando por los de $500 y finalizando por los de $50; posteriormente la morralla, o sea las monedas, comenzando por las de $10 y finalizando con las de 20 centavos.

Don Claudio estaba listo, antes de abrir el negocio, una mañana bella de domingo. 

Comenzó con los desayunos, llegaron las parejas, y pidieron lo tradicional; a la hora del pago, los clientes quisieron pagar con tarjeta de crédito. 

La caja registradora se dio cuenta que Claudio no sabía qué hacer, tenía dinero, pero este ya no circulaba como hace 30 años o más en que la caja dejó de funcionar; la caja escuchó que los señores murmuraban del dueño “Qué obsoleto está, como que todavía no tiene una computadora y ¿ni tarjeta? Qué bárbaro, qué atrasado, ¡no volvemos!” Tuvo que solicitar permiso a la empresa bancaria y utilizar la máquina de planchado de tarjeta, ¿la recuerdan? Ni propina le dejaron los mal agradecidos.

Durante la mañana entraron 10 clientes más o menos, siete se salieron porque no traían dinero en efectivo. 

La caja registradora extrañó aquellas personas que solían meterse en una cafetería a reunirse con sus amigos a conversar; ahora, de las tres personas que se sentaron a consumir solo un café y un vaso de agua, se la pasaron en el teléfono viéndolo y picándole. 

La caja simplemente no entendió ni qué era ese aparato, menos qué hacían tan perdidos en él. 

Al mediodía llegaron ocho mesas con tres personas promedio cada una; en cinco mesas, los comensales sacaron de sus portafolios una computadora, y comenzaron a trabajar o socializar en ella; las personas poco hablaron entre ellas. 

Las de las otras tres mesas se la pasaron en el teléfono, y poco hablaban entre ellas; la caja registradora, muy confundida. 

Por la tarde y después de misa, la caja registradora esperaba que el lugar se llenara de bellas familias integradas; pero al contrario, llegó un montón de jóvenes amigos, y se la pasaron pocos hablando y echando relajo, y la mayoría en su teléfono picándole concentrados. 

La caja estaba sorprendida preguntándose de ¿qué había pasado en todos estos años? Se decía: “¿estoy en otro mundo?, ¿son los nietos de quienes pagaban en efectivo?, ¿dónde están sus padres?, ¿dónde están sus valores?, ¿en qué piensa esta generación?, ¿qué desean hacer en el futuro? Son Z, Y, X, Millennials, Blancos, Grises, ¿QUÉ SON, CARAMBA? Solo escuchó que se hablan con palabras raras.

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