Uno se mira al espejo y no siempre se da cuenta de cómo han pasado los años. Hasta que un día toma conciencia del tiempo transcurrido, de quienes se nos adelantaron, de todo lo vivido, de las decisiones que nos trajeron hasta donde estamos y de lo rápido que se nos va la vida.
Algo parecido le está pasando a México.
Durante décadas nos acostumbramos a pensarnos como un país joven. Un país de niños por educar y de jóvenes incorporándose a la vida productiva; pero eso está cambiando.
El INEGI acaba de revelar un dato que debería hacernos pensar: la edad mediana de los mexicanos pasó de 29 años en 2020 a 32 en 2025. El punto que divide a la población en dos mitades avanzó tres años.
Detrás de ese número hay una transformación enorme.
Nacen menos niños, vivimos más tiempo y México comienza a necesitar cosas distintas.
Hay regiones donde disminuye la necesidad de construir escuelas mientras crece la demanda de personal de salud, medicamentos para enfermedades crónicas, hospitales y servicios de cuidado.
Con el tiempo, habrá proporcionalmente menos jóvenes en edad de incorporarse al mercado laboral y más personas que necesitarán seguir trabajando después de los 60 o 65 años. No por gusto, sino porque no podrán darse el lujo de dejar de hacerlo.
Millones de personas más llegarán a la vejez con pensiones insuficientes o sin una pensión contributiva. La pensión universal será cada vez más importante, pero también requerirá más recursos públicos, en un presupuesto que ya enfrenta enormes retos.
Y pensemos en la vivienda. Si hoy comprar una casa es una posibilidad cada vez más lejana para millones de mexicanos, ¿qué pasará cuando lleguen a la vejez? Tendrán que seguir pagando renta, posiblemente con menos ingresos y mayores gastos médicos.
¿Quién cuidará de las personas cuando ya no puedan valerse por sí mismas? Durante generaciones, esa responsabilidad ha recaído principalmente en las familias. Pero las familias son cada vez más pequeñas y no siempre habrá alguien para procurar esos cuidados.
Envejecer no es una mala noticia. Vivir más años es uno de los grandes logros de nuestra sociedad.
México ya está cambiando de edad, aunque muchas de nuestras decisiones sigan pensando en el país joven que estamos dejando de ser.
El problema no es que nos estemos haciendo viejos. El problema es que no estamos preparados para el país que seremos.