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Domingo , 24.03.2019 / 00:08 Hoy

Columna de Sergio Hernández

¡Ay, cómo duelen los debates!

Sergio Hernández

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Hay formas del ocio mucho más creativas que ver debates políticos por la televisión. Esa es casi mi única conclusión en estos días de campañas multiplicadas en 12 estados del país, donde la simulación y el fingimiento de los "actores" toma el lugar de un auténtico intercambio de ideas o propuestas entre aspirantes al poder y a la representación pública.

Brujo, brujo, me dicen algunos amigos a quienes les confío mi obvia conclusión y les digo que nuestra política —principalmente desde los partidos políticos— está estancada y no produce propuestas ni debates acordes a las necesidades de los votantes. Seguimos sumidos en la poca trasparencia, la corrupción y la impunidad, casi sin esperanza de que las cosas cambien. Ni tampoco el desánimo y mal humor que generan.

El formato de los debates es anacrónico (otra verdad de Perogrullo). Los debatientes, hijos del miedo a abrirse y discutir, cumplen con las formalidades de un formato cerrado y casi estalinista, sin manejo de datos duros, sin hacer ejercicios comparados que refuercen la relatividad de sus dogmas; hablan a sus anchas, contra reloj y sin fijar una posición y menos un compromiso.

En ningún caso, los y las aspirantes a gobernar aceptaron preguntas concretas de la sociedad civil y eligieron el camino fácil de entenderse entre ellos. O a desentenderse y a descalificarse por principio, simulando que nada juntará al agua y al aceite.

Presupuestívoros, llamó alguien a estos candidatos a devorar presupuestos gubernamentales y a gastarlos casi sin concierto apenas lleguen algunos al poder. Pienso que algo tendrá que cambiar también en México para no depender del gobierno. Si casi la mitad de las personas en cada estado de nuestra República recibe prestaciones del gobierno de diferentes formas: empleo, dádivas, contratos, concesiones económicas y la otra mitad de la población está, en su mayor parte, en la economía informal y el desempleo, es lógico que tras las bambalinas de los debates muchos anticipen cuánto de la derrama presupuestaria puede ir a parar a la caja personal con uno u otro candidato triunfador.

¿Será bueno votar este 5 de junio por quienes no escuchan a los diferentes grupos de la sociedad organizada y siguen con los viejos vicios de verse el ombligo y pensar que son el centro del mundo?

Entre los debates de estos días, hay uno que me interesa particularmente y que tendrá lugar este viernes en Oaxaca. Me interesa porque es mi estado natal, pero más allá, porque Oaxaca es reconocido por su enorme riqueza cultural, proveniente en gran medida de sus diversas y numerosas comunidades indígenas.

Si algún estado de la República podría vivir principalmente de su cultura y de sus manifestaciones artísticas sería Oaxaca, pero el estado en su conjunto sigue sin ofrecer bienestar más que para los mismos de siempre, atrasado en la economía, educación y mucho más en la promoción y fomento de la cultura.

El mejor negocio de un gobierno inteligente en Oaxaca puede ser la cultura de su pueblo. Nuestros políticos suelen impulsar propuestas simples y chabacanas, contrapuestas a nuestra cultura, tradiciones y a nuestra esperanza de vivir en ciudades armónicas, culturalmente atractivas y con expresiones plásticas de la vasta y ancestral cultura de cada pueblo.

El gobierno actual en Oaxaca sumará su parte a la de otros cuatro anteriores y no fue la excepción: 24 años perdidos en cultura, turismo y desarrollo económico y educativo. Nos busca en el mundo un turismo suave, no un turismo depredador como el que ofrecen nuestros próceres al frente del gobierno. Terminan comportándose como especuladores inmobiliarios en favor de grandes especuladores, sin reparar en el valor turístico de la singularidad local, la de las expresiones culturales de cada lugar, la de los pequeños hoteles con arquitectura autóctona y transporte no masivo.

¿Qué podemos esperar de un funcionario responsable del turismo en Oaxaca que presume haber cazado los últimos jaguares que había en los Chimalapas? La alta dosis de subjetividad que admite la apreciación del arte es texto y pretexto frecuente para favorecer intereses de personas y grupos, desde posiciones de gobierno y desde la insensibilidad de sus representantes.

En el Observatorio Cultural Ciudadano (OCUC) pretendemos mostrar que la cultura es uno de los instrumentos idóneos para unir voluntades, para fortalecer identidades y para tratar de reducir la violencia, el mal humor y actuar en pro de mejores oportunidades entre los jóvenes.

No queremos dinero, nuestra presentación es nuestro trabajo, la imaginación y la suma de nuestros nombres, el uso intenso y cuidadoso a la vez de las redes sociales y de los medios a nuestro alcance.

Tenemos nueve propuestas para discutirlas con los responsables de la conducción del gobierno:

1.- Que las oficinas del ramo cultural de los estados se homologuen como tales como secretarías de Cultura.

2.- Que se asigne a la cultura un porcentaje del presupuesto de cada estado.

3.- Que se establezcan consejos tripartitos como órganos directivos en museos, con renovación de sus integrantes cada tres años.

4.- Que se organicen consejos tripartitos estatales para la selección y conservación del patrimonio cultural urbano en las calles, plazas, edificios y demás lugares públicos.

5.- Que se creen centros para la formación, investigación, preservación, desarrollo y difusión de la música.

6.- Que se creen bibliotecas, fonotecas y cinetecas en cada municipio.

7.- Que se establezcan centros para la preservación y difusión del teatro y la danza.

8.- Que se organice la participación social en tareas de recuperación de bosques, ríos, lagos y lagunas de cada entidad.

9.- Que se cuente con un programa de aprendizaje para la promoción y conservación de los valores de la sociedad por medio de la lectura.

Decimos y declaramos, con voces que pretendemos cada vez más audibles: no más abusos desde el poder público con el pretexto de la cultura. Señalaremos manejos violatorios y contrarios a nuestros derechos fundamentales. Ensanchemos los caminos de la rendición de cuentas, la transparencia y la participación.

Defendámonos de la barbarie y la insensatez. Liberémonos de creencias que consideran natural e inamovible la corrupción y el uso abusivo de los puestos públicos como una fatalidad.

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Mail: observatoriociudadanocultural@gmail.com
Facebook: Observatorio ciudadano de cultura-OCUC
Twiter: @obervaccultura

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