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Martes , 19.03.2019 / 02:56 Hoy

Perdón, pero...

La disputa por el arzobispado

Roberto Blancarte

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De manera apenas soterrada, sin que nadie admita su propósito específico, hay una disputa, en este verano lluvioso, por el arzobispado de México. No se trata ya de atacar o respaldar a Norberto Rivera, que ya es historia, probablemente desde aquel enorme regaño del papa Francisco, en plena catedral, a quienes no se peleaban como hombres, es decir a quienes lo hacían mediante embates bajos y golpeadores a sueldo. La reprimenda papal fue vista por la mayoría de los especialistas como una crítica directa al arzobispo de México, Norberto Rivera. Para muchos era también conocido que las posturas del cardenal no eran coincidentes con la pastoral austera y misericordiosa del papa; el arzobispo de México, por el contrario, siempre se ha alineado con las posiciones de aquellos que quieren una Iglesia regañona y castigadora, al mismo tiempo que viven una vida de príncipes, muy alejada de la simplicidad y bondad establecida en los evangelios. Así que el pronóstico no ha cambiado; el cardenal Rivera no durará mucho más al frente del arzobispado. El problema es otro y gira más bien alrededor de la sucesión.

La importancia de la sede arzobispal de México reside en varios aspectos. El primero es su importancia histórica, pues desde el siglo XVI, quien ocupa esa sede es el arzobispo primado de México. Eso no lo hace jefe de ningún otro obispo en el país, pero le otorga una dignidad protocolaria y un prestigio que tienen un peso específico dentro del Episcopado mexicano. La segunda razón de su importancia es que dicho arzobispado tiene una jurisdicción equivalente a Ciudad de México, donde se asientan los poderes federales del país, además de los de la ciudad más poblada y con mayor capital político de la nación. Aquí reside, por lo mismo, buena parte de las dirigencias de las congregaciones religiosas, universidades católicas o con inspiración católica, seminarios y otro tipo de organizaciones políticas, sociales y económicas del país. Así que la disputa, más allá de las cuentas por saldar, no es por el que se va, sino por quién viene. Si Norberto Rivera es criticado, es porque muchos no desean un liderazgo como el que él ejerció. Consideran que fue conservador, prepotente, poco ejemplar y aliado de los peores personajes, como Marcial Maciel. Desean para el futuro a alguien más parecido al papa. Supongo que no es mucho pedir. Habrá que ver qué dice el Vaticano.

roberto.blancarte@milenio.com

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