Política

#SoyMásQueUnMitoSoyAlita

Alina recuerda muchas cosas del nacimiento de su hija: los primeros momentos, las preguntas, los silencios y la falta de información acompañada de palabras que duelen.

Pero, sobre todo, recuerda algo que ninguna madre debería tener que aprender: que el mundo, como lo conocemos hoy, no está pensado para todos.

Su hija, Alita, como le dicen de cariño, nació con síndrome de Down y, desde entonces, su familia ha descubierto las luchas que millones de familias enfrentan todos los días.

La realidad es que las barreras más grandes no siempre están en las condiciones médicas, sino en la manera en que la sociedad convive —o deja de convivir— con quienes no encajan en los estándares que se consideran “normales”.

Alita, como cualquier niña, tiene una personalidad única. Le gusta bailar y jugar con sus amigos, le gustan los colores brillantes y tiene una risa contagiosa que llena cualquier habitación. Sin embargo, muchas veces la sociedad se queda sólo con la etiqueta.

Por eso, Alina y su familia decidieron decir algo sencillo, pero poderoso: #SoyMásQueUnMitoSoyAlita.

Detrás del diagnóstico de síndrome de Down hay personas con sueños, carácter, talentos y formas propias de vivir y sentir.

El 21 de marzo, se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down y más allá de las campañas, el verdadero reto está en algo mucho más cotidiano: aprender a incluir.

Convivir sin prejuicios, sin miedo y entendiendo que la diversidad no es un problema que corregir, sino una riqueza que reconocer.

Durante mucho tiempo hemos hablado de “grupos vulnerables” como si esa condición estuviera en las personas, cuando la verdadera vulnerabilidad nace de otro lugar: de los entornos que excluyen, de las oportunidades que no llegan, de las estructuras que solo funcionan para quienes encajan en el molde.

La inclusión no se trata de caridad ni de tolerancia: implica rediseñar la forma en la que pensamos la sociedad.

Un mundo que mide el valor de las personas por su capacidad de producir o competir es, inevitablemente, un mundo cruel e injusto.

Alina lo dice de una manera muy sencilla cuando habla de su hija: la inclusión no debería ser vista como un acto de caridad.

El desafío que tenemos es construir un mundo distinto, a partir del amor, la empatía y la información; uno donde ninguna persona tenga que demostrar que merece pertenecer, ser querida, respetada y vivir plenamente.


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Saúl Barrientos
  • Saúl Barrientos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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