Política

El 8.6% que nos da de comer

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Hay datos que uno lee y se le quedan grabados.

El Inegi acaba de publicar uno de ellos en su más reciente Encuesta Intercensal: en México, apenas 8.6% de la población ocupada se dedica directamente a actividades agrícolas, ganaderas, forestales, pesqueras y de caza. Menos de uno de cada diez.

Pocas personas están detrás de algo que todos necesitamos: comer.

En 2020, la proporción era de 9.2%. Cinco años después, bajó a 8.6%. Una diferencia que obliga a preguntarnos qué está pasando con quienes producen los alimentos.

Una posibilidad es que haya menos personas trabajando en el campo porque este se ha vuelto más productivo; que la maquinaria y la tecnología permitan producir más con menos manos.

La otra es muy distinta: que producir haya dejado de ser rentable para muchos.

¿Estamos frente a un campo que necesita menos personas porque produce mejor, o frente a uno en el que cada vez menos pueden mantenerse?

Producir a mayor escala permite repartir mejor los costos de maquinaria, tecnología y logística. Eso vuelve más competitivos a quienes pueden invertir, pero también puede dejar atrás a quienes producen en menor escala y con menos acceso a crédito.

El problema, entonces, ya no es solo cuántas personas permanecen en el campo, sino cuántas podrán seguir haciéndolo.

A eso se suma otro dato: casi 8 de cada 10 productores tienen más de 45 años.

Hablamos de un sector en el que el relevo generacional es cada vez más importante.

El campo puede parecer pequeño en las estadísticas, pero nunca será pequeño en importancia. De él dependen nuestra alimentación, comunidades enteras y la seguridad alimentaria del país.

Abrimos el refrigerador y ahí están los alimentos. Vamos al mercado y encontramos frutas, verduras, carne, huevo. Compramos sin pensar en todo lo que ocurrió antes. Alguien sembró, cuidó y cosechó, crió ganado o salió a pescar.

Por eso preocupa que cada vez sean menos.

México no necesita volver a tener a una enorme proporción de su población en actividades primarias. El reto es que quienes viven de ellas puedan seguir produciendo, invirtiendo y encontrando razones para quedarse; y que los jóvenes puedan ver ahí una opción de futuro.

Que sean menos porque somos más productivos, no porque producir alimentos se haya convertido en una actividad que solo unos cuantos pueden resistir.

Quizá la pregunta no sea cuántos quedan en el campo, sino quiénes pueden quedarse y por cuánto tiempo más.



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Saúl Barrientos
  • Saúl Barrientos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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