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Rafa Márquez y el Tri: vuelta a empezar

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Otro ciclo. Uno más. De nuevo las expectativas, las ilusiones, las arremetidas de los aficionados, las destempladas críticas de algunos expertos, las descalificaciones, los llamados a la paciencia, las explicaciones, las excusas y, pues sí, la dictadura de los resultados.

Javier Aguirre había hecho incontestables méritos hasta que dispuso que sus pupilos se la pasaran media hora tirando centros contra unos ingleses que son los emperadores del juego aéreo, por no hablar de los futbolistas que no metió a la cancha, con todo y que esas decisiones, tan fáciles de cuestionar desde fuera, no las tomemos los comentaristas ni los aficionados sino un director técnico que sabe perfectamente su negocio.

Ha ocurrido, sin embargo, que las riendas del Tri las han llevado sujetos tan proclives a desafiar el sentido común que cualquier hijo de vecino medianamente informado podía señalar sus morrocotudos yerros.

En lo personal, este escribidor jamás pudo cuadrar en su cabecita el esquema que impuso el señor Juan Carlos Osorio, el colombiano de tan buen verbo, una constante rotación en las alineaciones que contradice, de pies a cabeza, cualquier sistema de juego de equipo.

El término “asociación” comenzó a utilizarse en Inglaterra para diferenciar el futbol de otros deportes en los que se manejaba el balón, el rugby sobre todo, y de ahí se deriva precisamente el nombre de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association) –no muy británico, hay que decirlo y, encima, afincada la sede de la máxima organización futbolística mundial en Zúrich, corazón de la Suiza germana— pero, en lo que toca al proceso de “asociarse”, podríamos decir que de eso mismo se trata el balompié, de que los jugadores se entiendan los unos con los otros a partir de prácticas para consolidar automatismos, no condiciones imprevistas en cada partido.

La repetición pura y dura de los mismos gestos y movimientos es la base de todo aprendizaje corporal y por eso mismo vemos que los tenistas pasan horas enteras trabajando el revés con la raqueta o que un lanzador vuelve a proyectar la bola una y otra vez. Cambiar constantemente de posición a los futbolistas en la cancha rompe totalmente el sistema que necesita un equipo. Pero, bueno, era la receta del referido Juan Carlos Osorio.

Luego llegó otro entrenador, el Tata Martino, provisto el hombre de un gran palmarés. Sus desempeños con el Tri terminaron por ser bastante desastrosos a pesar de esa Copa de Oro de la Concacaf obtenida en 2019. De nuevo, los aficionados nunca pudimos entender sus criterios para alinear a los jugadores.

En fin, tras de fungir como asistente de Aguirre, el gran Rafa Márquez lleva ahora las riendas del equipo nacional. Ha comenzado el camino con dos empates no demasiado deshonrosos y anoche debía comparecer ante el gran juez regional de los aztecas, ese Estados Unidos que tan brillante parecía en el pasado Mundial hasta que se le paró enfrente Bélgica.

Lo dicho, la maquinaria del Tri se ha puesto en marcha de nuevo. Y a ver si esta vez no es lo mismo de siempre…


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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