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¿Qué pasa cuando la tecnología encuentra un propósito?

A las 5 de la mañana la ciudad comienza a moverse. Se encienden las luces, arrancan los preparativos para el día, se abren las llaves y circulan las personas. Todo funciona debido a la red de decisiones tecnológicas que no vemos y que a veces no conocemos, pero que alguien tomó un tiempo atrás.

La mayoría de las veces no pensamos en ellas… hasta que dejan de funcionar.

Durante mucho tiempo, hablar de tecnología fue casi sinónimo de velocidad, sofisticación y eficiencia, pues cada avance prometía hacer más cosas en menos tiempo, reducir costos o elevar la experiencia del usuario a nuevos niveles. Sin embargo, en medio de un panorama de incertidumbre, presión sobre el uso de los recursos y ciudades cada vez más demandantes, esa definición de tecnología comenzó a dejar cabos sueltos, y esos cabos sueltos hoy se traducen como vulnerabilidad operativa y social.

Hoy la pregunta ya no es qué tan rápido podemos innovar, porque hemos visto que el mundo puede cambiar de un día para otro, sino hacia dónde se está dirigiendo toda esa innovación. El desarrollo tecnológico vive un momento crucial en el que puede continuar alimentando únicamente la evolución permanente a través de nuevos dispositivos, más automatización o más consumo, o bien, puede convertirse en una herramienta que no solo resuelva necesidades estructurales, sino que mejore la calidad de vida de millones de personas.

Cuando la innovación parte de una intención clara de impacto, deja de ser un atributo aspiracional para convertirse en un factor que moldea entornos más habitables, organizaciones más resilientes, comunidades mejor preparadas para el futuro y, en consecuencia, en economías más competitivas.

Pensemos en uno de los recursos fundamentales para la existencia y mantenimiento de cualquier sociedad como la conocemos: el agua potable. En México y América Latina el estrés hídrico ya no es una preocupación lejana, es parte del pensar diario de hogares, gobiernos, empresas y ciudades enteras, especialmente frente a una infraestructura con nuevas necesidades y patrones de consumo poco calculables que ya no pueden adaptarse a la realidad demográfica en la que vivimos.

Frente a este panorama, la tecnología puede jugar dos papeles. El primero, ofrecer soluciones inmediatas que atiendan síntomas superficiales sin entender las causas del problema. El segundo, replantear la manera en que las personas acceden, usan o almacenan el agua para impulsar la innovación en su consumo.

Este último enfoque también redefine el papel del sector privado, pues durante años la rentabilidad fue el único termómetro de desempeño empresarial y hoy, sin dejar de ser un punto fundamental para toda empresa, también debe considerar aspectos como la transparencia, la responsabilidad y la contribución a la solución de problemáticas sociales. Las compañías que logran integrar estas variables descubren algo poderoso: el propósito no destruye la competitividad, la fortalece, porque los mercados ya no premian únicamente la eficiencia, sino la relevancia.

Redefinir el progreso implica aceptar que no toda innovación representa un avance real para la sociedad. Un desarrollo tecnológico será verdaderamente transformador cuando mejore la calidad de vida, amplíe oportunidades y proteja los recursos que sostienen nuestra economía.

Innovar con impacto exige ampliar la visión y no solo asumir. Supone combinar capacidad tecnológica con lectura del entorno, colaboración entre sectores que vayan más allá del retorno inmediato. Implica anticipar riesgos, escuchar a las comunidades que vivirán los resultados y diseñar soluciones que puedan sostenerse en el tiempo. No se trata solo de introducir algo nuevo, sino de asegurar que ese avance genere estabilidad, reduzca vulnerabilidades y abra oportunidades reales de desarrollo.

Porque cuando la tecnología encuentra un propósito, deja de ser solo una mejora funcional para los hogares o los consumidores y se convierte en la base para crear ciudades más habitables, sistemas ergonómicos, economías más sólidas y sociedades mejor preparadas para el mañana.

Y eso, más que una mejora, es una decisión para construir un mejor futuro.


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Rubén Falconi
  • Rubén Falconi
  • Head of Growth Marketing de bebbia
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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