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Domingo , 24.03.2019 / 10:00 Hoy

Columna de Sergio Hernández

Escapemos de las puertas giratorias

Sergio Hernández

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Agradezco a mi paisana Ana Vásquez Colmenares su buena disposición para entrar en materia. Es cierto: sin su actitud y ánimo personal para esta interlocución con el Observatorio Cultural Ciudadano (Ocuc) no habría avances qué esperar para una mejor redefinición de planes y programas de cultura en el estado de Oaxaca. También es cierto que no hay nada más público que reformar la política cultural en una sociedad y una entidad como la nuestra, tan pletórica —al mismo tiempo— de manifestaciones artísticas y de problemas.

Las políticas públicas nos trascienden a ella y a mí, y a quien quiera que desee impulsarlas y mejorarlas en lo individual. Pero la obligación legal, política, administrativa e incluso moral de hacerlo le corresponde, en primer lugar, al gobierno, por ser quien debe tutelar, vigilar y lograr que un derecho constitucional se respete y se cumpla.

Así las cosas, nos entusiasma que se recojan de manera ordenada las conclusiones de las mesas temáticas a las que alude el Plan Estatal de Desarrollo; aplaudimos también el texto declarativo correspondiente al apartado de Cultura y reconocemos el valor de que se cuente con un directorio de los participantes en las mesas.

Nos preocupa, en cambio, que este tipo de avances en los procedimientos se convierta en el eje de una puerta giratoria que, de puro dar vueltas, impida avanzar en el análisis y diagnóstico a fondo, que no se llegue a la toma de decisiones ni haya pasos para comprometerse —todos— a realizar acciones de impulso decisivo a la cultura en nuestro estado.

¿Qué significa que de un presupuesto de 155 millones de pesos, asignados en 2017 a la Secretaría de Cultura de Oaxaca, 93 por ciento se destine al pago de nómina y servicios generales? ¿Es el modelo administrativo de la cultura en nuestro estado una fatalidad irrenunciable? ¿Qué pueden hacer la sociedad y el gobierno, más allá del enunciado de procedimientos, para evitar el vértigo de permanecer eternamente atorados en una puerta giratoria?

Las burocracias son hábiles para crear e inventarse trabajo a sí mismas, limitando y secando literalmente de recursos lo que es su razón de ser: fomentar la cultura. Aunque parezca paradójico, los bienes públicos (tangibles o intangibles, como la cultura) suelen terminar menospreciados y relegados por sus propios custodios.

Es un avance que se proponga lograr un presupuesto para cultura surgido de haber determinado un porcentaje fijo y transparente del presupuesto general del estado, y que en casos de crisis o bonanza los fondos públicos para cultura se ajusten al alza o a la baja.

Una sugerencia desde la sociedad, captada por el Ocuc, es diseñar un sistema de selección de funcionarios de la Secretaría de Cultura estatal, bajo una definición de perfiles preestablecidos, ponerle freno a las tendencias presupuestívoras mediante la reducción de la plantilla administrativa de personal y destinar más recursos a la promoción y al fomento.

Nos sigue preocupando el uso constante de espacios públicos como lo haría cualquier agente inmobiliario, sin mediar razones y explicaciones para ejercer gasto público en predios de dudosa función. Asimismo, la adquisición y colocación de obra plástica sin mediar explicación ni criterio.

En apretada síntesis, en el Ocuc estamos abiertos a continuar la búsqueda, con transparencia y compromiso, de la mejora de procedimientos; sí, pero para avanzar mejor en puntos de fondo, que apunten realmente al diseño de la política cultural, que nos liberen a todos del riesgo de quedar atrapados en la puerta giratoria de las buenas formas y la pura cortesía, que siempre se agradece pero que nunca es suficiente.

*Ganador de la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica, 2006,

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