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Domingo , 24.03.2019 / 16:33 Hoy

Perdón, pero...

Políticos desorientados

Roberto Blancarte

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Si hay algo que el "encuentro" entre Andrés Manuel López Obrador y el papa Francisco pone en evidencia, es la falta de claridad, la ambigüedad y el mero oportunismo de nuestra clase política frente a las cuestiones religiosas. Lo de AMLO es solo la manifestación más cruda de ello, por ser la más populista y, por lo tanto, la más desparpajada, pero no es más que la muestra más clara de la incapacidad de la gran mayoría de nuestros políticos para entender y asumir lo que representa nuestra constitucional laicidad republicana.

El Senado, por ejemplo, dirigido por devotos panistas, pero secundado por igualmente mochos priistas, perredistas, morenistas y miembros de otras fracciones, en cuanto fue enterado de la visita papal, decidió emular a su similar de Estados Unidos, e invitar a una sesión solemne al papa Francisco. Pero como en su confusa e ignorante percepción de las cosas, no había que invitarlo como dirigente religioso, los senadores decidieron hacerlo en tanto que jefe de Estado. El único problema es que el papa no viene a hacer una visita como jefe de Estado, sino un "viaje apostólico". Así que el Senado va a recibir al dirigente de una Iglesia, en un viaje para difundir su doctrina. Lo que los senadores probablemente no saben es que no era necesario disfrazar su invitación, puesto que no hay prohibición específica alguna para que las cámaras reciban a religiosos como invitados especiales. No hay una ruptura de la legalidad, aunque sí de nuestro imaginario laicista, es decir de cómo nos concebimos políticamente.

Pasa lo mismo con AMLO. Es obvio que está en campaña y alguien le recomendó que fuera al Vaticano. No se trató de un encuentro casual en la Audiencia General, porque para poder saludar al papa hay que estar en la primera fila y eso no se consigue fácilmente con las autoridades vaticanas. Pero todo en ese encuentro muestra la ambigüedad del político tabasqueño. No solicitó en efecto una audiencia privada, que quizás habría podido obtener, sino que prefirió hacerlo "en medio" de una Audiencia General, como si fuera algo casual. Luego le regala una medalla de Fray Bartolomé de las Casas, defensor de los indios. Pero junto con ella le recuerda a Francisco en una carta tan torpe como burda, que ha habido papas nefastos en la historia de México. No venía al caso, pero así sus seguidores anticlericales y anticatólicos quedan contentos. Al final, la misiva le hace un guiño al pontífice, tratando de hacer causa común contra "los adinerados" y la pobreza. El problema, insisto, es que AMLO no es más que la muestra más burda de una clase política ignorante e ideológicamente desorientada.

roberto.blancarte@milenio.com

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